Operación Pantalla de Humo

por ALEJANDRO BEREZIN, Est. Ingeniería Comercial, U. Adolfo Ibáñez. Shnat Hajshara Majon Le Madrijim, Hashomer Hatzair.
El conflicto árabe/palestino-israelí se ha transformado en un eje central en la vida en Israel y como no, también en la vida de todos los judíos. Es el núcleo principal de debate tanto dentro como fuera de las comunidades y no deja a nadie indiferente, pues no solo estamos hablando de tierras, religión, dinero y diplomacia internacional, sino de vidas; de cómo la vida de un israelí es diferente gracias al conflicto, de cómo cambia la de un judío en la diáspora, de cómo transforma la de las comunidades palestinas tanto en los territorios ocupados como en todo el mundo, y cómo nadie queda sin opinión frente a este acontecimiento (sea fundada o no).

Son años de combates, son años de persecuciones, de declaraciones, y sin embargo, las soluciones no dejan de ser solo ideas o planteamientos que quedan en nada. Ni siquiera estamos frente a un juego de buenas intenciones que son incapaces de realizarse, sino que frente a un engaño enorme por parte de los liderazgos a cargo de esta pugna y una fácil aceptación por parte de la población, sobre todo la israelí.

Una pantalla de humo es lo que esta haciendo Netanyahu desde hace ya años, y las personas siguen ciegas frente a una realidad que es casi innegable, sumado a la fortuna que tiene el primer ministro israelí por el contexto en el que ha desenvuelto su mandato: errores graves de la dirigencia palestina en las “negociaciones”, atentados terroristas que pueden cubrir las inmundas políticas de asentamientos, un discurso de seguridad que vende más que cualquier otra cosa en este país, las historias de cómo la derecha hizo la paz en el pasado, etc.

El humo de Netanyahu el 2009 a nivel público declara que acepta la fórmula: dos Estados para dos pueblos. Esta situación suena bien, es agradable de oír, demuestra el progreso del ala israelí respecto al conflicto y nos hace creer en que un futuro mejor es posible y que la paz llegará algún día. Sin embargo, las negociaciones han estado condicionadas por elementos totalmente prescindibles y por inmadureces políticas que lo único que hacen es estancar el proceso de paz, lo que a nivel mediático es vendido como un fracaso, pero a nivel político es un verdadero triunfo para la derecha israelí, el Likud en particular, y en especial, para Bibi.

¿Para qué buscar la paz, si eso les quitaría el gobierno? Pregunta que los votantes israelíes no se plantean. Lo que mantiene al Likud en el poder es el discurso de la seguridad. Se decidió por el recurso del terror y del rol de víctima de Israel en medio oriente para vender un ejército fuerte y aumentar sustancialmente el gasto del PIB en el área bélica.

Ninguna sociedad que viva en el estado de la sociedad israelí rechazaría tal oferta, con el miedo que un misil caiga sobre sus cabezas o que estalle un nuevo conflicto armado, sin embargo, si la paz definitiva no llega, no hay forma que esta inestabilidad se calme.

Se supone que las negociaciones se rompieron esta vez por la nueva unión entre el Hamas y Al Fatah, unión que condeno pero que plantea un serio dilema: cuando Fatah y Hamas estaban separados, un argumento de Israel para cuestionar las negociaciones era que el pacto no sería representativo, pues habría paz con Cisjordania y seguirían llegando misiles desde Gaza. Por otro lado, hoy que esa unión es una realidad (al menos en el discurso aparente), el argumento es que no se negocia con terroristas, siendo que el líder de este pacto sigue siendo con quien se ha “negociado” todo el tiempo.

La solución a los problemas es la paz definitiva, para la cual se necesita dejar los planteamientos irracionales que solo cierran caminos. Netanyahu lleva levantando humo desde ya casi 5 años y es hora de despertar. No tenemos que dejar que nos tapen los ojos con argumentos vagos, dejemos de creer en el discurso televisivo y vamos un paso más allá, a leer las intenciones políticas detrás de los hechos, a percibir las contradicciones de los encargados del camino hacia la paz, a entender que detrás del discurso de paz hay un total interés de mantener este status quo. Si queremos la paz, a abrir los ojos y activar por ella.

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