Educar hacia la paz: la importancia del hogar y del colegio para formar personas lejos de la competitividad.

por PAMELA NUDMAN, Arquitecto, U. de Chile.

La paz debe ser uno de los anhelos más arraigados en las esperanzas de nuestro corazón y al mismo tiempo uno de los objetivos más complejos que el hombre se puede plantear. Implica equilibrio, unidad, respeto, compañerismo. Suena bien, pero algo debe haber arraigado en la raíz de nuestra naturaleza que ha hecho que a lo largo de la historia, la humanidad siempre haya seguido el camino contrario a todo esto.

Nos enseñan desde pequeños que no debemos pelear ni usar la fuerza con nuestros compañeros de colegio, que debemos resolver las cosas hablando, que pelear no es bueno y que debemos ser maduros y racionales para resolver las cosas. ¿Pero qué ejemplos ven estos mismos niños en los adultos?

Ellos tienen su referente más cercano en sus familias y amigos, pero además de esto tienen un mundo entero que los bombardea con imágenes e información ¿y qué ven y escuchan? La televisión no fomenta especialmente la cooperación mutua ni la paz, las noticias que en ella vemos a diario tampoco, los periódicos tampoco, los gobiernos terminan administrando los conflictos en vez de realmente resolverlos, tanto nacionales como internacionales, a través del uso de la fuerza y la violencia. Este es el verdadero entorno que finalmente está educando a los niños.

Vemos entonces un gran contraste entre la realidad y nuestras acciones respecto con lo que pretendemos enseñar a las nuevas generaciones. Respecto a esto vale la pena definir qué queremos enseñar a los niños en éste ámbito y cómo podemos lograrlo.

Lo que debemos enseñar a las nuevas generaciones debe ir de la mano con nuevas políticas que partan por enseñar a los niños que hoy en día, en el mundo interconectado que vivimos, ya nadie puede vivir su vida aislado y trabajando sólo por su propio beneficio: el mundo se ha transformado en una enorme red de interconexión económica, cultural y de información, y mantenerse al margen de esto hoy es impensable, cada día vemos más como toda esta red está conectada, y cómo cada decisión o hecho que ocurre en un lugar afecta rápidamente en muchas otras partes.

Lo anterior es a nivel general, pero debemos comenzar a  aplicar esto también en una escala menor, igual como desarrollamos nuestras relaciones familiares, por lo general no exentas de conflictos, pero en donde cada uno es diferente y tiene sus propias cualidades para aportar al grupo familiar, se funciona a través de la cooperación mutua y el amor, por sobre las diferencias que siempre existirán, pero mediante la valoración, aceptación y respeto a éstas es que logramos construir algo en conjunto.

Esta garantía mutua que aplicamos en nuestra familia, debe ser llevada del mismo modo a colegios y recintos educativos, en donde comencemos a cambiar y dejar atrás los esquemas de competividad e individualismo que caracterizan a nuestra sociedad y a su vez se han llevado como modelos educativos y de evaluación a las aulas.

Los niños no deben seguir siendo formados en la mera competencia y valoración respecto sólo a su acumulación de conocimiento, sus notas y resultados individuales, sino más bien por la forma en que deben comenzar a aplicar este aprendizaje en su medio y entorno educativo. El conocimiento siempre es bueno, pero este debe ser encauzado con alguna línea valórica y conceptual que lo guíe hacia la cooperación con los demás: la mera acumulación finalmente lleva a formar a personas individualistas que sólo compiten por ser el mejor o superar al resto, dejando de lado lo bueno que se puede construir para todos y no sólo para ellos mismos.

De esta forma, desde pequeños, verán que cada uno tiene cualidades y conocimientos distintos, y que el mismo conocimiento se puede aplicar de formas diferentes y en diversos ámbitos; al trabajar en grupo y por objetivos comunes, podrán entender que cada uno es necesario y que a pesar de las diferencias que los separan, al hacer las cosas en conjunto será mucho más fácil lograr cosas buenas para todos: ya no sólo importará todo lo que cada uno sabe, sino más bien cómo todo eso que uno sabe lo puede aplicar en pos del bien de todos los demás, lo que finalmente recaerá en su beneficio personal y en el agradecimiento de todo el grupo por la ayuda prestada.

De este modo, a través de la práctica y de la forma en que comencemos a educar a estos niños, comenzaremos a formar personas con nuevos valores y conceptos de la cooperación y la importancia de las diferencias, los conflictos no desaparecerán ni dejarán de ser únicos, pero esta especificidad será guiada para formar personas que aprendan, valoren y logren trabajar en conjunto.

Creo que este camino, en donde formemos humanos conscientes e integrales, podrá forjar un mañana mejor, con personas capaces de entender el mundo en el que viven, incluyendo todas las diferencias que nos separan, pero que usadas en nuestro beneficio, pueden significar un desarrollo humano inconmensurable y una sociedad diversa y llena de buenas voluntades para aportar su granito  de arena en pos del bien común, que es el medio y el entorno que construye nuestra vida y forma de ser: un entorno de respeto y cooperación que nos debiera ir llevando, finalmente, a un estado de paz: partiendo por casa, luego pasando al entorno educativo, hasta llegar a nuestro entorno más amplio, la sociedad.

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