El Perdón de los chilenos

por RODRIGO AFRO REMENIK, Sociólogo, PU. Católica de Chile. MA en Historia de América Latina, U. de Tel Aviv. Seminarista Rabínico Laico. Ex-Sheliaj de la Agencia Judía para Hashomer Hatzair América Latina en Buenos Aires, Argentina.

 

Durante el mes de septiembre, en Chile se vuelve hablar de la palabra “perdón”. Bachellet reimpuso el tema después de la polémica por el caso Lejderman que determinaron la renuncia del ex – comandante en jefe del ejército de la presidencia del Servel. A partir de ese momento, resurge en los medios una demanda que nunca ha muerto en la sociedad chilena: la demanda que el ejército y la derecha política pida perdón a las víctimas y a toda la sociedad por las torturas, los asesinatos, la represión, el exilio y la desaparición de miles de ciudadanos.

Algunos en la derecha comenzaron a entender lo importante de este hecho de pedir perdón. Sin embargo, muchos entienden que pedir perdón es un precio demasiado alto por pagar. El argumento principal es que la derecha y el ejército no son los únicos que deben pedir perdón, sino que la izquierda, todos los sectores políticos y de hecho toda la sociedad es la que debe pedir perdón.

Este intento de defensa es incongruente con el mismo concepto de “perdón”, y es extraño que justamente los sectores más cercanos a la religión no entiendan el verdadero sentido del mismo, en cuanto es la religión la rama de pensamiento (de sentimiento y de acción) que más ha profundizado en el tema.

El término “perdón” es un concepto compuesto por dos elementos: “per” y “don”. “Per” es un prefijo latín que significa “más allá de” o “totalmente” y que podemos ver en términos como “perfecto” (más allá de los hechos”), “perenne” (“más allá de los años”), “perfidia” (“más allá de la fe”), “peregrino” (“más allá de los campos”), etc.

Por otra parte, “Don” es simplemente un regalo. Es decir, el perdón es un regalo que va más allá de sí mismo. Un obsequio total, que comprende todo el pasado común entre dos personas y en que confluye todo lo que las personas en cuestión sienten y piensan, todo lo que la persona humana es.  Pedir perdón es de hecho pedir que el otro se entregue completamente, y darlo es entregarse de cuerpo y alma al otro.

Es por esta totalidad del término “perdón” que es un concepto tan difícil de entender para el mundo laico. Al respecto, el pensador que mejor logró traducir este concepto “místico” a un lenguaje comprensible para el mundo no religioso fue el filósofo judío-argelino-francés Jacques Derrida, que expresa que lo único que tiene sentido perdonar es lo imperdonable. “Perdonar lo imperdonable” no es un simple juego de palabras, sino que refleja la esencia y la dificultad que tiene la derecha para pedir perdón y la sociedad chilena para otorgársela.

“Perdonar lo imperdonable” quiere decir que los únicos hechos en que el perdón tiene sentido, es frente a los hechos imperdonables como homicidios, torturas, holocaustos y desaparición. Frente a los hechos perdonables, no se necesita el perdón: son otros los sistemas (como el sistema político y el judicial) los que hacen el trabajo de restauración del orden social. Frente a los hechos imperdonables es que el perdón toma su verdadero sentido, el sentido de un regalo que se supera a sí mismo para reparar lo que los sistemas con pretensión de racionalidad no pueden enfrentar.

En este sentido, la “petición de perdón” que la sociedad chilena espera de la derecha y los militares, no se encuentra bajo la lógica mercantilista en que se tenga que negociar la petición de perdón de unos con la petición de perdón de otros. Tampoco cuando pedimos perdón o cuando lo otorgamos, no nos encontramos en el plano legislativo de faltas y castigos. El perdón se encuentra bajo lógica de la gratuidad, sin intereses de por medio, tanto políticos como judiciales.

Estos tres ámbitos (el político, el jurídico y el humano) son tres líneas superpuestas que se influyen, pero que se mueven por sus propias lógicas internas. A nivel político, la derecha pinochetista pagó, paga y pagará el apoyo que dio a la dictadura por mucho tiempo, y yo creo que nadie que voto Sí en el plebiscito del ’88 llegará nunca a ser presidente de Chile. Ni siquiera lo lograron en las décadas en que el neoliberalismo acaparaba el consenso político.

A nivel judicial, falta mucho por hacer, deben ser juzgados y condenados civiles y militares que tuvieron injerencia directa e indirecta en la violación de los Derechos Humanos, en la represión y en el terror de Estado.

Sin embargo, nada de eso es suficiente para reparar una sociedad golpeada por lo imperdonable. La petición de perdón debe ser personal y colectiva, sincera y total, como al parecer algunos a cuentagotas en la derecha lo están haciendo.

Por otra parte, el perdón de lo imperdonable por parte de la sociedad chilena, también debe ser sincero y total, personal y colectivo. Sé que este perdón de lo imperdonable es imposible. Ese imposible es lo que nos recuerda a los laicos Iom Kipur, el día del perdón para los judíos.

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