Ellas, una copa de vino y hielo

por ENRIQUE LEIKIN, Abogado, U. Adolfo Ibáñez.

¿Te parece esto agradable? -Me pregunta y noto cierto tono amenazante en su voz. Me pongo tensa. Vuelve a mover el vaso, me besa y, junto con el vino me suelta un trocito de hielo en la boca. Muy despacio empieza a descender con los labios desde mi cuello, pasando por mis pechos, hasta mi torso y mi vientre. Me mete un trozo de hielo en el ombligo, donde se forma un pequeño charco de vino muy frío que provoca un incendio que se propaga hasta lo más profundo de mi vientre… Uau.  – Ahora tienes que quedarte quieta – Susurra -. Si te mueves, llenarás la cama de vino, Anastasia.

Mis caderas se flexionan automáticamente. – Oh, no. Si derrama el vino, la castigaré señorita Steele. –Gimo, intento controlarme y lucho desesperadamente contra la necesidad de mover las caderas. Oh, no… Por favor.                                                                                        Me baja con un dedo las capas del sujetador y deja mis pechos al aire, expuestos y vulnerables. Se inclina, besa y tira de mis pezones con los labios fríos, helados. Lucho contra mi cuerpo, que intenta responder arqueándose. –¿Te gusta esto?- me pregunta tirándome de un pezón. Vuelvo a oír el tintineo del hielo, y luego lo siento alrededor de mi pezón derecho, mientras tira a la vez del izquierdo con sus labios. Gimo y lucho por no moverme. Una desesperante y dulce tortura.                                                                                                         –Si derramas el vino, no dejaré que te corras- Oh… Por favor… Christian… Señor… Por favor. Está volviéndome loca, puedo oírlo sonreír. El hielo de mi pezón está derritiéndose. Estoy muy caliente… Caliente., helada y muerta de deseo. Lo quiero dentro de mí ahora.   Me desliza muy despacio los dedos helados por el vientre, como tengo la piel hipersensible, mis caderas se flexionan y el líquido del ombligo, ahora menos frío, me gotea por la barriga. Christian se mueve rápidamente y lo lame, me besa, me muerde suavemente, me chupa.                                                                                                                                                                                                                    –Querida Anastasia, te has movido. ¿Qué voy a hacer contigo?- Jadeo en voz alta. En lo único que puedo concentrarme es en su voz, en su tacto. Nada más real. Nada más importa. Mi radar no registra nada más. Desliza los dedos por dentro de mis bragas y me alivia oír que se le escapa un profundo suspiro. Oh, nena- susurra. Y me introduce los dedos.                                                                                                              –Estás lista para mí tan pronto… -Me dice. Mueve sus tentadores dedos despacio, dentro y fuera, y yo empujo hacia él alzando las caderas.-Quiero tocarte-le digo. Lo sé- Murmura… Se inclina y me besa sin dejar de mover los dedos rítmicamente dentro de mi cuerpo, trazando círculos y presionando con el pulgar, con la otra mano me recoge. –Oh, por favor Christian- grito por dentro. -Este es tu castigo, tan cerca y de pronto tan lejos. ¿Te parece este agradable? Me susurra al oído. ¿Cómo quieres que te folle, Anastasia? Oh… mi cuerpo empieza a temblar y vuelve a quedarse inmóvil. –Por favor- ¿Qué quieres Anastasia? – A ti… ahora- Grito. –Dime cómo quieres que te folle- me susurra al oído…

Una de las escenas-aventuras de Christian Grey, donde al mismo tiempo se unen sumisión, sometimiento, atracción, rechazo, dentro de tantos otros posibles conceptos. ¿Cuál es la atracción real que produce la figura del protagonista entre todas las mujeres que lo leen? Ya que mientras algunas aceptan a gritos que Grey es lo máximo, saliendo en conversaciones con amigas, reuniones, happy hours, incluso a través del chat donde recurrentemente es comparable con la actual pareja de alguna de ellas. Existen otras que lo niegan rotundamente, como intentando esconder algo por vergüenza o simplemente para mantener un status de “yo no leo banalidades” y claramente un libro no me puede excitar… Aunque debo aceptar que hay algunas escenas entretenidas, dicen.

¿Es el hombre exitoso, poderoso, seguro de sí mismo, con un fondo oscuro y muchas veces peligroso, lo que las logra encender a “ellas”?

¿Te parece esto agradable? Le preguntaba él a ella, pero ¿qué es lo realmente agradable? El saber que estoy entrando a algo desconocido, lo cual aún cuando tengo claro que no es lo que busco ni me conviene, me satisface profundamente el deseo carnal y es capaz de hacer salir de mí una pasión que ni yo (ella) conocía. O quizás la idea de lo peligroso, de lo prohibido, lo cual se, no debiese hacer, donde sé que me pueden descubrir, mientras más cercano al riesgo es más excitante. O quizás simplemente buscamos algo distinto de lo que tenemos, algo con que poder fantasear…

El binomio deseo-búsqueda, inseparable muchas veces, nos obliga a entender que mientras haya deseo, siempre aparecerá la necesidad de buscar, aunque demos vueltas y entremos en la insatisfacción constante de no encontrarlo. El deseo entonces, parte de una necesidad, de una inquietud que hay que calmar, de un vacío que hay que llenar. Es sentirnos vivos, ilusionados.

Somos animales insatisfechos y buscadores de deseos por naturaleza, aun cuando demostremos la máxima satisfacción acerca de algo, siempre buscamos algo más allá, algo no permitido, algo riesgoso, algo distinto, algo que combine el poder con el placer, la excitación con el peligro, lo carnal con lo pasional.

Al final “Mr. Grey”, no hace más que englobar todas esas características carnales que buscamos, las cuales aparecen recurrentemente donde somos nosotros mismos y mientras no debamos guardar compostura, ni cuidarnos del mundo burocráticamente correcto…

¿Te parece esto agradable? Pregunta él mientras ella no puede parar de tiritar y de pensar que ha sido lo mejor que le ha pasado…

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