Seamos el diálogo, seamos la paz

por ALEJANDRO BEREZIN, Est. Ingeniería Comercial, U. Adolfo Ibáñez. Javer Shnat Hajshara Majon LeMadrijim Hashomer Hatzair.

 

El fundamentalismo y extremismo de ambas caras del conflicto se está llevando miles de vidas y, día a día, nos hace perder cada vez más nuestra calidad de humanos. A todos: victima, victimario, espectador e indiferente.

Si hoy Gaza es la cárcel abierta más grande del mundo, no es todo culpa del repugnante gobierno terrorista del Hamás. Israel tiene gran responsabilidad en tenerla cercada y prohibirle el escape a las familias de civiles que nada quieren tener que ver con el Hamás. La gente en condiciones deplorables y casi infrahumanas, apela a las dos cosas que la sacan de sí misma para darse esperanzas: La violencia y la religión.

Egipto, desde la caída de los hermanos musulmanes, ha matado indiscriminadamente a sus hermanos palestinos cuando intentan pasar a su país. Israel no permitirá el paso de personas de Gaza a su territorio. ¿Cuál es la alternativa de esa gente inocente? ¿Cómo se salvan de ser “escudos humanos” o de ser un “daño colateral”?

Nos estamos matando a todos. Matando al israelí que vive con miedo. Matando al israelí que tiene lluvias de misiles y morteros en su casa. Matando al palestino que vive en Gaza y bombardean sus propiedades. Matando al gazatí que vive asustado del Hamás. Matando al palestino en la diáspora que odia indiscriminadamente a Israel, por el mero hecho de existir. Matando al judío que vive en la diáspora, que odia al árabe. Matando al palestino que quiere luchar por la paz. Matando al judío que quiere luchar por la paz. Matamos a la familia que ya no está completa. Matando al soldado que no quiere ir a la guerra. Matando a la sinceridad y la cordura. Matando a la esperanza y la coexistencia.

La violencia ha desbordado los contextos y el conflicto se exportó al mundo completo, pero sorprende la desinformación y el odio en todos los espectros de la sociedad. Unámonos para evitar que esta espiral siga creciendo y no nos permitamos el continuar generando más y más enfrentamientos, en miles de comentarios del estilo: “Hitler debió haber terminado su trabajo”, “Ojalá maten a todos los niños en Gaza”, “El Estado sionista asesino debe dejar de existir”, “Esos no merecen un Estado, ya hay 22 países árabes”, entre muchos más.

¿Tengo que pedir perdón por ser judío? ¿El árabe tiene que pedir perdón por serlo? ¿El israelí tiene que disculparse por tener el sueño de vivir en el país de su pueblo? ¿El palestino debe disculparse por querer un hogar nacional?

No lograremos encaminarnos ni encaminar a nadie a la paz desde la postura de la destrucción del otro. Seamos el diálogo que criticamos que no existe. Seamos la paz que tanto añoramos para los otros, que quizás así, les podremos contagiar un poco. Seamos la esperanza. Seamos un intento de solución, no una expansión del problema.

Hago un llamado a la opinión consciente y al libro de historia, al sentido común y a la humanidad. Le grito a la paz, y le escupo a la guerra y a las verdades absolutas. Sin ocupación y sin terrorismo. “No hay camino para la paz. La paz es el camino”.

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