¿Por qué soy indiferente a la muerte de mi vecino?

por ADELE SMEKE, Est. Lic. en Pedagogía, U. Anáhuac. Est. MA en Humanidades, U. Anáhuac. México. Secretaria General, Federación de Jóvenes Judíos de Latinoamérica. Vice Presidente, Federación Mexicana de Jóvenes Judíos (FEMEJJ). Directora grupo «Legados del Holocausto», del Jewish Diplomatic Corps del World Jewish Congress. Directiva, Comunidad Monte Sinaí.
 
El próximo 11 de abril, como cada año, en todo el mundo se conmemorará el día en Recuerdo de los Mártires y de los Héroes Judíos que murieron durante el Holocausto. 73 años han pasado desde que terminó el genocidio en contra de los judíos y otras minorías que también eran perseguidas por el nazismo europeo.
Durante todos estos años, muchos historiadores han tratado de encontrar la respuesta ¿Cómo fue humanamente posible que se ejecutara un acontecimiento de esta índole? Porque si hay algo de lo que estamos seguros, es que el Holocausto implicó un involucramiento de todos los estamentos sociales que existían en Alemania en esa época. No fue gente sin cultura ni educación quien ideó los procesos sistemáticos para la efectiva matanza de seres humanos, sino que fueron doctores, abogados, científicos y. en general, profesionales que contaban con un nivel de educación y cultura muy elevado.
“Banalización del Mal” define Hannah Arendt, refiriéndose a los miles de seres humanos que en Alemania en aquella época dejaron de ser humanos, para convertirse en el sistema que les vendó los ojos y permitió que esto sucediera.
Sin embargo, a partir de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto, surgieron muchas organizaciones internacionales, tales como la ONU y IHRA que se han dedicado a concientizar sobre el Holocausto para prevenir que ocurran otros genocidios o eventos similares en otros contextos.
Además, gracias a todos los testimonios de los sobrevivientes del Holocausto que se han podido recuperar, los libros que se han publicado y los sitios históricos que aún permanecen, hoy se tiene un conocimiento mucho más profundo del tema. Los museos y memoriales en México y otras partes del mundo también ayudan a difundir el mensaje. Gracias a lo anterior, hoy en día muchas personas han tenido un acercamiento al tema.
Pero sin duda, no ha sido suficiente todo el trabajo que se ha realizado en el mundo. Desafortunadamente, estas organizaciones han fallado una y otra vez en la contienda de concientizar para evitar eventos similares, al igual que los seres humanos nos hemos vuelto a fallar a nosotros mismo.
Más de siete décadas después de Auschwitz, como humanidad hemos sido testigos silenciosos de otros campos de trabajo y exterminio, de otras persecuciones y de otros genocidios. ¿Cómo pudo ser humanamente posible? La pregunta se plantea una y otra vez, aún sin respuesta.
Probablemente, la falta de respuesta se debe a nuestro error por buscarla a través de los historiadores en los documentos o los lugares de los hechos. Tal vez, debemos empezar a preguntárnoslo nosotros mismos y buscar esa respuesta frente al espejo. ¿Dónde estuve yo para permitir que eso sucediera?
Este es un llamado a la conciencia humana. Necesitamos comprometernos más con el lema que, como judíos, hemos adoptado: “Nunca más”, y en verdad, no permitir que ningún genocidio se vuelva a perpetuar en ningún país y bajo ningún contexto. ¿Cómo podemos vivir siendo indiferentes a la muerte y la desgracia que ocurre todos los días?

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