Construirme

por PAMELA NUDMAN, Arquitecta, U. de Chile.

No creo más en eso de que el mundo se va a acabar, que todo está mal, que el hombre no tiene solución y toda esa bazofia, me aburrió tanto ese pensamiento pesimista generalizado que he comenzado a ir en el sentido inverso. Decidí cerrar, dentro de mis humanas posibilidades claro, las puertas de mis sentidos a tanta desgracia múltiple que nos bombardea por todos lados, partiendo por la televisión que tiene ese extraño y manipulador afán de despertar a todo un país diariamente con calamidades, robos y estafas múltiples. ¡Hasta luego con eso!: si no van a hablar de la estafa moral que ellos mismos construyen día a día no merecen mi atención.

No es que reniegue de las cosas que ocurren en el mundo ni menos que no me preocupen, más bien todo lo contrario, pero he entendido que la única forma de romper ese círculo vicioso que nuestra sociedad ha construido y renueva constantemente, esa bola de nieve que crece día tras día y nadie sabe cómo detener, es cerrándole las puertas a su influencia para comenzar a darle espacio a la esperanza, lo nuevo, lo positivo, lo que sí queremos que sea el mundo.

Y hablo en plural porque sé que hay millones de personas, incluida yo, que sí aspiramos a construir un mundo muchísimo mejor.

Asumí, tras un largo período de búsqueda y reflexión, mi condición de ser pensante que anhela llegar a ser un ser humano, en el más amplio y perfecto sentido de la palabra que imaginan cuando leen esto – ser humano – y para llevar a cabo esta decisión he comenzado por lo único que poseo y sobre lo cual puedo actuar que es conmigo misma.

Sí, eso mismo, no partiré construyendo la ciudad ideal ni el barrio ideal. He decidido que antes de buscar construir un mundo perfecto, debo construirme a mí misma a través de las influencias que decido recibir, a través de las acciones que intento ejecutar y de las intenciones que pongo en eso. La construcción que anhelo no tiene por objeto una mejor “yo”, sino una mejor “parte” del mundo, como la hoja de un árbol que no envidia al tronco, a las frutas o a las ramas, porque sabe que sólo en conjunto y armonía puede existir ese hermoso ser que llamamos árbol.

Así deseo construirme, pensándome como parte de un ser humano armonioso, amoroso y en equilibrio, como una célula pequeña que intenta imaginar cuál es el lugar que le corresponde en el mundo para que éste logre estar bien, la cual primero debe estar sana por dentro para después estar en equilibrio al conectarse con las otras células que conforman un cuerpo.

Así he comenzado, alejándome lentamente de todo aquello que insiste en decirme que las cosas no tienen solución, que la desgracia nos espera, que el hombre es malo y no hay vuelta que darle. El cambio está en mí, no en los demás ni en algún enemigo imaginario, todo está construido en y a partir de nuestros pensamientos, el mundo, y de seguro también, mi propia existencia.

Construirme entonces no es erigir barreras con los demás o definirme como una parte separada y desconectada del resto, sino más bien es dejar que me influyan a través de mi decisión de aceptar que me moldeen, me esculpan, me alimenten, me cobijen.

Como una semillita, que desde que cae en tierra -al parecer como algo individual – a través del agua, los nutrientes del suelo, el sol, etc., va dejando que todo la influya con absoluta confianza y certeza de que es lo mejor que puede hacer, pues ella sólo anhela convertirse en el gran árbol que está destinado a ser, pero la fuerza para desarrollarse y crecer está en manos de todo lo que le rodea.

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