La importancia de formar una Masa Crítica de Ciudadanos para revisar nuestro Presente y Construir una nueva Realidad Social

por JOSEPH ABAUD, Arquitecto. U. Católica.

Recientemente, gracias al Internet, y al poco control que existe en ese medio sobre los derechos de autor; vi una película que no había visto hace tiempo, Akira (1988, Katsuhiro Ohtomo), una película de animación ochentera, favorito dentro de la poca  cartelera que poseía la televisión nacional durante los noventa. La trama ya es conocida por los que crecimos con nuestros ojos rojos por estar expuestos a los rayos catódicos y a la adicción a los juegos de 16 bit.

1988: El mundo está al borde de la destrucción absoluta. La tecnología avanzada fue la causa de una terrible explosión que desencadenó una guerra nuclear y devastó las grandes ciudades del planeta. Treinta años después, sobre las ruinas de Tokio, se alza la megalópolis de Neo-Tokio, una ciudad opresiva e inhumana cargada de problemas como el desempleo, la violencia, la droga y el terrorismo. Las sectas religiosas y los grupos extremistas, aprovechándose de la insatisfacción de los ciudadanos, cultivan el mito de AKIRA, un “niño cobaya” depositario de la “energía absoluta” cuya resurrección significaría para Japón el amanecer de una nueva era.” (Wikipedia)

 

Personalmente siempre me ha gustado ver películas viejas que tratan del futuro, las miro con cariño y un poco de nostalgia. Pensando que una vez fueron terribles para los asistentes de la avant premier, pero que actualmente son inofensivos, como el miedo que nos produce un perro viejo.

Es interesante observar como estos futuros “retro” se construyen, son realidades inexistentes pero que a la vez (en parte), poseen elementos de realidad que son insoslayables, ya que el protagonista es el ser humano. En este sentido, el contenido de estas películas son asuntos dirigidos para el hombre, incluso cuando la película carece de éste como protagonista. Los personajes poseen características a las que nos podemos relacionar. Pensando en esto, se podría decir que son como fábulas y parábolas modernas.

En el lenguaje de lo inexistente es donde yace el verdadero tesoro de las películas que menciono. Se trata de armar todo un mundo desde la posibilidad técnica que acontece en esa época. Al igual que los futuristas italianos, la gran mayoría de estas producciones hablan desde este el lenguaje técnico contemporáneo, salvo las que hablan de un futuro donde la civilización ha vuelto a encontrarse en sus inicios.

En este juego entre lo próximo y lo lejano, se habla de lo que no se sabe con lo que se sabe, como las ciudades que se muestran en estos futuros imaginarios que poseen un “estilo” y una forma de hacer que es igual en uso de materiales o de posibilidades constructivas similares a las de la fecha de la producción, pero rodeadas de un aire de desarrollo tecnológico, científico y futurista.

Los creadores de estas películas, más que jugar al papel de Nostradamus de nuestra era, hablan más del presente que del futuro. Sacan a relucir los temas que están en boga pero llevados al extremo, con el objetivo de hacerlos presentes dentro del pensamiento colectivo. Volviendo a Akira, es innegable la conexión que el creador del Manga hace entre su obra y las preocupaciones de esa década, jugando así el papel de espejo de la Guerra Fría.

Por este motivo, es fundamental que existan tales producciones. Obviando lo caricaturesco que pueden llegar a ser, son una poderosa herramienta cultural. Ponen en la retina temas e imágenes que no queremos mirar, asuntos que por considerarlos lejanos u ajenos, se hacen conscientes y próximos gracias a que podemos observarlos en una pantalla.

El año pasado, se llevó a cabo una muestra de esta índole, donde se invitaba a artistas, arquitectos y performistas a pensar en un Santiago del Futuro, para ser más precisos en las obras del Tricentenario de la capital, que tomaban lugar en zonas importantes dentro de la ciudad. La muestra denominada SCL 2110 contaba dentro de la instalación las panorámicas interactivas de estos lugares intervenidos, pudiendo el publico imaginarse de una forma más concreta los conceptos propuestos por los creadores invitados. A mi parecer, fue un muy buen ejercicio cultural, ya que todas las obras que se exhibieron, además de poseer el carácter utópico, traían a colación los temas que no podemos o no queremos ver, y nos ayudan a sacarnos una foto como sociedad, en el Chile del aquí y el ahora.

Es bueno pensar en el mañana, ya que nos da pistas de las decisiones que debemos hacer o sobre cuáles son los temas en los que necesitamos hacer hincapié. Se requiere de la separación que nos da este ejercicio mental para poder transformarnos en observadores de nuestra realidad, y poder pasar así a ser actores de ella.

Si nosotros, como individuos y como masa, no contamos con dicha capacidad de abstracción para revisar nuestra sociedad desde una mirada de segundo orden, se hace mucho más importante el rol de estas producciones que nos instan a reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra forma de sociedad. Aunque cuando no podamos ver la realidad, haya otros que harán que la podamos mirar, no debemos confiarnos en que eso suceda para todos, y tenemos que ejercer un rol central en que nuestra sociedad alcance una masa crítica de individuos que busquen nuevos discursos y realidades. Solo así podremos como ciudadanos conscientes construir la verdadera ciudad que buscamos y necesitamos.

 

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