Como Rabino, apoyo el aborto

por BARUJ PLAVNIK, Rabino.

La tensión existencial entre ser padre y ser representante religioso muchas veces ha sido una carga difícil, pero muchas otras ha sido la mejor herramienta que Dios me ha otorgado para representarlo en esta sociedad.

Soy padre y soy abuelo. He visto y acompañado a parir a mi esposa. También he visto a mis hijas sostener con temor, amor y dignidad su maternidad.

También he sido quien tuvo que recoger el feto de un hijo no nato por un aborto espontáneo y contener la angustia y la frustración aceptando que el misterio insondable de la vida es voluntad del creador “Daian emet” – juez veraz y verdadero.

Aborto es una palabra cargada de energía negativa. Está asociada a muerte y muerte está asociada a castigo, culpa y pecado. Las religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) deberíamos superar milenios de oscurantismo y redimir a la muerte de esa carga peyorativa que creo – con fe sincera -ofende a Dios.

Yo no sé – igual que todos los mortales – qué es lo que Dios quiere, pero la experiencia histórica, el pensamiento crítico, la mente y el corazón abierto me ayudan a aseverar la convicción de lo que no creo que Dios apruebe.

No creo que Dios apruebe que en el siglo veintiuno, 17 de cada 100 mujeres embarazadas mueran por consecuencias derivadas de abortos mal hechos y que 1 de cada 3 de estas mujeres sea menor de 18 años y las otras 2 sean entre 20 y 24 años. No creo que Dios apruebe que de las 300 mil mujeres que mueren por año por abortos mal practicados, 280 mil sean pobres.

Como rabino, tengo la tremenda responsabilidad de representar la tradición judía, pero Dios me ha eximido de representarlo a él. La milenaria tradición judía está atenta al inefable desafío que el misterio de Dios nos plantea, pero al mismo tiempo es consciente que cada época demanda respuestas humanas y sociales diferentes. El Talmud y los exégetas tradicionales nos ofrecen numerosos precedentes para apoyar irrestrictamente la demanda femenina de libertad sobre su cuerpo, que incluye la decisión del aborto.

La causa de la igualdad, la libertad y los derechos de género, no solo es una causa justa respecto de las mujeres, sino un deber moral de liberar a los varones de un modelo social patriarcal y de supremacía sexista que no se corresponde con esta época y el futuro de la humanidad. Lo que pareciera un privilegio, no es más que un absurdo, ridículo y patéticamente ignorado.

La penalización del aborto es una tremenda injusticia, hipocresía y blasfemia. No se trata de admitir el aborto como práctica anticonceptiva y promotora de la promiscuidad. La humanidad espera también que la educación del amor, la salud y la responsabilidad ocupe el lugar central que aún no ha logrado. Pero es indispensable que las fallas y fracasos en esa misión no la paguen los más débiles, los más pobres y los más vulnerables.

Con tremenda reverencia por la vida, por el creador, y las mujeres portadoras del milagro de la vida, apoyo el derecho a la libertad de cada mujer sobre su cuerpo y su alma y el deber de la sociedad de instrumentar adecuadamente el ejercicio de ese derecho.

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