Frágil futuro del pueblo judío

por MARTIN RAPAPORT, Est. Ingeniería Civil Matemática, U. de Chile.

 

Nunca me había sentido tan judío como en estos tiempos. Si bien me convertí al judaísmo, al no ser mi madre judía, y al no haber estudiado en un colegio judío ni saber hablar la linda lengua hebrea, sentía que mi relación no era tan fuerte o estrecha. Me sentía una persona limítrofe entre varios sistemas. Sin embargo, hoy en momentos de extrema fragilidad de la comunidad, me siento absolutamente parte de ella.

Sartre pensaba un judío no existe en sí mismo, un judío es tal por que otros lo llaman judío. Quizás, el judío sólo existe en los labios del antisemita. Y hoy día, vaya que hay antisemitismo por doquier, vieja pesadilla que continua en la Historia como un antiguo virus de la humanidad. Tanto en la extrema derecha como en el novedoso (acaso más inteligente) antisemitismo moderno que cree erronéamente ser progresista y de izquierda.

¿Por qué se ataca sistemáticamente al Estado de Israel? ¿Tiene esta pregunta alguna relación con el antisemitismo? ¿Por qué se culpa especialmente a Israel, por sobre todo el resto de las naciones, de ser un Estado terrorista? Israel es un Estado que funciona con lógicas de teoría de juego propias a la real política, como todos los otros. ¿Acaso son considerados terroristas además de Estados Unidos, por cierto (“el imperialismo” y demases…), potencias como Inglaterra o Francia? Los judíos en su gran mayoría (a excepción tal vez de minúsculos grupos de fanáticos religiosos) sentimos un profundo dolor por cada muerte palestina e inocente en el conflicto. ¿Por qué sólo la existencia y legitimidad de Israel está en permanente duda moral en el plano internacional? ¿Por qué Israel debe compadecer frente a los tribunales del progresismo? ¿No habrá detrás de un antisionismo radical, una negra expresión oculta de antisemitismo? Una cosa es criticar las políticas de Israel, obviamente legítimo, y otra muy distinta y ciertamente antisemita es pensar que Israel nació de una supuesta injusticia histórica que habría que remediar.

En una lógica perversa, no se estaría atacando el ser judío sino las políticas con las que solidariza. Preocupante y peligroso, el razonamiento sería: “Israel es un Estado terrorista, las asociaciones judías en el mundo apoyan a Israel, ergo los judíos son terroristas”. Se acusa a Israel de ser un Estado genocida, de practicar el apartheid con los palestinos, frente a lo que el nuevo hombre de izquierda, inspirado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se indigna y rebela, y sin mayor comprensión histórica ni de la complejidad de los hechos, o maliciosamente olvidándola, llama a combatir al Estado de Israel. En esta lógica, Hamas sería una suerte de legítima resistencia y violencia frente a un Estado opresor, en una simplista, anticuada y falsa dualidad marxista. ¿Cómo podría ser todo esto posible en la única democracia en Medio Oriente? Quien conozca Israel, fácilmente desmentirá esta visión sesgada y caricaturizada del conflicto. ¿No será Israel un nueva forma de chivo expiatorio?

¿Quién defiende hoy al judío? Para una derecha aristocrática clásica, el judío es un ser distinto a ellos, inmigrante de medio pelo. Del otro lado de la vereda, la izquierda lo ve con malos ojos en los prejuicios de ser cercano al capital, al poder y por ende, a las injusticias. Por toda la vieja Europa, teniendo incluso a Francia como mejor ejemplo, se suceden interminables seguidillas de actos antisemitas. La última, una horrorosa profanación de tumbas y cementerios judíos. Lo más relevante y triste es que los victimarios sean jóvenes, ello implica que el antisemitismo está siendo construido y amparado en el seno de la familia y de la escuela. En suburbios franceses, evidentemente marginados y discriminados,  cuesta enseñar la Shoah, y el caso Dieudonné y la popularidad que ha suscitado no es un caso aislado.

El filósofo y valiente intelectual Alain Fienkielkraut, de los pocos en alzar la voz frente a una corriente intelectual que sugiere callarse frente a estos temas, indica que el caso de muchos intelectuales es hoy  similar al de Sartre y tantos otros, que para no decepcionar a las clases obreras (las actuales clases populares en los barrios marginados), olvidaron y callaron los goulags soviéticos (hoy, un islamismo radical que se nutre de las desigualdades, desgraciadamente antisemita). Nosotros que ya sabemos lo que fue el siglo XX, nunca deberíamos olvidar que el silencio es cómplice de lo más horrendo. Basta con esa sumisión.

Es profundamente urgente que la izquierda actual se preocupe de las injusticas que sufren los inmigrantes no integrados, mal tratados como inmigrantes indeseados, perseguidos y humillados, viviendo discriminaciones de todo tipo. Existe una islamofobia sin precedentes, sin embargo, no por ello debiera olvidar otras manchas. Ningún sueño se construye silenciando pesadillas. La izquierda debe abrir los ojos, cuando los cierra se debilita y le da fuerza a los Frentes Nacionales. Sólo así podrá formarse una real izquierda con perspectivas de futuro, sino simplemente recordará que el rey está desnudo y lo encuentran magnífico.

Quizás allí haya alguna esperanza para el frágil pueblo judío. Netanyahu llama a los judíos europeos a partir a Israel. Quizás esté equivocado, y el camino del solitario judío (que ha hecho florecer tanto al mundo) sea siempre el caminar. Quizás la patria del judío sea siempre el exilio (espero que no sea así).

 

Foto: Reuters

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