Combatiendo antisemitismo con paz

por BENJAMIN ALALUF, Est. Recursos Humanos, U. de Ciencias Empresariales y Sociales. Est. Seminario Rabínico Latinoamericano “Marshall T. Meyer”.

 

El eterno conflicto de Medio Oriente ha creado una animosidad que cada vez se incrementa más, y la tecnología aporta más a difundir este sentimiento. Días agitados y palabras como guerra, genocidio, vergüenza, defensa, misiles y terrorismo han inundado no sólo nuestras conversaciones, sino también las redes sociales y los medios de comunicación, desde fuertes debates internos hasta las más duras críticas de todos lados, generando una angustia que pareciera no acabar ni tener solución. Sólo quiero que esto termine.

La situación en Israel nos preocupa a todos. “Col Israel Arevim Ze la’Ze”, “todo judío es responsable el uno por el otro” es una frase que hoy más que nunca cobra sentido: todos los judíos en el mundo somos juzgados según lo que cada persona interpreta sobre la situación en Medio Oriente.

La palabra sionismo injustamente genera la imagen de opresión, ocupación, persecución y masacre. Israel es sinónimo de un gran genocida que tiene su campo de concentración en Gaza, el antisionismo se torna cada vez más en judeofobia. ¿Cómo repercute en la diáspora? ¿Cómo afecta nuestras vidas cotidianas?

Chile y Argentina envían mensajes desde sus respectivos Congresos en apoyo a la causa palestina, inmensas manifestaciones virtuales y reales de un gran porcentaje de la población, se cancelan Tratados de Libre Comercio y se le pide al embajador su retorno. Hay indignación por parte de la gente en contra de los judíos, y se traduce en horripilantes comentarios y actos. En París, un grupo de pro palestinos atacaron una sinagoga. En las universidades, de un día a otro les dicen judíos de mierda a nuestros amigos, sus mismos compañeros después de 20 años de amistad. En Ñuñoa, apedrearon una casa solamente porque eran judíos: les rompieron todo. Una seremi, funcionaria de Gobierno, públicamente quema una bandera repudiando a Israel.

Una foto del diario “El Ciudadano” plantea que estamos cometiendo un genocidio y se compartió en Facebook más de 30.000 veces (casi el doble de la colectividad judía en Chile). Otra foto de apoyo a la causa fue compartida 65.000 veces, logrando que medio millón de personas vea estas imágenes en su muro. Abundan los comentarios aludiendo a Hitler, los campos de concentración y exterminio, y las comparaciones entre judíos y nazis. Gente que es ignorante absoluta del tema, de un día para otro creen comprender completamente lo que ocurre, convencidos que lo que ven es cierto, expertos en historia y derecho internacional.

Cada misil que cae en Sderot cae en Santiago también, cada muerto palestino muere en Chile también, cada bala que entra a Gaza cruza Buenos Aires. El conflicto se ha vuelto la excusa perfecta para aflorar un odio latente. Si fuera sólo contra Israel, no habría necesidad que en las manifestaciones en contra del “Estado genocida sionista” haya gente vestida de Hitler.

La situación es difícil: hay nuevamente gente que prefiere no decir que son judíos. No se puede salir con kipá a la calle, madres les prohíben a sus hijos salir vestidos con una remera con la bandera de Israel, nuestras sinagogas parecen bases militares por la cantidad de guardias y seguridad, y lo peor es que nos terminamos por acostumbrar, lo vemos como una realidad posible y lo asimilamos. ¿Será exagerado pensar así? Por como están nuestras instituciones, se ve una paranoia grande, y no es normal vivir así. En Israel, tienen 15 segundos para correr, acá no sacamos nada con correr. Así como hubo antisemitismo religioso y antisemitismo racial, el de hoy es uno nacional, donde los judíos queremos controlar el mundo entero. Siempre va a haber alguno.

Israel tiene que defenderse, es la única garantía de seguridad para el pueblo judío, la garantía que no tuvimos en 2.000 años, el único lugar donde se puede ser judío con plena tranquilidad, y todos nosotros debemos ser embajadores de nuestro Estado. Pero en la diáspora hay sólo una forma en la que podemos contribuir, y es desconcertar a todos con lo que realmente anhelamos.

Tenemos que hacer notar que mientras ellos queman nuestras banderas públicamente, nosotros hacemos flamear ambas en conjunto, que condenamos a un grupo fanático y no a un pueblo completo, que mientras todos gritan muerte nosotros pedimos paz para Israel y para el pueblo palestino. Esta es la verdadera esperanza del pueblo judío, y aunque la prensa no nos ayude, debemos hablar más fuerte y con mayor firmeza, siempre poniendo la paz por delante.

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