La CJCH ciega al flash de la foto… ¿y la educación?

por SHAI FRENK, Est. Ingeniería Comercial, U. Diego Portales. Ex Rosh, Tnua Tikva, Comunidad Nueva Benei Israel.

 

Hace más de 70 años, en una de las épocas más oscuras que vivió el pueblo judío y la humanidad,  las tnuot tomaban un rol importantísimo en la vida de las personas que vivían hacinadas en los guetos.  Se preocupaban de recolectar comida y repartirla para tratar de apaciguar esa hambre infernal, intentaban distraer a los niños mediante juegos e historias, y lo más importante de todo: los educaban. Les enseñaban cosas que les servirían el día de mañana, aun cuando el futuro parecía no pasar la próxima esquina, donde sólo el pensar en su propio futuro a veces sonaba como ciencia ficción. Esa labor es la más grande, dar futuro, porque uno sólo tiene futuro si es que tiene presente. Las tnuot le dieron ese presente a esos niños que muchos ya daban por muertos.

Durante mi estadía en Israel para shnat hajshará, en el Majon le madrijim, instituto de capacitación para madrijim, un profesor, Eddy Lazar, prácticamente el gurú de la educación no formal en Latinoamérica e Israel, nos hizo una pregunta a todos sus alumnos en la primera clase: “¿Quiénes de ustedes sienten que su vida en la tnuá aportó más que el colegio en convertirlos en lo que son hoy?”. Para mi sorpresa, de una sala donde había aproximadamente unos 40 alumnos, de múltiples nacionalidades, historias y personalidades, unos 30 alumnos alzamos la mano. Siempre estuve convencido de lo significativo que era lo que hacíamos en las tnuot, pero no fue hasta ese momento que entendí el tremendo poder que cargábamos. 4 horas en un lugar a la semana eran más efectivas en formar a las personas que 40 horas en otro, es decir, las tnuot son 10 veces más efectivas que el colegio en influenciar la vida de sus miembros. Durante mis próximos años en la tnuá, repliqué la pregunta y el resultado siempre fue similar.

A lo largo de los 3 años en los que fui hanagá (directiva) de mi tnuá, de los cuales dos tuve el privilegio de ser Rosh (la cabeza de mi movimiento juvenil), tuve múltiples reuniones con diversos representantes de muchas organizaciones de la comunidad judía en Chile. En que mi primer año, iba entusiasmado ya que sentía que juntos lograríamos hacer cambios sustanciales en la vida de nuestros janijim y madrijim, y que compartíamos la misma visión de lo importante que era nuestro rol. No podía estar más equivocado. Si bien en cada reunión salía con una palmada en la espalda e icónicas frases como “ustedes son el alma de la comunidad” o “ustedes son el futuro”, a la hora de las acciones, todo quedaba en nada. Esas juntas terminaban siempre de dos maneras; la primera, pedirnos algo, desde que llenemos un acto para mostrarle a Chile o a los adultos de la comunidad lo activa y dinámica que es nuestra colonia y lo mucho que participan los jóvenes (jóvenes que de hecho van en su mayoría obligados a estas cosas, nunca vi a ningún madrij contento por tener que ir a la pomposa Tefilá por Chile), hasta pedirnos que pongamos un stand, disfrazándolo como que era una gran oportunidad para nosotros, cuando en realidad era para que su evento se viera más lleno.

Por otra parte, el segundo resultado posible que se daba en estas reuniones era la frase, “¿en qué podemos ayudarlos?”, la cual suena muy alentadora, pero al responder esta pregunta de muchas formas (excepto pedir plata, que era la opción más obvia pero no la respuesta que buscaban) casi nunca eran cosas que se concretaban o eran cosas que se escapaban de sus manos, por lo que finalmente decidí responder a esta pregunta con otra, ¿en que sí pueden ayudarnos? A todos los que les pregunté esto, quedaron descolocados y la respuesta, nuevamente, era casi siempre la misma de parte de todas las organizaciones, “capacitadores”. Pero cualquier persona que tenga al menos alguna noción sobre procesos educativos, sabe que capacitaciones aisladas no van a hacer crecer a las personas.

Entiendo que para la CJCH sea importante que la imagen de nuestra comunidad sea buena a los ojos de Chile, pero me parece insólito que eso acaparé el 90% de su tiempo, mientras que no existe actualmente un Consejo Juvenil Sionista. Donde además, si bien ha existido, los últimos años sólo se dedica a preparar los “grandes” eventos intertnuot, sin preocuparse de ideología, educación ni judaísmo. Que si bien existe la FEJ (que sus miembros hacen una admirable labor), sólo es tomada en cuenta ya que aporta a esa imagen de lobby político y de apariencias que se quiere mostrar, y a nadie más que a sus propios miembros les importa su legitimidad.

Los adultos de la comunidad no tienen ni la más mínima idea  sobre los principios y valores que hay detrás de cada tnuá, menos de la FEJ, y nuestras autoridades tampoco. Dudo profundamente que crean que las cosas están bien como están y que no pueden ser mejoradas, ya que si bien todas las tnuot hacen constantes cambios, la mayoría son superficiales, y el modelo de tnuá, especialmente en Chile, no ha cambiado nada en 100 años. Trágico, si consideramos nuevamente el dato de lo que afecta la tnuá en la educación de nuestra juventud.

Los jóvenes valoramos nuestra autonomía al trabajar en la tnuá, nos hace crecer y es parte del aprendizaje, pero que no se sepa lo que pasa dentro significa que no se sabe en qué se va a convertir la comunidad. Nuestras autoridades deberían ser capaces de aprender la identidad de las tnuot, sus diferencias, aportar con propuestas educativas, fomentar el debate, dar información a los miembros de la comunidad, información real, no sólo quien gana el festival y publicar en La Palabra Israelita sus “logros”, que muchas veces son logros de otros. Algunos quizás digan que lo han intentado, o que no hay interés de las otras partes. Yo toqué diversas puertas para esto, incluso la del Instituto Hebreo, y todas fueron cerradas con indiferencia.

¿Cuántas décadas más van a pasar hasta que la directiva de la CJCh decida hacerse cargo de esta responsabilidad postergada? Si bien sirve dedicarse a hacer lobby para aparentar y dar una buena impresión, no importa lo “lindos” que nos veamos hacia afuera, los dilemas de nuestra comunidad, y especialmente de nuestra juventud y nuestras tnuot, son muchísimo más profundos y complejos, y no los va a resolver una foto con algún político de turno que llevamos a algún jacuzzi en un buen hotel.  La educación es el motor de nuestro pueblo, de nuestra comunidad y juventud, y el máximo representante que tenemos para ello son las tnuot, precisamente, la última prioridad en la institución. Cuando la CJCh entienda que la educación importa más que un bagel de salmón, quizás nuestra comunidad comience a dirigirse a un futuro prominente para todos.

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