¿En qué clase de mundo vivimos?

por SHARON NUMHAUSER, Est. 4to Medio, Instituto Hebreo.

Inmersa estudiando para la prueba de Ciencias Sociales, memorizaba una vez más sin siquiera pensar en lo que leía, mucho menos cuestionármelo. Grandes títulos como “desafíos mundiales”, los típicos discursos de todo gobierno, hasta que atravesé la palabra “desigualdad”. ¿Pero de qué me estaban hablando? Intenté seguir con el estudio, pero me fue imposible.

Estamos en el siglo XXI, y aún hay personas que sufren de desnutrición, de índices de mortalidad infantil impensados, que no tienen acceso ni siquiera a agua potable, teniendo en muchos lugares que vender a sus hijos como esclavos. ¿Cuántos jóvenes no cuentan con escolaridad? Mientras, en otras partes del mundo las personas sufren de obesidad (también un sexto de la población mundial, igual que los que sufren de hambre), acceden a hospitales y clínicas privadas cuando gusten, se dan el lujo de desperdiciar constantemente el agua potable del cual disponen y hasta deciden por voluntad propia no ir al colegio ni continuar estudiando en la universidad.  

¿En qué mundo vivimos? Todavía hay países tercermundistas, cuyas “economías” están en completa dependencia de países más “afortunados”, siendo los obreros del sistema internacional. Sigue presente la explotación a los trabajadores, la explotación del hombre por el hombre. No hay manera de suprimir la delincuencia, porque no entendemos que su eliminación depende también de la eliminación de la pobreza y de reducir la desigualdad. Los gobiernos, al servicio de las transnacionales, siguen manejándonos como si fuésemos muñecos que usan para su enriquecimiento, pero no para el desarrollo económico.

Siglo XXI, y seguimos formando una sociedad de máquinas y no de personas, donde los médicos e ingenieros son más valorados socialmente que un profesor o un escritor. La mayoría de la sociedad, escucha y acata las normas, pero no las cuestiona ni critica. El sistema viene como algo dado de orden natural, olvidándonos que todo lo que nos rodea es un invento, y por ende, responde a intereses de alguien determinado.

Siglo XXI, y la explotación sexual infantil sólo va en aumento, sin mencionar todos los demás derechos de los niños que son vulnerados. La explotación de personas y la esclavitud siguen siendo más que una realidad. En amplias zonas del mundo, la libertad de expresión no es un derecho, sino un mero capricho. Las personas no pueden decidir qué ver ni qué decir. No tienen acceso a las redes sociales. Son oprimidos a través de ejércitos o guerrillas, de religiones o sectas, por la fuerza y por ideología. Los Derechos Humanos son pasados a llevar a diario, desde lo más cotidiano hasta lo más violento y brutal. En tantos lugares, el ser humano no es considerado humano.

Siglo XXI, y todavía los derechos de las mujeres y los hombres no son igualitarios, siendo la mujer un objeto de posesión ausente de la vida pública, o los derechos de los homosexuales o cualquier otra identidad sexual frente a lo hetero normativo, obligándonos a entender la identidad sexual como una sola, única para toda la humanidad. Somos indiferentes a lo diferente, a la muerte del otro. Indiferentes a la lapidación de mujeres en Irak, indiferentes a la ahorca pública de homosexuales en Irán.

Siglo XXI, y cuántas personas mueren debido a enfermedades por no tener recursos para tratarse. Ya no nos impresiona que a todos les de cáncer, como si fuera normal en el hombre. Que todavía no se cuente con una cura contra el VIH es simplemente ridículo. Y siguen brotando epidemias en África, pero mientras no crucen el océano, todo bien.

Vivimos en un mundo donde circula por la red el video de la decapitación de 2 periodistas estadounidenses por parte de un grupo islámico fundamentalista terrorista denominado ISIS, que recorre Irak y Siria raptando niñas, violándolas, obligándolas a convertirse al Islam y vendiéndolas como esclavas o “esposas”. Niñas de 12, 9 o incluso 7 años, que con suerte sobrevivirán su “noche de bodas” al ser violadas por sus nuevos “maridos”, provocando una hemorragia interna tan grande que termine asesinándolas. Un mundo donde omitimos que un avión comercial fue derribado en plena Europa en un conflicto político entre pro rusos y pro occidentales.

Estamos en el siglo XXI, ¿cuántos siglos más tendremos que esperar? 

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