¿Realmente la prohibición al matrimonio con no judíos viene de D’s?

por PAULA KOFFMANN, Est. Derecho, U. Diego Portales. Ex alumna, Instituto Hebreo.

El mejor regalo que puede recibir el ser humano es su complemento, su otra mitad, para enfrentar juntos este viaje llamado “Vida”, que siempre será mejor vivirla acompañada de alguien que sabes que, noche y día, sin importar qué, estará para acompañarte en las buenas, las malas y las peores.

Si D’s es bueno, no puede ser clasista, racista u homofóbico, puesto que estos son adjetivos propios de lo humano, no de lo divino. Nadie elige la cuna en la que nace, si es de oro o de cartón, el color que tiene su piel, o la orientación sexual que tenemos. ¿Acaso D’s no nos mira a todos iguales? Si nos bendijo con la poderosa capacidad de amarnos entre nosotros, ¿a D’s le influye si las personas nos amamos en una relación interracial, inter clase social, o en una relación homosexual? ¿Influye la clase social, la raza o la orientación sexual para darnos su bendición? ¿Podemos pensar que D’s es un ente malo?

No justifiques tus prejuicios en nombre de D’s, no opines como los que cometieron los peores crímenes contra la humanidad, en nombre de D’s. Todas las personas, sin distinción de sexo, raza o clase, fuimos bendecidos con un corazón que nos invita a amar. ¿Realmente D’s condena los matrimonios entre judíos y no judíos?

Si su respuesta fue sí, yo pienso que usted está loco, ¿cómo utiliza el nombre Sagrado de D’s para legitimar su discriminación encubierta? Si D’s nos invita a amar y ser amados, a ser libres de toda atadura, ¿cómo te atreves a utilizar tus prejuicios en algo que es exactamente lo opuesto a estas enseñanzas?

No me cabe duda que D’s es amor, lo noto en cada momento de mi vida. En el calor cálido de mis amigos, en los besos que nos damos con la persona que amo, lo noto cuando me comprometo en una relación seria en pareja, en la familia que está esperándote 9 meses para conocerte y ya te aman desde el primer momento en que saben de tu existencia, con los brazos abiertos, sin restricciones, y te apoyarán incondicionalmente. Lo noto cuando me comprometo conmigo misma, con lo que soñé toda mi vida, de manera apasionada, que nos impulsa a ser mejores, un motor que nos permite avanzar con motivación y determinación, impulsados desde el fondo de nuestra alma. ¿No resulta absurdo imponer restricciones de raza, clase, sexo o religión a aquello que nos motiva a ser mejores personas?

Si uno se excusa en las sagradas escrituras y señala que D’s condena los matrimonios con no judíos o entre homosexuales, es directamente porque no le gustan. La religión no es más que una creación humana. Por algo, D’s nos dio una fe que nos motiva respetarnos entre nosotros, como lo más importante.

Pensar que D’s sólo quiere que nos casemos entre judíos, o entre heterosexuales, o entre ricos, o entre blancos, implica reconocer un D’s erróneo, malvado, que nos restringe de lo más bello que puede sentir el humano: el amor puro, sin condiciones. ¿Si D’s derechamente determinó que el amor fuera incondicional, por qué las religiones se atreven a condicionarlo?

¿Para qué D’s nos hizo tan diversos? D’s nos creó a su semejanza, D’s nos quiere para conquistar el mundo con amor. No debemos oprimir a los que no se asemejan a cierto estereotipo. Al igual que el derecho, la religión debe ser dinámica y adaptarse a las necesidades del hoy y no del ayer.

Seamos libres y amémonos mucho, y ampliemos ese amor a toda clase de amor que podamos sentir, para darnos cuenta que somos diversos y todos merecemos el mismo trato de dignidad. D’s, la humanidad, lo piden con urgencia.

La jupa es el grito al cielo que como humanidad triunfamos, porque triunfó el amor. Pensar que el que no es judío se debe convertir, según los preceptos de D’s, es tan absurdo como se afirma en Irán respecto a los matrimonios, que pueden casarse sin importar su sexo, siempre y cuando ambas sean heterosexuales, es decir, en una pareja homosexual, uno debe convertirse al otro sexo para poder celebrar esta unión. Así de ridículo y absurdo puede llegar a sonar.

¿Qué clase de D’s pide que renuncies a tu propia identidad para estar con la persona que decidiste amar?  ¿Estarían dispuestos a renunciar a todas sus creencias y tradiciones milenarias porque la institución religiosa de su pareja se lo exige? ¿ES realmente esa la voluntad de D’s?

Como comunidad, tenemos la obligación moral de reconocer la diversidad que nos caracteriza, la obligación histórica de reenviarnos como comunidad diversa y celebrar el amor libre, sin restricción, puesto que así D’s lo dispuso.

¿Será traición a D’s desconocer y deslegitimar los diversos contextos que Nos dio para amar y ser amados? En EE.UU, se encuentra la mayor comunidad de judíos del mundo en la diáspora, donde se reconocen y legitiman los matrimonios con no judíos, o los matrimonios judíos gays, bastando sólo que se amen.

Para los matrimonios entre judíos y no judíos, además se puede hacer una ceremonia con ambas autoridades religiosas, con un sacerdote y con un rabino, en una boda mixta, y así nadie tuvo que renunciar a sus creencias y su propia identidad para casarse con el otro. D’s nos ama a todos, sin distinción. Donde D’s no hace distinciones, que tampoco lo haga un rabino.

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