A 41 años del asesinato de la sociedad chilena

por ALEJANDRO BEREZIN, Est. Ingeniería Comercial, U. Adolfo Ibáñez. Javer Shnat Hajshara Majon LeMadrijim Hashomer Hatzair.

 

El fantasma de la dictadura militar en Chile es cada vez menos invisible, sigue aquí. El tiempo pasa, y las historias se repiten: la represión, la privatización, la ignorancia, la inoperancia política, los bombazos, la tensión en la calle y la doctrina del shock.

Somos la generación sin miedo, pero todo ese vigor y nueva fuerza tiene que tener un enfoque claro, una dirección. Tenemos que saber hacia dónde y con quién vamos, y no dejar al margen el quiénes somos.

El 11 de septiembre es una invitación al recuerdo y a la acción. No se puede permitir dejar sólo para la historia todo lo que ocurrió en el país desde hace 41 años atrás, sería una falta de respeto a la memoria no sólo de quienes cayeron víctimas del terrorismo de Estado, sino de quienes decidieron alzar las voces y los puños en contra de las balas y los toques de queda, a todos quienes dieron su vida en una lucha por la humanidad de las personas. A esos verdaderos defensores de los Derechos Humanos.

Cada once del noveno mes, debemos sentir una sensación incómoda en el estómago que nos haga recordar que algo está pendiente. Los años pasan y la justicia no llega. Los años pasan, y el sistema sólo se fortalece. La diferencia es que ahora somos un pueblo “despierto”, un pueblo creciendo y madurando, pero falta muchísimo.

Miro con optimismo los procesos de fortalecimiento del movimiento social chileno. Las nuevas generaciones no tenemos el miedo de gritar, y las generaciones traumatizadas por la dictadura están despertando nuevamente, para decir lo que callaron las últimas cuatro décadas.

El desafío actual no es sólo no dejar que la historia se repita, sino en ser los protagonistas de cambiarla. Ser quienes demanden al poder del Estado para servir al pueblo, y no ser quienes le sirven a los cuervos del Estado. No podemos seguir comprando la mercancía barata de los medios de comunicación masivos y tradicionales, de los cuales son dueños los mismos que nos quieren ciegos.

Es imperante el ser firmes y valientes en la búsqueda de la justicia para el que sufrió hace cuarenta años, y ser aún más fuertes y tener la convicción suficiente para combatir la inminente injusticia social en la que vivirán las generaciones venideras si nosotros no hacemos nada.

El deber del pueblo hoy es tener un rol activo y alejarse de los slogans. No podemos permanecer para siempre solo recordando.

Hay quienes activarán siendo representantes políticos por la vía institucional, hay quienes lo harán siendo la voz del movimiento popular, hay quienes simplemente escribirán una canción, hay quienes contarán la historia, todos estamos en la misma dirección.

Hoy, 11 de septiembre de 2014, cuando lo único que ha cambiado son los nombres y no el modelo, por la memoria, la dignidad y la humanidad, lo que TODOS haremos será, educar al NO olvido, y a construir otra forma de sociedad.

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