La liberación de Gilad Shalit: De su Post- Mortem y su Renacer, o sobre la verdadera privación de la Vida y el juego con la Muerte.

por MARIANA HERRERA, Actriz. Est. MA en Historia del Arte, U. de Haifa, Israel.

El 18 de octubre pasado, fue un día histórico para Israel. Un día en el que lo imposible se hizo posible, un día en el que no importó a que sector político, clase social o tendencia religiosa pertenecíamos. Todos estábamos unidos, porque uno de los nuestros, injustamente cautivo durante cinco años, era liberado. Ese día,  Gilad Shalit volvía a casa.

Gilad es un soldado israelí de 25 años que permaneció secuestrado en la Franja de Gaza desde el 25 de junio del 2006 hasta el 18 de octubre del 2011. Fue secuestrado por la organización terrorista islámico-fundamentalista Hamas por la sola y única razón de ser soldado del Ejército de Israel, para canjearlo por terroristas palestinos encarcelados en Israel. Fue secuestrado en Kerem Shalom, el punto del mapa israelí más cercano a la Franja de Gaza.

Durante su secuestro fueron asesinados dos de sus compañeros, y otros tres quedaron seriamente heridos. Traer a Gilad devuelta a casa, le costó a Israel la liberación de 1027 terroristas palestinos, autores intelectuales y de facto de atentados terroristas tan macabros como el que se llevó a cabo en el Hotel Park de Netanya, o en la Pizzeria Sbarros en Jerusalem, en los cuales decenas ciudadanos inocentes perdieron la vida, y otros tantos quedaron en condición de discapacitados.

De todas las fotografías publicadas por la prensa que dan cuenta del retorno a casa de Gilad,  la que más me impactó y conmovió fue aquella en la que es captado saludando al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, en “saludo militar”. En esta fotografía, Gilad ya está en Israel, viste uniforme militar del ejército israelí, cuatro soldados israelíes de alto rango lo acompañan, y Netanyahu aparece de espaldas al observador, enfrentando a Gilad. El general que está junto a Gilad a mano izquierda de la fotografía, lo mira seriamente, mientras que los oficiales que aparecen en tercer plano sonríen. Gilad se ve exhausto, pálido, desnutrido, con la mirada perdida hacia el suelo, sin embargo, saluda al primer ministro, con la debida deferencia y solemnidad militar que pertenece a todo soldado.

Y es en este punto cuando me detengo ante la fotografía y pienso: Después de haber permanecido cinco años privado de su libertad, en condiciones infrahumanas, sin alimentación adecuada, en una celda seguramente obscura, húmeda y fría, incomunicado, aislado de todo ser vivo, con sus pensamientos, recuerdos, reproches y esperanzas como única compañía, y después de haber soportado y contestado estoicamente todas y cada una de las tortuosas preguntas que la periodista Egipcia le hiciera a solo minutos de ser liberado, teniendo todo eso encima, ¿Gilad saluda a Netanyahu como lo hace un militar?, ¿Qué lo llevo a hacerlo?, ¿Por qué lo hizo?, ¿De dónde sacó fuerzas? 

Después de la negociación en la cual Egipto fue el agente intermediario entre Israel y Hamas, Gilad Shalit está vivo, goza de buena salud, está de regreso con su familia, en su país, con su idioma, su cultura, y su gente. Es decir, su vida lentamente vuelve a la normalidad. Sin embargo, y aunque nos disguste asumirlo, en la práctica no es así. El ser humano que el 18 de octubre del 2011 llegó de regreso, es un niño-hombre de 25 años que volvió a la vida, después de experimentar el claustro y la anulación. Es un Gilad Shalit post-mortem, porque su secuestro es acá el sinónimo de una muerte continuada.

Y si solo durante un minuto de nuestras vidas nos imaginamos que los protagonistas de esta fotografía y de esta historia  somos nosotros mismos, ¿qué pasaría si un mal día nos secuestran, privándonos de nuestra libertad, de nuestra realidad, de nuestros seres queridos? Simplemente para canjearnos, nos sacan de nuestra vida, y nos ponen en otro escenario, uno que no elegimos, que nos es impuesto a la fuerza, de manera violenta. Y ahí estamos, incomunicados, sin alimentación, pensando en los nuestros, temiendo por nuestra vida. Nada de lo que hasta antes del secuestro nos parecía obvio, lo es ahora. No es obvio que podamos ir al baño solos, que nos alimenten cada día, incluso que mañana continuemos vivos. La vida pasa a depender de otros, de terceros que ni siquiera hablan nuestro idioma, que si pudieran nos matarían pero no lo hacen solamente por un fin mayor y estratégico, porque somos una moneda de oro, porque nuestra vida vale la vida de miles de los suyos.

Desde ese horror, incertidumbre y pánico, desde ese desgaste corporal y esa anemia cognitiva, desde esa desnutrición del alma, y teniendo un tumor en el espíritu más grande y profundo que el odio entre árabes y judíos, desde ahí Gilad Shalit aún tuvo fuerzas para dar un saludo militar a Netanyahu. 

De la experiencia que Gilad vivió, jamás sabremos la verdad completa, si lo torturaron, cómo lo torturaron, qué métodos usaron, nunca lo sabremos. ¿Qué sintió durante su cautiverio? Tampoco, simplemente porque no estuvimos ahí, solo lo seguimos desde afuera. Por lo cual, cuando vemos esta fotografía es nuestro deber ser empáticos y entender que esta fotografía que puede parecer muy obvia  no lo es en absoluto .No es obvio que un ser humano de 25 años que ha pasado por la experiencia más cercana a estar muerto, tenga la deferencia de actuar así. Es necesario haber aprendido a doblegar el ego a fuerzas, es preciso haberle ganado a la muerte y ansiar batallar por la vida.

Ojala y la vida, que creo intrínsecamente es justa, sepa compensar a Gilad por este paréntesis forzado de cinco años. Que lo esperen infinitos  paisajes, donde sus ojos intensamente pardos no se cansen de contemplar como la naturaleza pelea por vivir. Que recorra lugares interesantes, llenos de historia, cultura y gente. Que la Vida lo nutra de toda la vida que le fue privada. Ojala que con esa fuerza interior que a juzgar por los hechos posee, Gilad sepa y pueda renacer de las cenizas del cautiverio.

La experiencia de Gilad es una lección para todos nosotros que desde nuestras preocupaciones egoístas, no podemos siquiera comenzar a entender lo que significa realmente la privación de la vida en libertad.

El apellido de Gilad, Shalít en hebreo שליט proviene de la raíz שלט. Las palabras asociadas a esa raíz son: Shalít (Gobernador) Sholét (Que controla- Controlador), y Shlitá (Control). No me cabe duda que durante su cautiverio, si hay algo que Gilad ejerció, fue el autocontrol, el autodominio. Solo aquel que es capaz de controlarse a sí mismo, tendrá la facultad de gobernar a su pueblo.

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