El Falso Altruismo

por ALONSO CALDERON, Est. Derecho, U. de Chile.

 

Los últimos balances de la tragedia que ha sufrido el puerto de Valparaíso indican 15 muertos y alrededor de 11.000 damnificados, en un enorme incendio que se tomó los cerros del puerto. Otra vez, somos testigos de cómo los chilenos se organizan en momentos de catástrofe, de cómo han viajado de distintas partes del país para prestar ayuda a los compatriotas damnificados, de cómo se han enviado cantidades industriales de ropa y alimentos, en definitiva, de cómo la “caridad típica del chileno” sale a la luz.

Nuevamente, somos morbosamente bombardeados por la cobertura de los medios tradicionales de comunicación, los cuáles suben al cerro a preguntarle a la gente ¿Por qué se vino a vivir a este lugar tan peligroso? Y reciben una respuesta tan precisa y clarificadora que deja al desnudo lo que está realmente detrás de esta tragedia: Los pobres no elegimos donde vivir.  Esta idea de solidaridad, que sólo en momentos de catástrofe nos sintamos llamados a viajar en grandes caravanas, a juntar grandes cantidades de comida y ropa, que nos sintamos parte del problema. Que viajemos a levantar la casa de los pobres, pero que jamás nos preguntemos por qué se cayó en principio.

Me sorprende y a la vez me preocupa la gran cantidad de personas que convocan las catástrofes.  Es impresionante ver cómo este sentimiento de nacionalismo brota y, de la nada, miles de personas se sienten convocadas a dejar todo de lado para aportar en lo que sea con tal de salvar la vida y aminorar el mal tiempo de aquellos que se han visto afectados. Fuimos espectadores de los miles de voluntarios que se unieron a la reconstrucción de hogares destruidos del terremoto, del esfuerzo internacional para salvar a los 33 mineros y, ahora, de la unión de voluntades decididas a socorrer a los afectados por el incendio porteño.

Me sorprende porque son muy pocas las situaciones que logran unir a los chilenos en pos de un objetivo común, y me preocupa porque me pregunto ¿Cuántas de las personas que fueron a construir medias aguas después del terremoto se cuestiona la calidad de vida que dejan en ella? ¿Cuántas personas sabrán que al finalizar la cobertura mediática del reciente terremoto, en Iquique fueron prácticamente abandonados y los pobladores tuvieron que cortar carreteras con barricadas para llamar nuevamente la atención? ¿Cuántas de las personas que inflaron el pecho con el rescate de los mineros se cuestionaron las condiciones de trabajo de la clase obrera que se vio representada con el derrumbe de la mina sobre los 33?  ¿Cuántas de las personas que viajan hoy a Valparaíso se cuestionan por qué los pobres viven hacinados en casas de material ligero en un cerro?

Obviamente es necesaria la cooperación y la ayuda en momentos de catástrofe, pero esa solidaridad debe ser consciente, debe ser crítica del modelo que reproduce día a día las condiciones para que sucedan. La caridad sin estos elementos es hasta nociva para el que la recibe. El modelo neoliberal se sostiene en la caridad, sin ésta no puede existir, pues contribuye a naturalizar las contradicciones más crudas que genera el actual modelo. Uno puede reconstruir una casa, pero si no hago nada por cambiar la situación de fondo, el por qué se cayó esa casa, el por qué esa persona debe vivir ahora en una mediagua, entonces estoy contribuyendo a reproducir el mismo sistema que hizo que se cayera en un principio.

La verdadera naturaleza de este sistema se ve reflejada en que una cadena de supermercados haya subido el agua, aprovechando la contingencia, de 900 a 1300 pesos, en que CENCOSUD utilice la situación para promocionar sus créditos, en que Líder pida donaciones de productos que vende en sus mismas instalaciones. Así, podemos concluir que “la desgracia de Valparaíso no es producto de una fatalidad histórica ni geográfica, sino el resultado de una estructura social profundamente polarizada, de una odiosa distribución de la riqueza y de la abulia e inepcia de la casta política cuyo norte no es el servicio público, como afirma de manera majadera en sus discursos, más bien, el usufructo personal y colectivo de los beneficios derivados de su rol de administradora del modelo de economía y sociedad instalado por la dictadura”[1].

Espero que cuando pase la cobertura mediática y haya otro tongo de la farándula u otro reality show de moda que cubra nuestras portadas, todos quienes se vieron profundamente tocados por la catástrofe sigamos preocupados de la tragedia de Valpo, de Iquique, de Constitución, de Aysen, de Freirinas y, en general, de la deshumana desigualdad y explotación que sufren los pobladores y trabajadores de nuestro país, pues sólo de esa manera podremos realmente contribuir.

Si bien mantengo mis distancias con algunos de los postulados de este caballero, dejo este video, bastante entretenido y didáctico por lo demás, de Slavoj Žižek. https://www.youtube.com/watch?v=YdezVlHLWHE

 

[1] http://www.convergenciaconstituyente.cl/?p=1504

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