Miles de jóvenes judíos son soldados voluntarios del Ejército de Israel

por BENJAMIN SHATS, Sargento Primero, chileno-israelí voluntario en las Fuerzas de Defensa de Israel.

 

Hoy, hay alrededor de 6000 jaialim y jaialot, hombres y mujeres soldados, jóvenes judíos provenientes de otros países, que han llegado voluntariamente a Israel a ingresar al ejército, el Tzahal, y estar listos para combatir en cualquier conflicto bélico.

¿De dónde vienes? Es la primera pregunta que se le hace al “jaial boded”, el soldado solitario. Los hay de muchos países. Canadá, EEUU, Colombia, Chile, Honduras, Sudáfrica, Australia, son sólo algunos con los que he trabajado en mi experiencia personal.

Son solitarios, porque dejan a sus familias en sus países de origen, a sus amigos de la infancia, a sus vidas y cotidianeidad, a su idioma y su clima, y se amparan en la Ley de Retorno para toda persona judía (definida por la ley como con 1 abuelo(a) judío o que se haya convertido al judaísmo) bajo el derecho de nacionalizarse como ciudadanos israelíes y así concretar un sueño y un ideal sionista y convertirse en soldados, defendiendo a Israel, en el sentido más literal y duro, como su primer país.

Como bien se dice que “צבא בונה עם בונה צבא” (el ejército crea un pueblo que crea el ejército), ya hay una nueva demografía de jóvenes que dejan todo atrás para unirse a algo más grande: la defensa de nuestra nación que es golpeada una y otra vez, necesitando nuestra ayuda. Aquí nace el proceso de integración de un grupo de gente muy profesional y competitiva en la sociedad israelí.

La integración es inmediata, el trato no es diferente. En el primer día, las órdenes llueven, segundo a segundo, para todos por igual. Si bien no es simple al principio, los inmigrantes ocupan todas las herramientas que van tomando en el proceso para destacar en un ambiente competitivo. Así, corriendo con una camilla sobre el hombro partí como muchos otros mi entrenamiento.

Los días pasaban muy rápido cuando recién entré en a la tzava (servicio militar), me estaba recién integrando al ejército y no siempre entendía lo que mi oficial decía, pero siempre trabajábamos en equipo para cumplir con todas las órdenes y así aprendimos, poco a poco, las lecciones más importantes. No era algo fuera de lo común lo que nos mantiene a flote todos los días; son los valores que llevamos escuchando toda la vida, pero no necesariamente hemos practicado. El trabajo en equipo, solidaridad y empatía son algunas de las herramientas vitales para que el ejército actúe eficaz y eficientemente.

Los meses pasaron y me di cuenta que hay muchos más como yo. Las personas pasan, pero siempre queda la misma idea: no importa cuándo, cómo y dónde, siempre hay jóvenes sionistas dispuestos a dar por el Estado que tenemos. Todos han dado algo, pero algunos lo han dado todo.

Hoy, estoy en una posición en la que puedo decir que aporté un pequeño grano de arena y espero seguir aportando, pero lo que yo recibí a cambio, es algo que nunca podría haber esperado de otra experiencia. Recibí muchas herramientas, una perspectiva distinta de la vida y una conexión que nunca habría esperado tener con mis nuevos hermanos y con mi tierra. Y eso, para mí, es lo que más vale.

Pero además, existía otro sentimiento. Yo sólo lo sé describir como la necesidad de hacer más. Estoy seguro que quienes han estado en mi posición van a entender el sentimiento que no existe la posibilidad de conformarse con lo mínimo. Todo tenía que salir perfecto, y si había una emergencia, aunque estuvieras en la ducha, eras el primero en llegar al “David” o “zeev” o tanque, listo para operar antes que todos tus pares israelíes.

Cuando las situaciones se ven mucho más difíciles que lo que creemos poder superar, recordemos que nuestras capacidades son limitadas solamente por la percepción. La actitud manda y no podemos perder la batalla mental antes de empezar el camino, atrévanse a vencer, porque quien se atreve, gana y avanza a su objetivo.

Como judíos, siempre debemos estar unidos, debemos saber pelear nuestras batallas como un solo cuerpo, o como dice el Tanaj, “como un solo hombre”, de la mejor manera posible. Tengamos empatía y estemos siempre el uno para el otro, porque cuando nadie más este ahí para nosotros, sabemos que tenemos una comunidad, un pueblo y un país que tiene nuestra espalda cubierta en caso de lo que sea, y siempre lo va a estar, si lo defendemos como debemos.

El sueño de nuestros abuelos y bisabuelos era tener un estado y ese estado fue creado. Ahora nuestra labor es defender a nuestras familias y crear un mundo mejor para nosotros y para todos. Seamos responsables por la permanencia de Israel.

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