Reflexiones desde el Encierro

por JULIAN MARCU, Téc. en Recreación y Tiempo Libre, Inst. Superior de Tiempo Libre y Recreación. Coordinador de Recreación, Club de Amigos.

 

1.

¿Entonces es domingo? ¿Acaso me perdí en el calendario?
No sé cuántas veces caminé del cuarto al comedor, tampoco cuántas veces abrí Instagram.
No sé exactamente cuánto tiempo me lleva dormirme, pero sé muy bien dónde me levanto y qué haré el resto del día, o eso creo.
Perdí la cuenta de decir “qué loco todo esto” y tampoco sé cuántas veces escuché. “coronavirus Covid-19”

Salgo y aplaudo a la misma hora. Agradezco y felicito a quienes están luchando para que esto termine lo más rápido posible, pero todavía no conocí a mis vecinos.
Salgo y miro por el balcón.
Salgo y miro por el balcón y tomo aire. Miro al norte, al sur, al este y al oeste.
Quizás deba aprovechar la cuarentena para mirar dentro mío.

2.

El cielo nos regala colores.
La naturaleza vuelve a su lugar.
Encerrado estoy incómodo, quisiera salir a caminar.
Quiero saber que esto está por terminar y que nunca más me tengo que encerrar.
Las noticias me angustian. A mi cabeza le cuesta soñar.
Escucho canciones que me hagan pensar y otras tantas para poder cantar.
El encierro me hace extrañar, me da ganas de llorar pero también de gritar.
¿Qué pasó? ¿Qué hicimos para llegar hasta acá?
Ahora tengo una historia para contar.

3.

Entonces salí a pasear.
No encontré a nadie. Fui a cada rincón donde me gusta jugar y no había nadie.
Caminé y caminé y seguí sin encontrar a nadie.
Busqué comida donde siempre me dejan pero esta vez no había nadie.
Pensé que mis amigos estarían donde siempre los veo, pero no había nadie.
Fui al árbol en donde siempre hago mis necesidades y ahí me quedé un rato pero tampoco había nadie. Encontré un parque abierto y decidí tirarme a dormir para descansar un rato y ver si la cuidad se despertaba, pero cuando me levanté tampoco había nadie.
Hace unos días atrás, cada mañana mis amigos salían a pasear y con ellos me cruzaba. Ahora los escucho ladrar desde sus balcones y no entiendo qué pasa que no les abren la puerta para salir a jugar.
Historia de un perro callejero que no entiende qué nos pasa.

4.

Cabernet, Malbec o Rosado, elegí con cuál brindamos, el mundo está cambiando.
Ahora no quiero dar la vuelta al mundo ni conocer destinos raros, quiero ver a mis amigos que tanto extraño.
Mesa larga y llegar temprano para pegarme a cada uno con un abrazo.
Traigan las ensaladas que quiero mojar el pan para olvidarme de esto que fue mundial.
Más vino por favor y también un Choripán nunca pudimos volver el tiempo atrás.
La palabra cuarentena quedará en la retina, justo ahí donde las cosas no se olvidan.
Mil veces vi el partido de Argentina y Alemania pero la pelota tampoco entra.
¿Por qué no ganamos ese mundial? Quizá teníamos otras batallas que ganar.
Acá estamos para volver a empezar.

5.

Algún día la guerra terminará.
Volveremos a salir a la calle.
Volveremos a la vida cotidiana.
¿Qué pasará cuando todo termine?
El home office se potenciará.
Quizá la modalidad de la escuela se modifique.
Puede ser que los gobiernos le den más bola a la ciencia.
Podemos cuidar más el mundo.
Cuando todo termine quizá nos acordemos lo lindo que es dar un beso.
Cuando todo termine quizá valoremos lo lindo que es dar un abrazo.
Cuando todo termine nos volveremos a encontrar pero no de la misma forma en la que todo comenzó.
¿Qué pasará ahora? ¿Qué pasará mañana?
Todo me genera más preguntas que respuestas.

6.

Estamos tan adentro que usamos zoom.
Queremos seguir saliendo y usamos house party.
Buscamos saber qué hacen los demás y abrimos Instagram.
Queremos saber cuáles son las tendencias del día y entramos a twitter.
Queremos usar la imaginación y leemos un libro.
Movemos el cuerpo a través de clases online.
Evitamos la cama para no creer que no hacemos nada.
Trabajamos la creatividad con la cocina.
Aprovechamos a ordenar.
Jugamos para matar el tiempo.
Gritamos por la ventana en busca de una respuesta inesperada.
Miramos Netflix en busca de algo nuevo.
La cuarentena llegó para quedarse.
La cuarentena llegó para darnos una lección en esta vida.

7.

Somos libres pero estamos encerrados.
Nunca el tiempo es suficiente.
Cuando lo tenemos a nuestra disposición no sabemos qué hacer.
No va ser la primera vez que tengamos que guardarnos en casa.
Será la primera de otras tantas.
El sol comienza a bajar y las ganas de salir aumentan.
Cuando baja el sol me da ganas de extrañar, de abrazar y de llorar.
Tengo muchas preguntas y pocas respuestas.
El atardecer acompaña una sensación de vacío.
El cielo nos regala sus colores para que nos asomemos a la ventana y lo disfrutemos.
Falta menos, cada vez falta menos.

8.

Hoy es lunes y no de reuniones
Hoy es lunes y no de transportes ni apretones.
Hoy es lunes y no hay llegadas tardes.
Hoy es lunes.

Lunes otra vez. No llegué tarde a cursar y tampoco pisé una baldosa floja.
Un lunes en donde no se habla de fútbol.
Las chicharras le cantan al sol. Siempre pongo la misma canción.
Busco películas para hacer una maratón y recetas de cocina para alimentarme mejor.
Lunes y quiero saber ¿cómo estás?
Me di cuenta lo linda que es la libertad.
Me gustaría tener alas para poder volar.
Cierro los ojos e intento soñar qué va pasar cuando esto esté por terminar.
Te voy a ir a buscar y te voy a abrazar. Te prometo que nada como esto nos volverá a separar.

9.

Una amiga me dijo:
-Tengo miedo que cuando todo esto termine no podamos abrazarnos.
Mientras estamos encerrados la naturaleza descansa. El aire vuelve a ser más puro. Los animales vuelven a tomar su lugar. Las fábricas dejan su humo constante por un rato. Los ríos pueden fluir sin tanta basura. Los aviones se quedan en sus países.
Los hasthag titulan los temas importantes. Son las videollamadas las que nos reencuentran. Son los juegos aquello que nos distrae. Son los días de la semana los que fueron reemplazados por números que generan una cuenta de cuánto días llevamos encerrados y cuántos días faltan. Nos guiamos por la luz de afuera y no por las horas. Extraño abrazar, escuchar una risa, chocar una mano, compartir una cerveza.

10.

Surgen diferentes tipos de challenges. Nos recomendamos series y películas.
Jugamos juegos de mesa. Buscamos matar el aburrimiento. Buscamos la forma perfecta de ganarle a la cuarentena.
Salir al balcón y escuchar silencio. Sí, aunque parezca raro, en el balcón se escucha silencio.
Los vecinos y las vecinas buscan las formas de entretenerse y pasar el tiempo igual que yo.
Luego de que la guerra termine ¿tendremos un día de recordación al coronavirus?
¿Aparecerá en los libros de historia?
¿Realmente finalizará la cuarentena?
Quizá fuimos privilegiados de tener la libertad de caminar por las calles, de disfrutar el mundo y de la naturaleza.
Nadie nos garantiza que volvamos a salir a las calles. Mientras tanto me pregunto, ¿será todo igual cuando esto termine?

11.

El encierro también me genera un humor extraño. Entre malos pensamientos, aburrimiento y cierto enojo.
Me encantaría volver a caminar por las calles que más me gustan. Salir de día y de noche. Que la luna me acompañe y que el sol me dé calor.

Entendí que la gente toma las bolsas que llevan al supermercado para salir a pasear o quizá van al supermercado más de una vez por día para no quedarse en casa.
Autos que pasan. Taxis que buscan pasajeros. Por momentos no comprendo nada.

También me pregunto si me tendré que acostumbrar al balcón o si la empatía será un verbo que gane y se trasmita para que podamos entonces volver a las calles.

12.

Un día aparecieron las redes sociales y se nos abrió una ventana enorme.
Nuestras preguntas tenían un buscador infinito.
Realidades paralelas y perpendiculares.
Nos podemos enamorar a primera foto.
Comenzó un proceso de mostrar todo aquello que hacemos hacia el afuera.
Pulgar para arriba, pulgar para abajo, corazones o simplemente viralizar y compartir.
Con ello aparecieron los influencer representantes de la exposición y de las visualizaciones.
Seguidores, canjes, sorteos y arrobas.
Quien leyó alguna vez el principito, conoce la famosa frase “lo esencial es invisible a los ojos”.
Quizá no le prestamos tanta atención, y tanta exposición y consumismo nos llevó a no ver lo que hoy nos genera tantos problemas.

13.

El balcón de casa se convirtió en mi jardín.
El celular en la ventana al exterior.
La almohada en el zapping interminable.
El reloj se convirtió en algo obsoleto.
El diario pasó a tener una sola noticia.
Spotify tiene listas anticipando el fin del mundo.
Aún así los pájaros siguen cantando.
El sol sigue saliendo y la luna siempre acompaña.
Sería mentir si digo que las calles están vacías pero es casi como jugar unas escondidas.
Ahora que estamos encerrados valoramos el juego. Queremos jugar en todo momento y a cualquier cosa.
¿Qué haremos cuando la puerta se pueda abrir nuevamente? Volveremos a la vida adulta “recuperando el tiempo que estuvimos en cuarentena”.
¿Qué vamos a hacer cuando la puerta se pueda abrir? ¿Qué será diferente cuando la guerra termine?

14.

Puede ser que los días ya no tengan horas y sean simplemente días.
Es verdad que estamos cada uno y cada una en nuestras casas. Podemos estar con la familia, podemos estar solos y solas. Podemos estar en pareja pero al fin y al cabo estamos en casa.

Hoy es viernes. Hoy es Shabat. Un día para estar en casa, para cenar en casa, un día diferente.
Ponerse ropa linda, preparar una cena rica y quizá hasta contar una historia interesante.
Ponernos nuestras mejores prendas, aunque sea para estar en casa, hace de aquel momento algo totalmente diferente.

¡Shabat shalom! Qué podamos encontrar un poco de luz entre tantas noticias tristes.

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