editorial

Comunidad

La globalización ha traído la Guerra de Independencia del espacio físico del capital, el cual pasea libremente sin límites geográficos, sin el control de políticas estatales, y mucho menos, sin pensar en las consecuencias del lugar que invierte/explota cuando se retira volando, dejando desempleo, pobreza y pueblos fantasmas.

El fin de la geografía elimina también las posibilidades de definir límites donde reconocerme con el otro, con lo distinto. Las distancias ya no son relevantes. Sin ellas, no se puede dar la oposición cercano/lejano, y desde ésta, certeza/incertidumbre y confianza/vacilación. De estas oposiciones nace la Comunidad, de reconocerme y organizarme con mis cercanos, y de distinguirme e identificarme de mis lejanos.

El fin de las distancias supone necesariamente el fin de la Comunidad y la proximidad de las relaciones que generaba. Los enfrentamientos ya no son cara a cara, los combates ya no son cuerpo a cuerpo, ya no se trabaja hombro a hombro, los amigos ya no van brazo con brazo. El espacio se ha emancipado del cuerpo humano, y por ende también el capital, que hoy depende de un centro de poder etéreo y omniprescente.

Es hora de revisar el carácter más profundo y relevante de los vínculos sociales que estamos construyendo, pero no los virtuales. Las redes sociales on line no combaten la soledad, solo la fomentan. Rescatar la Comunidad en el sentido más tribal implica volver a nuestras tradiciones y particularismos, oponiéndonos a cualquier intento de normalización.

Vivir “como una unidad” no tiene nada que ver con el proyecto de sociedad global actual.

 

Nico Riethmüller

Director – El Diario Judío

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