Arquitectura en Chile: imitando a la potencia de turno.

por FEDERICO LEVI, Est. Arte, U. de Chile.

 

A lo largo de la historia de Chile y sus distintos gobiernos podemos observar cómo han existido diferentes criterios para conformar la ciudad y ejecutar obras públicas. Específicamente resulta interesante pensar en la historia arquitectónica y urbanística del gran Santiago y en cómo se articulan los intereses y los centros de poder en su geografía.

Si nos remontamos al centenario nacional, puede observarse cierto interés gubernamental en construir grandes edificios con vocación pública, por ejemplo el Museo Nacional de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, el actual ex-Congreso, etc. Para algunos resulta claro que en la ejecución de todas estas obras públicas existe una clara similitud con la ciudad modelo de aquella época, París. Las similitudes existen por montones, ya sea por el corte neoclásico de prácticamente todos los edificios del centenario o algunas otras obras públicas como lo es el Parque Forestal, el cerro Santa Lucía y la Iglesia de los Sacramentos (en Santa Isabel) que emulan a Montmatre y a la Basílica del Sacré Cœur. Tomando en cuenta esto, y sin ser necesario mencionar más ejemplos, podemos decir que claramente existió un afrancesamiento de la capital, o por lo menos una clara intención de asemejarse a París.

Ya en la última década del siglo XX, luego de un par de siglos en los cuales el centro de la capital fue también el centro económico y en el cual se construyeron todas las grandes edificaciones del siglo con un paradigma parisino, cambió la mirada hacia otro paradigma, el neoyorkino, particularmente Manhattan. Este rotundo cambio podría decirse que surge coincidentemente con la violenta inmersión en Chile del sistema neoliberal en la década de los ’80. Desde entonces, comenzó a cambiar la arquitectura de la ciudad, la construcción en altura empezó a ser la regla y gradualmente el centro económico fue desplazándose hacia el oriente y los edificios emblemáticos dejaron de ser construidos por el estado, pasando a ser hechos por los grandes económicos privados.

Finalmente, así es como se conformó el Santiago de hoy en día, el Santiago que en su centro histórico alberga una interesante mezcla de edificios neoclásicos junto a gigantescas torres comerciales y uno que otro edificio de departamentos estilo Paz-Froimovich. Más que una crítica al modo en el cual se ha conformado la arquitectura de Santiago, es una observación de la forma en la cual la conformación de la identidad visual siempre ha sido mirando hacia la potencia de turno, careciendo de un relato propio.

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