Nuevos criterios para guerras sin criterio

por ALICE BERGGRUN, Lic. en Ciencias Políticas, U. de los Andes, Colombia.

 

Uno de los aspectos más importantes de la guerra son las reglas que la determinan. Esa parece ser la lógica del Derecho Internacional Humanitario; mientras nos matamos, lo relevante es que lo hagamos con orden. ¿Moralidad? ¿Qué hace que una y otra vez, durante toda su historia, la humanidad siga recurriendo a las guerras a pesar de su tremendo costo humanitario? Preguntas que para el DIH valen menos que la vida de un sirio.

En un siglo cambiante, el DIH debe adaptarse a las nuevas tecnologías y retos. Desde la caballería, la guerra ha estado dominada por las nuevas tecnologías y su desarrollo. La inclusión de distintas tecnologías en la batalla ha cambiado para siempre la historia de las guerras, superando los antiguos combates cuerpo a cuerpo. Los “avances” en desarrollo de la guerra giran siempre en torno al alcance, la velocidad y/o el efecto.

Con las nuevas tecnologías, las armas autónomas como drones han dominado el ambiente de guerra. Este nuevo tipo de armas presentan muchos desafíos para el DIH: saber quién es el responsable por los errores que surjan y quién toma las decisiones de ordenar un ataque, es decir, quién toma las decisiones de vida o muerte que antes tomaba un soldado en batalla. ¿Quién es el responsable? ¿El gobierno que ordenó el ataque, la persona que programó el código de los drones, o el militar a cargo de la operación? El DIH todavía no tiene estas respuestas.

Si bien las armas autónomas tienen ciertas ventajas como ser desapasionadas, dejando poco espacio para el dolor y rabia que puede sentir un combatiente sobre el enemigo, incluyendo las respuestas violentas o los ataques de pánico del mismo, y que además alcanzan mayores grados de precisión, estas nuevas tecnologías tienen también problemas de desigualdad económica, desindustrialización y afectan el desarrollo desigual en las guerras, puesto que las armas autónomas, como los drones, sólo pueden ser adquiridos por países con grandes ventajas económicas, por lo que los países no pueden ser juzgados con los mismos estándares del DIH.

Las preocupaciones en cuanto a la tecnología en la guerra han aumentado: falta de transparencia en las operaciones, el problema de la precisión (que al ser tan certera se puede percibir como un asesinato), los efectos sobre la población civil, preocupaciones ad bellum de soberanía y neutralidad, y aspectos anti-heroicos de la guerra tradicional.

El DIH debe evolucionar, incluyendo la redefinición del término combatientes para incluir no sólo a quien directamente participa en las hostilidades, sino también, a todos los involucrados en combates sucesivos en el tiempo (función continua de combate), miembros de una fuerza de combate u otras definiciones similares. ¿Ejércitos, guerrillas, gobiernos, Iglesia, transnacionales?

Las nuevas guerras cibernéticas son otro ejemplo que crea tensión en el DIH, creando caos sin ser necesariamente ilegales, como en el acceso a cuentas bancarias, mezclando la información. Queda en entredicho la definición del concepto de “soberanía”, puesto que no está relacionado con la posición geografía e identificar al atacante es cada vez más difícil. Incluso cuando se identifica el atacante, que puede ser un adolescente desde su computador en cualquier rincón del mundo, identificar que dicho ataque vino con el consentimiento o tolerancia de un gobierno determinado es casi imposible.

En un ataque cibernético, según el DIH tenemos que determinar: gravedad de la participación, lo directo que fue el ataque, el nivel de invasión y el involucramiento del Estado en dicho ataque. Dado que este tipo de ataques son operaciones no violentas, más de espionaje y psicológicas, los retos del DIH es determinar si en este tipo de ataques sin armas, la respuesta de los Gobiernos debe incluir una fuerza armada tradicional o una cyber fuerza para contrarrestar el ataque.

Todas estas preguntas deben ser resueltas por el DIH, y son los desafíos de las nuevas tecnologías para una nueva forma de hacer la guerra y la tipificación de los delitos cometidos. ¿No sería más fácil que la guerra misma fuera ilegal?

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