Una aliá latina y otra de los Estados Unidos

por FELIPE LACS, Lic. Economía, U. Federal Río de Janeiro. Ex Pahil Hashomer Hatzair Río de Janeiro.

 

Cambiarse de país es siempre un proceso complicado. Implica reintegración social, inmersión en una nueva cultura, aprender nuevos idiomas, costumbres y descubrir, de la noche a la mañana, un nuevo mundo.

Cambiarse de país hacia Israel es aún más complicado. La aliá no es simplemente una traducción del concepto de ‘cambio’, es algo cargado culturalmente, donde la relevancia del cambio tiene un perfil casi místico. Sin embargo, sin tener en cuenta el sueño sionista de ser libre en nuestra tierra, nos enfrentamos a los retos de cualquier otra inmigración, con la complicación natural que Israel es visto de manera confusa (en oportunidades, idealizada) desde el exterior. Para ayudar, muchos organismos gubernamentales y organizaciones no gubernamentales (ONG) estructuran proyectos para la integración de los “nuevos ” (‘subidores’) olim jadashim que llegan aquí.

La llegada de un latinoamericano se acompaña, al parecer, de un sentido de ascensión social. Las mejoras en la calidad de vida, sin importar la clase socioeconómica a la que pertenecía en su país de origen, son tan evidentes que nos da la sensación que ‘estamos en el primer mundo’. Sumado a esto, otros factores típicos (no necesariamente malos): la arrogancia de los israelíes y el trámite de tener ciclos y más ciclos en los que cualquier queja sobre la burocracia, los malos servicios, la ineficiencia de determinada empresa, entre otros, es visto como un ataque contra la patria.

Por otro lado, creo que el ‘ascenso’ de mis compatriotas (actuales) de Norte América y Europa es cuestionable, dependiendo de la clase social a la cual pertenecían en su país de origen, enfrentando una clara caída en cuanto a la calidad de los servicios y probablemente también, de vida. Sin embargo, parece que para ellos no es una forma quejarse sino tratar de encontrar nuevas soluciones para generar más avance.

Un inmigrante francés, escandalizado con la calidad de servicio telefónico y el precio cobrado por los operadores, decidió abrir un nuevo negocio, reduciendo los precios y obligando a las empresas establecidas para descargar también lo que le pedían.

Pareciera haber una diferencia clara en las actitudes hacia los Olim Jadashim, desde el punto de vista de la construcción y/o renovación de Israel como lo es hoy. El avance social, económico, cultural, tecnológico, etc. depende de las habilidades críticas de aquellos que componen esta sociedad. Pensar que “es mucho mejor aquí que en cualquier otro lugar” es una herramienta que fomenta la pasividad.

No tengo ninguna duda que en 65 años, Israel ha alcanzado un impresionante nivel de desarrollo y este es, sin duda, un motivo de orgullo. Si se compara esta evolución con lo ocurrido en nuestros países de origen latino, la diferencia es aún más marcada.

Pero aquí viene el avance de la voluntad de los individuos y los grupos en hacer las cosas mejor de lo que ya son (en campos que están avanzados), reconociendo que tenemos algunos aspectos que todavía están lejos de ser ‘primer mundo’.

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