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La importancia del Entendimiento entre los distintos Actores Sociales para vencer el statu quo actual.

por NICKY ARENBERG, Est. de Derecho, U. de Chile. Secretario General Federación de Estudiantes Judíos.

En estos días, mirar el mainstream noticioso nacional es ver imágenes de violencia y confusión. Estudiantes enfrascados en batallas campales contra carabineros en el centro de Santiago;  incomunicación y conflictos de intereses entre los rectores, los profesores, los estudiantes, los partidos políticos, el parlamento, y el ejecutivo; demandas sociales de diversos sectores que no son oídas a pesar de ser gritadas en las calles; y, en el fondo del asunto, un sistema jurídico-político que simplemente se ha visto sobrepasado por la crisis socio-institucional que nos asola.

Lo que tenemos, en definitiva, es una situación única de desintegración y descoordinación de la fibra misma de la democracia en que las asociaciones voluntarias de la sociedad civil (lo que la Constitución Política de la República llama “cuerpos intermedios”) se están volviendo incompatibles con las esferas del Estado y la Economía. Ahora, lo terrible de esta situación es que mientras arde Roma todos los actores juegan a clamar que el otro es Néron y nadie busca la forma subsanar las falencias que han surgido dentro de  la sociedad en su conjunto.

De lo recién descrito surgen varias cuestiones. La primera es ¿Cuál es el mecanismo en virtud del cual la sociedad se está desintegrando?  Y la respuesta, a mi parecer, es que no son las manifestaciones, ni la represión, ni el lucro, sino que el gran mecanismo de desintegración aquí es el statu quo que existe en nuestro país. Esto porque el statu quo de la sociedad y la estructura jurídico-política que lleva imperando con sus ideas en Chile a lo menos durante los últimos 30 años (y que naturalmente se mantiene con las lógicas internas de esa época) se ha rehusado a cambiar y adaptarse a las nuevas necesidades de las asociaciones voluntarias y los individuos que las componen, deviniendo así en el boiling point  en el que nos encontramos hoy.

La segunda pregunta que surge es ¿Quién tiene la culpa de la crisis actual? Aquí el problema es que la respuesta es algo que todos están buscando y nadie realmente encuentra. Unos dicen que es la Concertación, otros dicen que es el Gobierno, que la Derecha, que la Izquierda, que el Gobierno Militar, que los comunistas, que los fachos, que violentistas ideologizados, que carabineros represores y podría seguir así llenando una lista bastante larga. Pero la verdad es que buscar un culpable, un real responsable, es un ejercicio fútil ya que todos somos culpables, la sociedad civil en su conjunto y la estructura jurídico política son las que han mantenido neciamente el statu quo y que han empujado a todos los actores a la crisis actual de manifestaciones constantes, falta de diálogo y violencia que en este momento está desintegrando nuestra sociedad.

La tercera cuestión, y sin duda la más relevante, es analizar cuál parece ser el camino correcto para subsanar esta desintegración social. Al respecto, lo que se presenta como más evidente es que el desarrollo actual de la crisis social en ningún caso va a llevar a una  solución real al desgaste del statu quo, ya que si todos creen ser dueños de la verdad y nadie escucha al otro, entonces lo único que puede resultar es una agudización del conflicto y una mayor desintegración de la sociedad en su conjunto. Lo que hay que hacer para detener al statu quo como mecanismo de desintegración social es buscar lo que Habermas describía como “la no constreñida, unificadora, fuerza portadora del consenso del discurso argumentativo”. Es decir, que los estudiantes, los rectores, los profesores, el gobierno y los parlamentarios tienen que sentarse, discutir, contraponer ideas de forma racional, respetuosa, sin prejuicios y sin sesgos políticos o ideológicos para encontrar una nuevo statu quo que satisfaga en la mayor medida posible las necesidades y demandas de la sociedad civil, manteniendo la institucionalidad y el marco jurídico-político.

La mutua comprensión y la verdadera empatía social son los primeros pasos para poder lograr una democracia real y adecuada para el siglo XXI. El momento de entendernos es ahora, las oportunidades de fundar un nuevo orden social en una sociedad que avance hacia el desarrollo de sus individuos están sobre la mesa.

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