Cuando el santiaguino olvidó que era chileno

por NICO RIETHMÜLLER, Director Editor, El Diario Judío.

 

¿Cuándo al santiaguino se le olvidó que era chileno? ¿Cuándo se nos olvidó que venimos de un pequeño país al fin del mundo, aislado tanto en su geografía como en su apertura cultural? Nuestra idiosincrasia moldeó la sociedad occidental más retrógrada del mundo, la menos diversa y apta para el cambio, la más conservadora frente a todos los temas sociales, sin embargo, hoy nos paseamos creyéndonos mejores ciudadanos que el resto gracias a nuestro falso y pobre “desarrollo”.

Seguro ser chileno hoy es ser menos humilde que antes. Seguro Chile no es un país más simpático que hace 10 años atrás. Buscamos siempre compararnos con el “mundo desarrollado”, separándonos de nuestros hermanos latinos, de nuestro continente y realidad, orgullosos de haber vendido nuestra dignidad para estar al servicio de las grandes transnacionales. Pero seguimos liderando los más altos índices de suicidio, los más altos en consumo de drogas, y el inicio de consumo de drogas a más temprana edad. Que orgullo de sociedad.

Con nuestras increíbles riquezas naturales, podríamos enseñarle al mundo entero enormes y nobles lecciones de una sociedad ejemplar. Fácilmente, podríamos tener una población admirada por el mundo entero, con educación de calidad para todos, con un desarrollo cultural de primer nivel, con las necesidades de salud completamente cubiertas, con condiciones mínimas de vivienda totalmente abastecidas, porque somos tan desarrollados que nos dimos cuenta que como sociedad debemos garantizar hasta los más mínimos cuidados de absolutamente toda nuestra población, pero no… como somos personas mediocres, símbolo de una sociedad profundamente egoísta, que cada uno se las arregle como puede. Tan orgullosos de nuestros recursos naturales, y los vendemos más baratos que a la más usada prostituta, basureando la vida de 17 millones de chilenos para que unos pocos se enriquezcan sin vergüenza.

Vivimos enfrascados en una patética doble moral. Fuimos el último país del mundo en tener una ley de divorcio, pero la mayoría de la población se declara infiel. Nos autodefinimos como desarrollados, pero nos da lo mismo ser uno de los países con la distribución de riqueza más desigual del mundo. Nos avergüenza hablar de aborto, comparándose nuestras leyes sólo con los países musulmanes, pero no nos puede importar menos que la mayoría de la población no goce de condiciones mínimas de salud y vivienda. Nos radicalizamos frente al consumo de marihuana, en una sociedad donde el impuesto a los libros es muchísimo más alto que el de las bebidas alcohólicas o el tabaco. Hablamos de generar nuevas oportunidades, pero qué importa si la mayoría de los chilenos vive toda su vida para pagar un título de educación superior que muchas veces ni siquiera garantizará un futuro económicamente sustentable. Nos morimos de vergüenza al ver a dos hombres caminando de la mano por la calle, pero somos indiferentes cuando leemos que a un gay le sacaron la cresta en plena vía pública.

Como chilenos, somos orgullosos de nuestros increíbles paisajes geográficos, ridículos en belleza y comparables con pocos lugares en el mundo, pero somos los últimos en conocerlos, demasiado ocupados veraneando en Reñaca, entre la superficialidad y las apariencias. ¿Por qué nos cuesta tanto apreciar las cosas más simples de la vida? Si soy un joven santiaguino, la vida no se puede concebir sin Wsap, sin mi Iphone, sin las 4×4 de mis padres. ¿Cuándo pasamos a estar completamente saturados de “necesidades” materiales que nos hacen cada vez más inútiles como seres humanos y cada vez más insensibles como seres sociales?

De las pocas cosas que estoy seguro en mi vida, es que yo no quiero seguir viviendo en esta sociedad, ni reproducirla, ni ser parte de ella. Estoy seguro que hay miles de formas de socialización muy distintas a la penosa realidad que estamos desarrollando. El primer paso para salir de nuestra sociedad basura es comenzar a pensar evolucionadamente, pero no en que gane el más apto, el más hábil, el más fuerte, sino en que ganemos todos.

Sabiendo lo que está mal, y sabiendo además el camino y la solución, hay una “clase” (bien mala clase) oligarca y gobernante, de un pequeño país bananero al fin del mundo, que simplemente no quiere dejar que Chile se desarrolle en una sociedad igualitaria, culta y ejemplar. ¿Y tienen el descaro de pasarse años, sin asco ni vergüenza, discutiendo si corresponde o no aumentar el sueldo mínimo en 5 lucas?

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4 Respuestas a “Cuando el santiaguino olvidó que era chileno

  1. Excelente mensaje Nico, no encuentro mejor manera de expresar como se comporta nuestra sociedad hoy en día , llena de superficialidades y banalidades.

  2. Estimado compatriota, creo que has tocado una tecla sensible en nuestra sociedad. Como tú bien dices, fuimos el último país del mundo en legislar sobre el divorcio. Y hay mas yerbas y no buenas. No te molestes que mañana te digan ese “judío” no es chileno, porque si no eres judío, te descalificarán por ser moreno, mestizo o cualquier cosa que les ronde en la mente. Isabel Allende escribió en su novela la Casa de los Espíritus: La sociedad chilena es una torta de mil hojas. La verdad? comparto esa reflexión. Hay de todos y para todos los gustos. Lástima que los porcentajes de los come mierda (disculpen la grosería)( come mierda les llamo, porque para aparentar se gastan el dinero en basura y lo que les queda es solo para comer m…a) son la mayoría y para sustentar esta afirmación no necesito estadísticas la praxis me es suficiente. Pasan cosas tan ridículas, que cuando releo el discurso de Gabriel García Márquez aceptando el Nobel casi no resisto la tentación de continuarlo. Si tu dices, tengo un resfrío la réplica es implacable, yo tengo tuberculosis. Desgraciadamente, hoy mi Chile del Alma, vive la sociedad del espectáculo. Ejemplos como arroz. A raíz de la dictadura muchos chilenos tuvieron que emigrar, la mayoría por razones económicas. Escuché hace poco una frase, que me causó mucha risa. La Abuela estaba orgullosa de que sus nietos fueran gringos ( que bueno se había sacado esa espinita de ser chileno, jajajaja). Todo bien. Nadie elige donde nacer y tampoco donde morir. Pero, usar ese argumento para sentirse mejor que los demás, para mi es deprimente. Nico (disculpa el tú) , por si no te has dado cuenta, Chile limita al Norte con el estado de la Florida. Tengo en las alforjas muchas anécdotas que serían un buen ejemplo del tema que tú levantaste. Saludos cordiales.

  3. Nico, lo lei cuando lo publicaste y lo vuelvo a hacer hoy dia.. cuanta verdad y de forma tan clara expones….!! ein. aleja kapara !!

  4. Sin ánimo de polemizar, sino que de llegar a puntos en común, me interesa poder rebatir algunos puntos. En las distintas cuestiones que el autor plantea, se puede seguir una idea central en la que guía su critica y nos hace ver a los chilenos cuan mal estamos. El punto central es que mientras mas nos acercamos a la costumbres, leyes, mentalidad de Estados Unidos y los paises europeos, si bien no de toda, pero gran parte de su población, habremos sido más civilizados, avanzados o como se le quiera llamar. Como no estoy de acuerdo, pondre ejemplos para ampliar la mirada. En el caso de la ley de divorcio, se omite que esta ley dañina deja en un estado de indefension a la mujer y los hijos, que resultan ser los mas desfavorecidos. El divorcio es la primera causa de pobreza de la mujer en la Union Europea. En el caso del aborto, considero que una sociedad mide su grado de humanidad en como trata a los mas debiles e indefensos, como los ancianos, enfermos, embriones. Matar legalmente es signo de desarrollo? No lo creo, Hitler lo hizo. Con respecto a la distribucion de la riqueza, nos falta etica, no solo en los cargos gerenciales, o acaso no roban algunos trabajadores?
    La sociedad es desigual porque Dios nos creo diferentes, yo no tengo determinados talentos o aptitudes que otras personas tkenen, eso es injusto? No lo creo.

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