Yo, Sociedad y Di-os, somos lo mismo.

por NICO RIETHMÜLLER, Est. Heschel, Seminario Rabínico Latinoamericano. Sociólogo, U. de Chile.

Prédica para la Comunidad Bnei Tikva en la segunda noche de Rosh Hashana. Buenos Aires, Argentina. 

Hoy somos juzgados por nuestras acciones, y tenemos 10 días hasta Kippur para atenuar nuestra sentencia hasta que se inscriba nuestro destino, como rezamos hoy, a través de teshuva, tefila y tzedaka. La teshuva con uno mismo, la tefila con D’s, y la tzedaka con los demás, simbolizando los tres ámbitos de relaciones del ser humano. Se inicia un período de pausa e introspección, en el que debemos evaluarnos y auto juzgarnos. ¿qué tan justas son nuestras acciones? Si no fuimos lo suficientemente justos, no nos queda más que pedir perdón.

Frente a nosotros mismos, la teshuva nos obliga a miramos hacia adentro, desde lo más superficial hasta lo más profundo. Partamos por nuestro cuerpo, revisando cosas tan cotidianas como lo que comemos, y esto no se trata solamente de la distinción entre lo kosher y lo no kosher. Un judío podría pasar todos los días comiendo kasher y de igual forma atentando contra su salud. Nuestra integridad física también debemos revisarla según qué hacemos con nuestro cuerpo. Con nosotros mismos, también debemos evaluar qué hacemos con nuestra mente, ¿a qué la estoy sometiendo? ¿qué cosas estoy consumiendo que atrofian mi capacidad mental? ¿qué pensamientos estoy teniendo que pervierten mis valores? Por último, debo evaluar mi alma, ¿cómo he desarrollado este año mi capacidad de amar? ¿Qué sentido tiene mi vida si no soy capaz de amar?

En mi relación con los demás, la tzedaka o justicia social busca reparar las injusticias de todo el mundo, siendo el judaísmo relevante hacia toda la sociedad. Pero, ¿cómo podemos el 0,2% de la población mundial ser responsables de la sociedad? No basta con estar pasivamente los 365 días del año sin hacer cosas negativas, al contrario, debemos ejercer un rol activo como agentes de cambio social que decidimos emprender en construir una sociedad más justa para todos. ¿qué estoy haciendo para que hayan mejores condiciones de vida para todos? ¿qué cambios he provocado en la sociedad que hayan permitido repararla? Si la respuesta es nada, pidamos perdón y avergoncémonos. Debemos entender que todo hombre posee derechos infalibles que no pueden faltarle, y que es responsabilidad de todos que se respeten, aseguren y garanticen. El mundo es símbolo de vergüenza en muchísimos aspectos, y nuestra pasividad también debería serlo. Un año tiene 365 días, y si en todo ese tiempo no logré realizar ningún cambio en la sociedad, por muy mínimo que fuere, dejé pasar un año en vano, y el tiempo no está para botarlo a la basura. Las decisiones se toman hoy, el cambio hay que hacerlo ahora.

El dolor de los demás, por muy lejos que se encuentren, por muy distintos que sean a mí, es nuestra responsabilidad, la de cada uno. Esto no es optativo, es obligatorio, no solo por ser judíos, sino porque somos seres humanos.

Hace ya casi 20 años, un joven de apenas 11 años de edad, un niño en EE.UU, leyó en un diario que otro niño de su misma edad había sido asesinado en un país africano porque se había rehusado a ser esclavo. En esa aldea, los padres entregaban a sus hijos como esclavos a cambio de agua potable, vendiéndolos por apenas 11 dólares. 11 miserables dólares cuesta la vida de un niño africano. El joven americano llevó el diario a su curso y junto a 6 amigos más formaron lo que hoy es una de las ONGs más importantes del mundo, combatiendo la esclavitud en África a través de la búsqueda de pozos de agua potable, recibiendo miles de dólares de todo el mundo, el apoyo de muchísima gente, luchando y ganando la libertad de cientos de esclavos, y la gratificación eterna por construir una mejor sociedad para todos. No nos quedemos en la resignación cómoda de que no podemos hacer nada por lejanas causas, porque por sólo 11 dólares podemos comprar la libertad de un niño esclavo.

¿Cómo podemos juzgar nuestra relación con D-s? El judío no será salvado por su creencia en D-s, será juzgado por la integridad de sus acciones cometidas, por los valores detrás de ellas. La palabra Shadai, de la shin en cada mezuza, es una sigla cuya primera letra origina la palabra Shomer, guardián. Pero no es D’s el guardián, somos nosotros los que tenemos que convertirnos en verdaderos guardianes del prójimo.

El carácter divino está en cada uno de nosotros, D-s está en lo más profundo del hombre, lo más significativo, en la dignidad de las relaciones entre las personas, inculcando valores sociales y combatiendo lo superficial. Mientras menos utilitaristas sean mis relaciones con los demás, más divinas y sagradas son.

Para el judaísmo, el judío tiene una clara obligación: Letaken olam bemaljut Shadai, reparar el mundo bajo el reino de D-s. Si bien el hombre no creó el mundo, el hombre sí tiene la obligación de repararlo. ¿Y cuándo seremos realmente capaces de esto? Cuando nuestro objetivos individuales estén completamente ligados a los de la sociedad. Cuando mis intereses personales sean completamente colectivos, cuando el deseo individual y egoísta sea sinónimo de bien común y bienestar social. Y acá terminan uniéndose los tres tipos de relaciones que tiene un ser humano, y entendemos que son uno mismo.

El hombre crece y se enriquece en su capacidad de entregarse al otro. Su entrega al otro implica la búsqueda de generar cambios cada vez más significativos para construir un mejor lugar para vivir para todos, y esto se traduce en hacer más dignas las relaciones sociales. Poner el nombre de D’s entre los hombres es hacer de estas relaciones, al mismo tiempo, más humanas y más sagradas. El hombre debe una responsabilidad moral y social hacia todo lo que lo rodea. Tefila, Teshuva y tzedaka no son realmente tres ámbitos distintos. El secreto está en entender que D’s, Yo y la sociedad somos lo mismo.

Aprovechemos estos días de reflexión e introspección para darnos cuenta de todo lo que nos falta por hacer, y seamos más protagonistas de nuestras vidas, tomando la obligación de reparar la sociedad como una obligación personal. No es el hombre el que debe trabajar a favor del judaísmo, son los judíos los que debemos trabajar a favor de la dignidad humana. 

Que no lleguemos a otro Yom Kippur para solamente tener que pedir perdón ante nuestra identidad judía, ante nuestra comunidad, nuestro pueblo, la sociedad y ante D-s. Perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú

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