La pretemporada judía

por LEANDRO GALANTERNIK, Lic. en Administración, U. de Buenos Aires. Posgrado en Juventud, Educación y Trabajo de FLACSO. Est. MA en Organizaciones sin fines de lucro en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Representante judío en la Red Juvenil Interreligiosa de Religiones por la Paz para América Latina y el Caribe.

 

Dicen que “la práctica hace al maestro”, y en muchos aspectos de la vida es así, pero en tantos otros, por más práctica que uno tenga, siempre resulta difícil como la primera vez.

Así pasa también con el mes de Elul, la pretemporada del calendario hebreo. El mes de entrenamiento previo al gran partido, el toque de shofar todas las mañanas nos lo recuerda, comenzar a recibir cartisei braja (tarjetas de saludos) pone en evidencia que algo importante se acerca. Estamos a semanas de Rosh HaShana, y luego unos intensos días hasta Iom Kipur.

Hay dos meses sin festividades o conmemoraciones en el calendario hebreo, Elul y Jeshvan, casualmente los meses que anteceden y proceden a Tishrei, el mes más cargado de todo el año. Tanto el entrenamiento previo como la recuperación posterior son esenciales para el buen rendimiento. La espiritualidad, la religiosidad, la conexión con lo eterno también requieren preparación.

Elul no es un mes cualquiera, es la oportunidad de reencontrarnos con nosotros mismos desde el lugar donde estamos, de tener el tiempo, la paciencia y el compromiso de definir a dónde querríamos estar hoy y dónde queremos estar el año que viene.

Sea uno creyente o no, practicante o no, es un momento para aprovechar. Un espacio de tiempo que intenta generar el ambiente propicio para el crecimiento personal de cada uno, permitiéndonos hacer lo que cuesta hacer. No es fácil auto juzgarse, es mucho más simple hacerlo con los otros… por eso Elul no es un mes cualquiera.

Cada uno tiene que jugar por sí mismo, pero que el equipo se conforma entre todos. Las buenas y sanas relaciones interpersonales son críticas para el buen funcionamiento, y en Rosh HaShana son esenciales. Debemos saber a quién herimos, por error u omisión, y arreglarlo durante la pretemporada. Vamos hacia el mismo objetivo, los miembros nos conocemos, sabemos lo bueno y lo malo de cada uno y de todos como conjunto, estamos comprometidos con los demás, y esa mística grupal genera que la suma de todos sea mucho más que todos los que estamos.

Aprovechemos este tiempo de pretemporada para practicar. Practiquemos pidiendo perdón a quienes herimos, crezcamos como individuos en los diferentes roles que cada uno tiene a través de pequeños y duraderos cambios que podamos mantener. Practiquemos haciendo tzedaká para que otras personas puedan sentirse mejor con ellas mismas. Practiquemos rezando, meditando, cantando y bailando para encontrarnos a nosotros mismos, al otro y al Otro. Sintámonos maestros del arte de mejorar como personas.

En este Rosh HaShana, antes de salir a la cancha a jugar con las personas que tenemos alrededor, hagamos lo posible por haber conformado el equipo del que nos gustaría ser parte, y no un grupo de personas que aleatoriamente nos reunimos en ese momento y en ese lugar sin un propósito común.

¡Shana Tova Umetuka! ¡Gmar Jatimá tova!

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