Encuesta AMIA: ¿y usted, es un judío puro o mixto?

por BENJAMÍN ALALUF, Seminarista, Comunidad Benei Tikva. Est. Heschel, Seminario Rabínico Latinoamericano.

En estos días, circuló un cuestionario que la AMIA envió a familias de varias de las escuelas de la red judía. Lo hizo mediante el Vaad Hajinuj, su departamento de educación. En dicha encuesta, y tras inquirir acerca de la ascendencia familiar de los alumnos, se ahonda en la composición de su linaje en términos de «puros o mixtos». Una familia 100% judía, en términos de AMIA, es pura. Por lógica, una familia mixta es denominada de manera tácita como impura.

Resulta indignante. Pero por sobre todo resulta doloroso. Hablar de pureza, en lo que a la historia de nuestro pueblo se refiere, sólo puede evocar los peores recuerdos sobre una de las tragedias más grandes que sufrió toda la humanidad. Hablar de pureza, significa reavivar el germen siempre latente del racismo y el etnocentrismo fanático, aquel que estipula que hay humanos más perfectos que otros. Hablar de pureza, insinúa que de igual manera existe lo impuro, los impuros.

Pensé mucho antes de escribir estas líneas. Con vergüenza lo hago, vergüenza ajena pero profundamente sentida. Sin embargo, “la omisión del bien no es menos reprensible que la comisión del mal” (Plutarco). El silencio nos hace cómplices y partícipes de aquello que nos repugna. Sólo denunciando lo impropio podemos reivindicar que somos distintos. Y hoy me propongo exponer, pero por sobre todo señalar, que la mayoría de los judíos no pensamos así como la mayoría de los humanos no lo hacemos tampoco. Que es una aberración y que representa sólo a un grupo de fanáticos y fundamentalistas arcaicos, que suelen ser el escarnio de cualquier pueblo, confesión o cultura.

Esta semana, la Torá nos cuenta sobre un extraño ritual. Quizás uno de los más extraños en todo el texto. Consistía en el sacrificio de una vaca roja, sin defecto alguno. El cadáver del animal debía ser quemado y luego con sus cenizas se elaboraba una extraña pócima que “curaba” la impureza. Vale aclarar, que la impureza en la Torá era más bien un estadio espiritual que una condición fisiológica, que impuro era aquel que había tenido contacto reciente con la muerte o la enfermedad. Sin embargo, la analogía nos es útil, porque la cuestión radica en que nunca ha existido una vaca perfectamente roja.

Decido este año leer el texto entendiendo que la metáfora que subyace es que nadie puede llegar a ser del todo puro. Siempre algo va a disminuirnos en lo físico, lo anímico, lo emocional o lo espiritual. Y pretender la perfección es tan absurdo como querer encontrar la vaca roja. Siempre algo nos va a hacer distintos y carentes. Incluso cuando tenemos todo, algo nos está faltando. Eso nos hace personas, el sentido de comprender que siempre estamos construyendo una versión de nosotros mismos que aún puede ser mejorada. La Torá insinúa que nadie es puro, que la constante impureza, reflejo de lo que nos falta para ser plenos, es un símbolo que nos iguala a todos los hombres y mujeres.

Entonces, ¿hay algo puro realmente? Quizás la respuesta la encontramos todas las mañanas en el sidur, nuestro compendio de oraciones producto de siglos de sabiduría. Cada mañana rezamos “Elohai neshamá shenatata bi tehora hi – Dios, el alma que me has concedido es pura”. Pura el alma que reside en nuestro cuerpo, puras las almas que vienen al mundo. No importa la vasija sino el contenido. Todo ser humano en esencia es puro, pues su neshamá es pura. Es irrelevante si el cuerpo que la contiene es blanco, negro, bajo, alto, oriental, lindo o feo. Es irrelevante si es judío, católico, protestante, musulmán, budista, hindú o “mixto”. No importa si es heterosexual, homosexual, transexual o de la denominación que sea, tampoco cambia ser de derecha, de centro o de izquierda, ricos o pobres. El alma es pura, sin colores ni denominaciones, tan pura como su origen en lo Divino.

Esta es la esencia de lo judío, la esencia de lo humano. Todos y todas, el género humano en su plenitud, pertenecemos a una sola especie y una sola raza. Somos humanos y punto. La dignidad de cada uno de nosotros es irrevocable y nadie sobresale por derecho de nacimiento. Quien crea o sienta distinto al menos sepa que contradice los valores fundamentales de la tradición judía.

Creo que no podemos dejar pasar una provocación tan grande. No contra los judíos no ortodoxos, sino en contra de la misma esencia humana. Son declaraciones que, en nombre de un establishment rabínico radical, disminuyen la imagen de Dios en la Tierra al menoscabar la dignidad de sus criaturas. Espero exista una condena porque los discursos raciales no pueden pasar indemnes ante la sociedad que tanto nos ha costado construir. Espero ver pronto ese mundo redimido en el cual abracemos lo distinto como un patrimonio colectivo que a todos nos pertenece y nos enriquece. Que de estas cosas sigamos aprendiendo y que el producto final sea el crecimiento de cada uno de nosotros.

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Un comentario

  1. Es comprobable empíricamente que los seres humanos difieren entre si. Las diferencias no son ordenables en un continuo que permita evaluar una mayor o menor pureza de los individuos que están siendo ordenados. Encuentro una aberración el pretender que la variación se pretenda usar para para discutir la mayor o menor pureza al comparar seres humanos.Noten que se pueden analizar otros organismos ( plantas, vacas rojas,etc) con el mismo criterio. Es una visión muy superficial de los seres humanos (y de otros organismos) Las citas que pretenden hacer una analogía entre diferencias de la pureza y otros diferencias no llevan a ninguna parte.

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