Como mujer judía, emocionada por el aborto en Argentina

por ABIGAIL GARCHTROM, Est. 5to año, Colegio Juan Pedro Esnaola. Madrija, Juventud Comunidad Benei Tikva.

 

El día Miércoles 13 de Junio de 2018 fue un día histórico y movilizador para todos los argentinos, sobretodo las mujeres. Nos escucharon, y logramos avanzar en algo que venimos luchando hace muchísimos años. Se logró conseguir la media sanción de la despenalización del aborto, aunque seguimos luchando para obtener aún más, la completa legalización.

La sociedad nos inculca, desde que somos pequeñas, que tenemos que ser madres, sin siquiera preguntarle a la persona qué es lo que realmente quiere y cómo quiere seguir su vida. Pero las mujeres no somos un frasco para que otros observen como germina en nosotras la continuidad de un sistema de crimen y exclusión.

Las razones por las cuales una mujer aborta, voluntaria o involuntariamente, son muy distintas. De manera involuntaria, algunas mujeres pueden experimentar abortos espontáneos. Otras, pueden estar obligadas a practicarse un aborto porque corren el riesgo de perder la vida.

De manera voluntaria, una mujer puede decidir abortar por distintas razones. Cada mujer vive una realidad distinta y no somos quienes como para juzgarla. Desde no poder darle una vida digna a su hijo o hija, la falta de educación sexual, o el fallo del método anticonceptivo.

Mas allá de todas estas razones, el aborto existe, existió y va a seguir existiendo. Mantenerlo en la clandestinidad no es la solución. El eje de la discusión no pasa por lo que uno piense o no sobre el aborto, sino legalizarlo para que no sigan muriendo personas gestantes que no pueden acceder a un aborto seguro.

Penalizando el aborto, además de que mujeres mueren por abortos clandestinos, las que sobreviven van presas por intentarlo. Muchas personas piensan que el aborto es una decisión jurídica y moral, cuando en verdad es una cuestión de salud pública, como también es nada más y nada menos que la decisión de la mujer.

La historia, las nuevas generaciones, quienes luchamos, somos los que tarde o temprano vamos a escribir la historia. De a poco, estamos construyendo, cuestionando aquello que nos es cómodo o usual, que responde a una estructura patriarcal y antigua.

La emoción de la multitud, al escuchar la gran noticia de la media sanción de la despenalización del aborto, fue tal que lloraban en masa ante la alegría del avance de la democracia y la justicia, la satisfacción de una lucha que cada vez se acerca más a nuestro objetivo.

Lo único más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita. Una sociedad más justa no la voy a construir desde mis propios ideales, sino pensando en lo que es necesario para la sociedad, según la realidad en la que vivimos.

Yo nunca me he realizado un aborto, pero me emociona hasta las lágrimas, como judía, como mujer y como argentina, que mi país haya dado un paso gigante hacia la despenalización de algo que en la tradición judía se permite hace miles de años. Nuestra tradición dice justicia justicia perseguirás. Hoy en día, la Argentina es un lugar un poco más justo para vivir y, como judíos, deberíamos todos estar orgullosos de eso.

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