Desconocerte

por FELIPE MARKMANN, Est. Derecho, U. Adolfo Ibáñez.

Debo encontrarte de nuevo.

Tengo que olerte el cuello, darte la mano, ver si tu lengua sigue igual. Debemos discutir irrelevancias y yo proponerte algo irreal. Escuchar música, ver tu reacción, comparar felicidades.

Podría ser útil mostrarte mis sueños de nuevo, incluso desafinar (así puedo al mismo tiempo probar el efecto de tu consentimiento).

Si te parece, podríamos hacer lo que dice Ovidio. Corremos y ni tú te adelantas ni yo te dejo atrás. Verás, si caemos al mismo tiempo, en el mismo lugar y en el mismo momento, no nos quedará otra que compartir el cansancio, y eso libera.

Digo esto porque a veces se siente bien esclarecer mitos. Al final, y en definitiva, debo saber si efectivamente una de tus propiedades es ser inmutable e invencible, o, si por el contrario, he sido yo el constructor de tu figura en mí.

Si lo cierto es que no cambias, entonces no he perdido ni un segundo, pero de ser correcta la segunda hipótesis, debo de modo urgente conocerte por segunda vez para llevar a cabo el proceso de desconocerte por primera.

Así, sabré con certeza que la torre que llevo con tu nombre no existe, y que este suelo puede ser, o bien terreno para otros, o bien un cementerio.

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