Hace falta un guerrillero: Un escrito sobre la psicología detrás de la protesta.

Por NICOLE BITRAN, Haifa, Israel.

“La Patria ya tiene al cuello la soga de Lucifer

No hay alma que la defienda ni obrero ni montañés

Soldados hay por montones, ninguno como Manuel

Las lágrimas se me caen pensando en el guerrillero

Como fue Manuel Rodríguez debieran haber quinientos,

Pero no hay ninguno que valga la pena en este momento”

Hace Falta un Guerrillero, por Violeta Parra.

 

El Chile de estos últimos años me es un Chile lejano y ausente, como si se fueran difuminando los bordes de una vieja fotografía y donde pudiera distinguir cada vez menos en ella. Al final de esta escena, la fotografía desaparece por completo, y lo que hacía un tiempo me era lejano y ausente, hoy se termina por convertir en algo completamente ajeno. Qué cosas tristes son las que nos pasan cuando uno está lejos de lo que ama.

Manuel Rodríguez, soldado temerario, personaje mítico, líder y agente de cambio, emblema de protesta y revolución nacional, del que se escribieran varias canciones populares, es lo que nuestra memoria colectiva nacional identifica como guerrillero. ¿Cuántos chilenos creerán que se necesita de un nuevo Manuel Rodríguez para dirigir las últimas manifestaciones y así poder alcanzar el anhelado cambio?

Por otro lado, están los que piensan como Fernando Villegas, el cual en su último artículo entrega un análisis sobre la Educación del País. Plantea varias situaciones muy interesantes que tienen relación con el nivel de la educación, y por sobre todo, el real interés de mejorar que tienen nuestros educandos.

Difiero con Villegas sobre lo que entiendo por derecho. Para Villegas, “autoridad, concepto que le da urticaria al mutante básico, ha dispuesto que no se pueden manifestar…el que se sale de ese orden debe pagar las consecuencias[i]. Villegas olvida que el derecho de reunión es una garantía constitucional masiva, por la cual un grupo de personas, ejerciendo su libertad de trasladarse, se citan en un mismo lugar y a un mismo tiempo. Si bien la constitución no especifica que esta “reunión” se deba llevar a cabo en forma ordenada y sin alterar ni destruir el bien público y/o el privado, es simplemente porque hablamos de una obviedad.

¿Qué se esconde detrás de la violencia en las manifestaciones? ¿Qué mecanismo interno se desenvuelve dentro de la anatomía del manifestante que lo lleva desde gritar a todo pulmón consignas de justicia social, a tomar una piedra y reventar una vidriera? La Psicología detrás de la protesta.

Cuando un paciente/ciudadano sufre de un descontento social, en un inicio este descontento se manifiesta a nivel individual y por lo general pasa casi desapercibido, hasta que se conocen a otros pacientes/ciudadanos que también sufren de la misma “Patología”. Pasadas algunas semanas, ambos individuos evolucionan a un estado de descontento grupal. Si aplicamos la extrapolación de este caso llegaremos que el descontento termina desarrollándose en un sentir masivo.

La esencia del descontento puede ser hacia uno o varios temas, para este caso es irrelevante, de todas formas este descontento al que le hemos dado tribuna sólo dentro de nuestro círculo de amigos y familiares más cercanos, se va acumulando y acumulando, hasta que llega el minuto en que explosivamente nace la necesidad de cambiar de escenario, es decir, de manifestarse en un ambiente más amplio. Lo que hasta ayer era un descontento en la esfera privada, hoy toma fuerza y debe manifestarse a nivel público. La sensación de comunicar mi descontento dentro de una masa de personas que comparten mi pensar, le otorga al ciudadano/paciente la legitimación y sentido de pertenencia tan crucial que todo ser humano necesita.

Los ambientes públicos son muchos, el más claro de todos es la calle. Como ciudadana decido hacer uso de mi derecho constitucional que me garantiza la libertad de reunión, por lo que salgo a manifestarme. Este es el minuto clave. ¿En qué se diferencian miles de personas manifestándose en las calles de Tel Aviv, por justicia social, de otras miles de personas en Santiago de Chile, por una mejor educación? Algo muy dañado debemos tener en nuestro hipotálamo de la historia que nos lleva a reaccionar de la manera en la que lo hacemos, destruyendo todo a nuestro alcance. Lo más lamentable de todo, no es la destrucción de los bienes materiales, es la destrucción de la legitimación y pertenencia de futuros pacientes/ciudadanos a este ente colectivo que se llama sociedad.

Pero volviendo a Villegas, he aquí nuestras diferencias: el manifestarse es un derecho Constitucional que la Autoridad no puede “disponer” no respetar o hacer caso omiso. Coincido con él, cuando decimos que aquel ciudadano que no respeta las reglas paga las consecuencias y para eso existe un conjunto de leyes que aseguran que así se lleve a cabo, pero ¿quién me asegura a mí que el gobierno en su actitud anti-constitucional reciba sus consecuencias? Quizás al final del día si necesitamos de un Manuel Rodríguez.


[i] La Revolución I, Fernando Villegas.

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