Egocéntrica Cacería

por PAMELA NUDMAN, Arquitecto, U. de Chile.

Voy a escribir una lengua afilada y seca, dulce y temeraria como el abismo de una roca al borde de la muerte, de la tristeza y la sequía, impertérrita y lozana como princesa rosada de un cuento de hadas…

Una roca seca por dentro afilando su mirada, sus sentidos estáticos y aguzados a través de millones de eras, aguardando en calma, sin ningún atisbo de desesperanza o apremio, la llegada del beso suave que finalmente la mate de muerte fulminante y la transforme en flor de un día, mariposa de alas blancas delgadas y livianas, una cosa tan pequeña…

Aguardando al ritmo de un tiempo que la mente humana no concibe, una espera que no tiene relación con hechos, relojes, días o noches, ni mareas…

Tan dulce, envolviendo era tras era, como una ostra galáctica que rodea de nácar ese átomo de arena inexistente para transformarlo en joya, desgarrado de cuajo al final –su nacimiento-  por nuestro pequeño e ilusorio fucking tiempo.

Una lengua es diferente de mi lengua. La roca y yo no somos lo mismo, pero a veces uno imagina que somos lo mismo. Hombre ahí solo en medio de la nada, tan necio.

Y así entonces voy danzando de una manera tan introvertida, en cada giro me voy acercando más a ese ombligo que me conectaba con la madre, que va inundando todos mis pensamientos, pasos, miradas…. en cada vuelta sobre el aire agarro unas cuantas notas de alimento volátil y efímero, ego (deseo) crece por un instante hasta el cielo, y luego caigo abajo, muy abajo, mucho más abajo de la tierra y del cielo, mucho más abajo que esa roca que vive desde siempre fuera del tiempo…

Ni siquiera soy capaz de respetar a esa piedra ancestral sobre la cual nació el primer hombre que lloró y se lanzó tras la persecución y cacería despiadada de ese pobre tiempo, que por más que desfallezcamos y nos matemos unos a los otros, no puede tener dueño. Pobre él, que sigue luchando solo en medio de la nada, persiguiendo los minutos de un reloj muerto.

¡Sigamos la cacería, hermanos!, grita desde su propio pedestal cada individuo que se observa a sí mismo desde miles de ojos ajenos. La lengua afilada sigue aguardando, como un puma salvaje y hermoso, ese ancestral -y futurista- momento.

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