Iglú: retrato de la depresión.

por SANDRA BUNGER, Psicóloga, PU. Católica.

Desde hace varios años, sigo de cerca las películas que escribe, dirige o produce un amigo. Esta semana fui a ver iglú, su última producción. Puede que ésta no sea la reseña más objetiva, porque el cariño inevitablemente tiñe las opiniones que uno tiene de los logros de sus amigos.

La película me encantó, y al parecer no fui la única. En la sala del cine, se sentaron detrás de mí 3 adolescentes, uno de ellos se sabía el guión de memoria: iba diciendo en voz alta lo que iban a decir los personajes. Claramente la había visto más de una vez.

Iglú relata la vida de Daniel Hanh: sus amistades, su ex-pareja, sus padres, su terapeuta, su trabajo y cómo depende de medicamentos para calmar su ansiedad.

A medida que transcurre la historia, uno se sumerge en el mundo de las percepciones de Daniel: la textura del pasto, las palpitaciones, el frío, la oscuridad y los silencios de la vida cotidiana. Uno también puede adivinar cómo se siente al verse enfrentado a la soledad, el engaño y el rechazo de un padre que no acepta su homosexualidad.

Lo que puede salvar a Daniel son las personas: Paula, su terapeuta, y Camila, una amiga. La relación con Paula es central. Es con ella con quien se va desenvolviendo de a poco, compartiendo momentos de rabia, alegría y pena, pero por sobre todo, complicidad. Es esta complicidad lo que puede permitir a Daniel salir de su iglú.

Esta historia cuenta cómo una persona lidia con su sufrimiento. Según lo que leí en una página, el protagonista y director de la película, Diego Ruiz, tiene una visión muy crítica de lo que sucede con las personas que tienen depresión y cómo esto es visto en el país: “en Chile está muy estigmatizada la depresión, está subvalorada. Como que estar deprimido es ‘estar con penita’ y hay mucha ironía detrás. La depresión existe y surge a raíz del estrés o situaciones concretadas”.

Esta cinta tuvo su estreno mundial en julio en el festival internacional de cine de género Outfest de Los Ángeles, EEUU, donde fue reconocida con el premio “Talento Emergente”.

Mientras en nuestra cultura somos expertos en ocultar y enmascarar la tristeza, esta película se atreve a retratarla.

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