El Antisemitismo Presidenciable

por CONSTANZA DÖRR, Cantante Lírica, y ADRIÁN MUNDT, Psiquiatra. Miembros de la comunidad alemana en Chile.

Sr. Director:

Como miembros de la comunidad alemana en Chile no queremos guardar silencio ante un tema que, dada la trágica historia de Alemania entre 1933 y 1945, nos es particularmente sensible. El presidenciable Daniel Jadue figura actualmente en la lista del Centro Simón Wiesenthal como el número 10 en el ranking de los políticos más antisemitas del mundo. Es inaceptable cualquier forma de antisemitismo después del Holocausto llevado a cabo por la tiranía nazi. Las expresiones antisemitas del señor Jadue han sido múltiples y no es necesario repetirlas. Basta recordar el doble estándar que él aplica al pedir no injerencia en asuntos internos de un país en el caso de Venezuela y no respetar el mismo principio en Israel.

El candidato Jadue representa al Partido Comunista, que en el caso de Alemania está prohibido por tener fines anticonstitucionales. Recientemente, la Unión Europea declaró, a propósito de la Memoria Histórica y el alza de extremismos, lo siguiente: «…los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad… (la Comunidad Europea) condena en los términos más enérgicos los actos de agresión, los crímenes contra la humanidad y las violaciones masivas de los derechos humanos perpetrados por los regímenes comunista, nazi y otros regímenes totalitarios (19 de septiembre de 2019).

Es alarmante entonces que un presidenciable en Chile manifieste tan explícitamente sus ideas antisemitas. Sorprende también el silencio de gran parte de nuestra sociedad, que ha avanzado en los últimos años en el reconocimiento y la protección de minorías étnicas y sexuales. Ese silencio incómodo, percibido por la comunidad judía de Chile, muestra una cierta analogía con el que se observó en la Alemania de los años 30, cuando organizaciones civiles y empresariales -por miedo u oportunismo- no manifestaron su desaprobación frente a lo que estaba ocurriendo, con las consecuencias de todos conocidas.

Fuente: El Mercurio, Cartas al Director.

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