Los Habitantes del Museo de la Soledad: el Individualismo de la Sociedad actual.

por BENJAMIN KRAUS, Est. de Teatro, U. Mayor.

Imagínate despertar en un museo de historia natural. Básicamente lo primero que verías sería grandes esqueletos de dinosaurios, ballenas colgando por los techos como si estuvieran volando, animales de todo tipo. También encontrarías gente, ya que todo museo debe ser visitado, si no la esencia de éste muere. Un museo sin público, es un lugar que no tiene absolutamente nada para mostrar. Te levantarías del lugar en el que te quedaste dormido y recorrerías el sitio. Lo más probable es que te maravilles, ya que siempre hay exhibiciones espectaculares. Digamos la verdad, a quién no le gustan los dinosaurios o los esqueletos enormes. Pero luego de unas dos horas, ya lo habrás visto todo y te irás a otro lugar. Lo más probable es que todo lo que aprendiste, aquellas cosas tan valiosas que te enseñan acerca de la naturaleza, las olvides después de un par de cervezas. Total todo lo que viste no tiene vida. O pasó a mejor vida. En fin, no se mueve.

Ahora cambiemos algo. Imagina que de nuevo te despiertas en el mismo museo, pero en otra parte. Abres los ojos y solo vez una luz blanca. Los cierras de nuevo tratando de pensar en dónde estuviste anoche y cómo llegaste a parar ahí. Los abres y ves que estás en un terreno montañoso junto a otras tres personas. Todas están vestidas con taparrabos que cubren su piel desnuda. Al centro hay una fogata y un par de elementos que quizás alguna vez en tu vida hayas visto. Ves a tus nuevos compañeros con cara de extrañeza y luego desvías tu mirada a otro punto. Algo te llamó la atención. Hay público viéndote asombrado. Te acercas a estas personas pero no las puedes tocar ya que te separa de éstas un vidrio. Pones tu mano en él, y un niño hace lo mismo. El corazón se te detiene por un minuto ya que te das cuenta de que estás encerrado en una de las exhibiciones que siempre te gustaban cuando eras pequeño. Aquella en que estaban las figuras de los cavernícolas. Luego de pensar unos minutos decides que lo mejor es ponerte a trabajar con tus nuevos compañeros de celda para dejar que este sueño (ya que crees que es un sueño) pase como una experiencia de vida. Recurres a todo lo aprendido en el colegio acerca de la época en la que estás y comienzas a vivir. Al cabo de un tiempo ya tienen un sistema de organización con el cual se pueden comunicar bastante bien. Todos tienen diversas tareas y nadie se pelea por quién las realiza. Total, todos deben estar en el mismo sueño. Después de varias horas, detrás del vidrio empiezas a notar que el público se está retirando. El museo va a cerrar. Estás cansado de tanto trabajar así que decides dormir al igual que todos tus nuevos compañeros. Lo más probable es que aparezcas en tu pieza sin que nada de esto hubiera pasado.

El problema es que vuelves a despertar desconcertado y desorientado. Te pones de pie y vuelves a ver que hay mucho público en un lado, pero de nuevo esta el vidrio que te separa de ellos. Ves a un par de ellos gritar y miras hacia atrás tuyo. Uno de tus compañeros cavernícolas está a punto de atacarte con una espada. Miras a tu alrededor y todo el ambiente ha cambiado. Estás en pleno Imperio Romano. Agarras un escudo que está en el suelo y te defiendes jadeando. Luego de resistir varios ataques te das cuenta de que es solo una práctica, así que decides desenvainar tu espada para contraatacar. Luego de un tiempo, los dos se dan por satisfecho, al igual que las otras personas que están en la exhibición. Lo más probable es que sigas pensando qué demonios estás haciendo en este lugar. Que sueño más extraño el que estás teniendo, aunque a su vez, que sueño más increíble. Luego de tanta práctica todos quedan exhaustos y deciden dormir, ya que el público ha desaparecido, y el museo nuevamente está por cerrar. Te acuestas y duermes.

Vuelves a despertarte y ahora te encuentras en tu pieza. Suspiras ya que el sueño ha terminado. Te das cuenta de que tu polera está mojada. Debiste haber transpirado bastante durante la noche. Sales de tu cama y caminas directo al baño. Prendes la ducha y te bañas. Luego de secarte, te pones la ropa para comenzar un nuevo día de tu vida normal. Te sientas un segundo en el centro de tu cama y miras hacia adelante. Hay una gran cantidad de público observándote. Vas hacia ellos y te encuentras de nuevo con el vidrio separador. Te alteras y comienzas a buscar una salida, pero no la encuentras. Todos te miran con mucha cautela. Estás solo, tus compañeros ya no están contigo. Pero te das cuenta de que en la sala de exhibición hay más gente mirando otros paneles y ves a tus compañeros en sus respectivos cuartos. Luego de media hora te desesperas ya que no sabes qué hacer. No hayas nada entretenido. Estás solo. Lo mismo les ocurre a las otras personas. El problema es que ahora la gente no se retira del museo. Te preguntas si está abierto toda la noche, y no obtienes respuesta alguna.

El tiempo pasa y el guía del museo está con un grupo de estudiantes frente a un vidrio en el cual se muestra a un joven de su misma edad. Luego de haber pasado por las exhibiciones anteriores, los chicos le preguntan por qué razón este hombre está solo, si en todas las vistas anteriormente está con gente. El guía piensa un momento y les responde: “Vivir en comunidad es un privilegio que muy pocas personas se pueden dar. Vivir con alguien es un regalo, pero no todos lo pueden aprovechar. El mundo nos da ese regalo, pero nosotros lo desperdiciamos con todos nuestros vicios. Traten de vivir de la mejor manera posible y siempre acompañados, porque si no, van a terminar como este hombre, fríamente encerrado. Y vivir en un mundo de fantasía no es una solución”. Los alumnos comentan lo dicho por el experto y se retiran de la sala.

Imagina que estás encerrado en una pieza de museo, solo. ¿No lo estamos ya? Imagina lo que puedes hacer por tu cuenta. ¿Se te ocurre algo? Si tu respuesta es sí, creo que todos queremos saberla.

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