Judaísmo para niños y viejos, ¿y el resto?

por ALAN KALIKES, Est. Seminario Rabínico Latinoamericano Marshall T. Meyer. Est. Lic. en Ciencias de la Educación, UNSAM. Organizador Minian Independiente.

 

¿Qué hace un joven de entre 18 y 30 años con su vida judía? ¿En qué instancias se encuentra con otros judíos de su edad? Para muchos, la respuesta deja de lado las palabras sinagoga y shabat. En Buenos Aires, en una de las comunidades judías más grandes del mundo, hay muy pocos espacios donde puedan encontrarse jóvenes judíos en busca de judaísmo.

En las comunidades ortodoxas, hace ya varios años, están dedicando sus esfuerzos en acercar jóvenes al judaísmo que ellos consideran “válido”. Pero ofreciendo viajes a Estados Unidos, Europa o Israel, a precios ridículamente bajos, ¿van a convencer a los jóvenes que vivan una vida judía significativa? Si bien convocan muchos jóvenes, ¿queda algo de judaísmo en ellos o al final es una experiencia superficial vacía de aprendizaje?

Si miramos hacia las comunidades conservadoras, la panorámica es aún más desalentadora. Un chico que crece en una de nuestras kehilot liberales tiene el kinder, un espacio donde puede compartir un judaísmo vivencial con gente de su edad. Una vez que crecen, tienen dos opciones: ser madrij, o no ser. Este es uno de los más grandes desaciertos de nuestras comunidades. Incluso el jóven que ya no es madrij, coordinador o director, ya no tiene un espacio acorde a sus necesidades… es aquí donde se produce la deserción en nuestras kehilot.

Estos mismos chicos vuelven a la comunidad una vez que quieren casarse, que ya son padres y quieren que sus hijos puedan tener las mismas vivencias que ellos tuvieron en su infancia. Pero tampoco es suficiente, sólo los llevan y se van. No tenemos espacios para padres jóvenes. No estamos generando judaísmo en nuestros miembros.

Lo que nos quedan son los mayores, que con el paso de los años necesitan más espiritualidad en sus vidas. Pareciera ser que el judaísmo conservador es un judaísmo pediátrico y geriátrico. Trabajamos muy bien con esas dos etapas fundamentales de la vida, pero nos queda un vacío enorme al cual le estamos fallando.

Ya desde algunos años se viene trabajando en algunas instituciones para sanear estas dificultades, pero aún queda mucho por hacer. No debemos esperar a que las comunidades hagan algo para resolverlo, debemos nosotros como jóvenes luchar por nuestro lugar dentro de la kehila, o bien, crear nuestros propios espacios.

Es aquí donde surgió el minian independiente, un espacio donde judíos laicos, reformistas, conservadores y ortodoxos podemos rezar en un mismo lugar. El minian no pertenece a ningún movimiento establecido y estructurado dentro del judaísmo. Más bien, busca romper con las carátulas establecidas.

Hoy en día, existen cientos de minianim de este estilo alrededor del mundo, y sus asistentes rondan las edades de entre 20 y 30 años, y Buenos Aires no es la excepción. Hace ya varios años, desde alrededor del 2011, algunos jóvenes judíos argentinos se enteraron de este fenómeno que surgió en Estados Unidos y decidieron implementarlo en Argentina con el nombre de Kol Rina. Tuvieron mucho éxito, pero con el paso del tiempo quedó en el olvido.

Pero en septiembre de 2016, decidimos junto con mis amigos revivir aquel proyecto. Pero dado que ninguno había participado antes, pedimos ayuda a los fundadores de aquel minian.

El primer minian, en la casa de un amigo, fue algo mágico. La tefilá, la cena, la diversión, todo fue fantástico. Ahí nos dimos cuenta que esto lo tenía que vivir más gente, jóvenes que no encuentran un lugar para vivir shabat de manera profunda y auténtica.

Hoy seguimos creciendo, se sigue sumando gente al minian y a la organización, y nos seguimos perfeccionando. Contamos con un grupo hermoso de javerim que se unen felices y ansiosos a compartir un espacio íntimo, sagrado y real. Y mejor todavía, contamos con la Moishe House como nuestra nueva sede para juntarnos 1 vez al mes.

Los quiero invitar a ser parte de esta búsqueda de espiritualidad auténtica, gestionada por jóvenes y para jóvenes. Y si no es en nuestro minian, los invito a que hagan el suyo propio y le den la importancia que su vida judía se merece.  

No vendamos ni consumamos judaísmo como un producto de mercado que la góndola comunitaria ofrece en distintos formatos y envases, vayamos mucho más allá y entendamos que el judaísmo es nuestro pasado, nuestra tradición, nuestra sabiduría y forma única de ver el mundo, y nuestro futuro y proyecto colectivo de pueblo. No dejemos de ser parte de esta hermosa vivencia que llena nuestras vidas de sentido en una sociedad totalmente carente de significantes más profundos.

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