El kibbutz de los artistas

por NOAJ SAUER, Artista auto-didacta. Artista oficial de El Diario Judío.

El lugar es Eden Village, una Kosher Farm en Upstate New York, el programa se llama Art Kibbutz, podría ser el spot para un show al estilo Gran Hermano pero no hay cámaras, lo que sí hay es un grupo de artistas de diferentes partes del mundo y de Estados Unidos con el objetivo de convivir y trabajar juntos en este campo-bosque por 3 semanas. Fuera del arte, lo que los une es que son judíos y que sus expresiones artísticas, por lo menos en el último tiempo, tienen que ver con lo judío.

Hay un pianista Kobi Arad, israelí, quien trabaja en una sinfonía utilizando 12 tonos tratando de expresar en música los 12 nombres de Hashem, está fuertemente influenciado por estudios kabalísticos, siempre carga en su bolsillo derecho la imagen de un sabio sefaradí a quien mira en momentos de desconcierto. Con el señor Arad uno debe tratar de evitar la utilización de palabras en alguno de los lenguajes que él conoce suenan a algo negativo, no importa el significado pero sí a que suena, por lo tanto la comunicación con él es difícil, pero cuando empieza a tocar el piano no es necesario hablar más, solo escuchar y entender todo.

Kobi interactúa con Noah Naftoli Lehrman, New Yorker, un multi-instrumentista que toca percusión junto al pianista y lo acompaña en la búsqueda de los nombres a través del sonido. Mientras que la velocidad de la vida de uno podría expresarse en un mero “play”, la de Lehrman está en “fast forward”, hay que saber seguirlo, era muy divertido verlo correr por el campo buscando señal para su teléfono o haciendo tehilim entre los árboles. Lehrman quiere integrar la naturaleza que lo rodea en sus proyectos, por lo tanto, no va a ser raro toparse con él saliendo de algún arbusto o entre los árboles también o en el medio del lago mientras graba los sonidos de la intemperie detrás de su guitarra y componiendo canciones Dylanescas.

Una de sus grabaciones incluye al escultor y diseñador en barro Emmet Leader, de Massachuset, mientras utiliza una agujereadora para construir un portón con troncos y barro con claras alegorías en sus dibujos a conceptos bíblicos, el cual finalmente donará a la Kosher Farm. He visto ese portón terminado y la inauguración del mismo, algo notable, la gente, religiosa y no, lo cruzaba expresando espontáneamente diferentes tipos de bendiciones a los espectadores, al artista y a la Kosher Farm. Leader es sordo de un oído y habla poco, eso hace que la gente piense bien qué tipo de conversación quiere llevar con él, y en general son las más profundas. Su visión sencilla de la vida y las pocas palabras utilizadas para describir la misma es increíble.

Lehrman y Arad en otra ocasión interactuaron con Asherah Cinnamon, escultora, artista conceptual, de Maine y con Carol Philips, artista visual de Filadelfia. Carol, a ojos vendados pintaba al son de la música de Arad y Lehrman mientras que Cinnamon hacía lo suyo después de haber visto por primera vez las letras hebreas que forman la palabra NAHAR, río en hebreo, concepto relacionado con la música de Arad. Carol, para no salirse del canvas, fue ayudada en esa ocasión por Leora Fridman, escritora y poetisa de Massachuset quien detuvo su proceso creativo para ayudar en el de otros. Ashera Cinnamon, lo más parecido a un general en el campo que tuvimos, dulce y rosa por fuera, súper fuerte y estricta por dentro, estuvo ocupada durante 3 semanas recolectando todo tipo de troncos y ramas para proyectos personales (este medio es el que más le interesa) y para construir la letra hebrea shin en gigante junto a la artista australiana Nikki Green, quien en general se dedica a hacer impresiones de diferentes diseños tipográficos hebreos.

Nikki, puro rock and roll cerca de los 60 años, esta vez utilizó su tiempo para co-trabajar junto a Cinnamon en la shin gigante, la cual fue arrojada al lago de Eden Village en un evento grupal muy interesante. Carol Philips, de alguna forma congelada en los 70´s en su mente, mientras tanto estuvo tratando de entender las letras hebreas, las palabras y el viento creando una instalación con diferentes telas e impresiones que fue llevada grupalmente y colgada entre los árboles no lejos de la instalación de Deborah Margo y Devora Newmark, artistas conceptuales canadienses.

Ellas hicieron un “minián” de elementos en papel orgánico agujereado preparado para soportar la lluvia y el viento, conteniendo elementos cercanos a donde fue colgado (hojas del tipo de arbusto cercano o huesos de una gallina muerta cerca del mismo). Este minián se encontraba profundo en el bosque y se accedía a él a través de un pequeño puente al que se denominó como “mezuzá”.

Todos vimos el proceso creativo del mismo y fuimos a la inauguración después de la primera semana, entre los presentes estaba Jonathan Rubinstein, New Yorker, escritor especialista en ironía y sarcasmo quien ayudaba a Patricia Eszter Margit, de Hungría y organizadora del proyecto a elegir vistas y comentar sobre los diferentes proyectos. Leora y Carol llegaron el mismo día que el fotógrafo Paul Solomon, de Michigan, que fue durante parte de su estadía los ojos del Kibbutz (cuando yo no podía hacerlo ya que parte de mi trabajo como voluntario era el de documentar fotográficamente lo que sucedía).

Fue una experiencia increíble en la cual crecí mucho como artista, observando todas estas colaboraciones a mi alrededor. Varios artistas más pasaron por el kibutz, de los cuales pude recibir críticas geniales de mi trabajo en el cual pude romper varios límites en arte que creo es lo que más me llevo de todos estos artistas. Los artistas nombrados fueron los que más impactaron en el kibbutz per se y por eso elegí hablar solo de ellos.

El Kosher Farm está dirigido por un grupo de neo-hippies judíos veinteañeros con una sonrisa pegada en sus rostros que para un argentino acostumbrado a la hipocresía bonaerense lo dejaban desubicado e incrédulo. Cualquier pequeño logro o cualquier llegada a un ambiente donde estaba el resto de los trabajadores se expresaba con grititos y cánticos de bienvenida, cualquier oportunidad era buena para cantar, bailar o meditar. Por momentos quería huir o encerrar a esta gente en una habitación, tirar la llave y que se comieran entre ellos en plan zombie. Pero aprendí mucho de ellos al final de mi estadía, son idealistas, no juzgan, son de sonrisa fácil y en el campo fueron adquiriendo una inocencia al sorprenderse con el brote de diferentes vegetales o las reacciones de los animales de granja, lejos de la ciudad, sus ruidos y sus histerias. No me llevé muchos amigos de ahí, por más que pude finalmente aprender de ellos, me resultó difícil hasta el final de mi estadía el llevar una conversación coherente (en mi coherencia) con la mayoría de ellos, pero en fin, me llevé varios maestros.

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Una respuesta a “El kibbutz de los artistas

  1. que clase de apelación al trabajo de midot debe ser la critica de arte por parte de otros artistas!! Pectacular q existan alternativas a gente alternativa, en religión alternativa y de lugares alternativos. ALTERNATIVAAAA. Genial!

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