La crítica como tradición judía

por DANIEL NACHARI GELFENSTEIN, Est. Psicología, U. del Desarrollo.

 

“Jutzpá” es un término característico del judaísmo, un rasgo de personalidad arquetípica basado en la “Irreverencia” o “Contrapropuesta”. Si bien el poder contestatario no es exclusivo del pueblo judío, es innegable que, más allá de caer en distinciones genealógicas, el judaísmo se caracteriza por promover la discusión y reflexión. Es una tradición de generaciones que constantemente se pelea con sus antepasados y sus textos, generando reflexiones y dilemas que no logran callar a nadie, hasta el punto que la relación de maestro-discípulo está mermada en la dinámica que el segundo podría superar al primero.

En el libro “Los judíos y las palabras” de Amoz Oz y su hija Fania Oz-Salzberger (2015) , se afirma que Sigmund Freud, judío y padre del psicoanálisis, decía que tanto los judíos como los no judíos estaban envueltos en la neurosis (conflictos intrapsíquicos), pero los primeros serían, comúnmente, más propensos a la autocrítica y a la sensibilidad de la opinión ajena, además de envolverse en la característica de “Jutzpá”. Estos rasgos se fundamentan en la necesidad de supervivencia, tanto física e intelectual, que se ha tenido que fortalecer mediante diversas persecuciones acaecidas. Sin embargo, la lógica de la dinámica de discutir como acto de supervivencia, se produce además como una argumentación identitaria que recaería en una constante búsqueda de la verdad. No es casualidad entonces que los judíos, y en particular Israel, le otorguen un espacio importante a las temáticas de seguridad y defensa, pero sin olvidar su autocrítica.

Otro factor importante es que el judaísmo tiene una noción histórica en que se mira constantemente al pasado. Incluso, la palabra “Antigüedad” en hebreo se dice “Kedem”, pero esta a su vez proviene de la palabra “Kadima”, que significa “De frente”. Es decir, existe un vínculo que se entabla entre el pasado y el futuro, resultando en que, para el judaísmo, se debe avanzar al futuro mirando siempre nuestro pasado. Este cuestionamiento del pasado se puede ver concretamente en las festividades judías. En Pesaj, nos preguntamos sobre la esclavitud en Egipto; el “niño que no sabe preguntar” hace hincapié en el aprendizaje crítico que se desea desarrollar en la infancia. Pero la vinculación pasado futuro es tan fuerte que uno mismo tiene que vivir la salida de Egipto para el futuro de nuestras vidas.

Esta mirada hacia el pasado no es entendido como algo condenador. El judaísmo también enfatiza que la persona estudiosa debe innovar, generar un “Jiddush”, una novedad. De nada sirve sólo repetir lo aprendido, hay que innovar mediante la mirada crítica del pasado y, sobre todo, del presente.

La irreverencia judía se puede ver claramente en su constante intento por establecer la equidad social. La tradición judía rescata especialmente la persecusión de la justicia, constante ansia que se estipula como línea conductora. Los judíos convivieron históricamente en “kehilot”, formando comunidades donde la autosuficiencia era vista como un derecho. Desde ese lugar, el pueblo judío demostraba irreverencia y cuestionamiento a lo convencional. La “Tzedakah” (acto de justicia social) es vista como el cumplimiento del derecho del otro y no como simple caridad; el conocido “Tikkun Olam” (corregir el mundo) es un lema primordial en las instituciones comunitarias. En la diáspora, los judíos viven en comunidades con redes de ayuda al projimo.

Desde estos léxicos y lugares, surgen los judíos más conocidos de la historia moderna, y que más allá de si eran religiosos o laicos, ninguno se excluye de la presencia implícita de estos patrones culturales en sus vidas. Entre varios transformadores que cambiaron la realidad sociopolítica del mundo, se encuentran: Karl Marx, Hannah Arendt, Albert Einstein, Sigmund Freud, Martin Buber, Naomi Klein, Judith Butler, Franz Boas, Baruj Spinoza, Irving Goffman, Peter Berger, Herbert Marcuse, Zigmunt Bauman, Thomas Luckmann, Teodor Adorno, Emanuel Levinas, Hermann Cohen, Max Horkheimer, Emile Durkheim, entre cientos otros.

Lo que une a todos estos autores judíos es el cuestionamiento a discursos dominantes. La capacidad creativa, innovadora, coherente y de preocupación social que los movilizaba. La búsqueda de la verdad por medio de la “Jutzpá”. Los discursos dominantes son entendidos según la lógica del espacio-tiempo vivido, y hoy los discursos dominantes implican Xenofobia, Racismo, Sexismo, Clasismo y el Consumismo.

La lógica del capitalismo hoy ha normalizado el individualismo y egoísmo como una manera aceptable de las relaciones humanas e imposibilita la apreciación del otro de manera genuina, sino que instrumentaria. Naomi Klein en “La doctrina del Shock” (2007) se cuestiona la falta de ética del capitalismo y la globalización para ser conductores de nuestras vidas. Esto debido al uso de la competencia como motor de la vida humana y el miedo como dispositivo de control.

Desde una mirada judía, este discurso dominante, más allá de que coincida o no con la propia tendencia política de cada uno, debe ser cuestionado y reflexionado constantemente. Incluso, Klein sostiene que el gran triunfo del neoliberalismo es convencer que no existe otra alternativa a ello. Pero para el judaísmo, la búsqueda de la verdad es justamente lo contrario, el promover la crítica y tratar de alcanzar la equidad de derechos. Más allá del tinte político, no se puede establecer un orden social como ley; en particular, uno basado en los antivalores de nuestra cultura.

Como judíos, tenemos una responsabilidad ética de persistir en cuestionar discursos dominantes, porque el cuestionamiento y la crítica es la actividad motora de nuestro pueblo. Es nuestra esencia creadora, y la manera que tenemos de hacer frente al mundo. Las preguntas son nuestras raíces, y la ignorancia no debería tener cabida. No vengamos, después de milenios de tradición, a callar opiniones disidentes y divergentes. Nuestra propia existencia se la debemos a nuestra noción de Tikun Olam, Kedem, Jiddush y Jutzpá.

 

Cuadro: Discusión Talmúdica, Carl Schleicher

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