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Sobre la búsqueda de Justicia Social en uno de los países más desiguales e injustos del mundo: Chile.

por SOFIA SACKS, Est. Ciencia Política, PU. Católica.

La mayoría de las sociedades organizadas muestran gran respeto hacia la justicia como forma de alcanzar la sana convivencia de los hombres. El judaísmo en particular entrega una visión de justicia asociada a la sociedad, la Tzedaká. La mal llamada “caridad judía” no es opcional, ni caritativa. Muy por el contrario, es entregar a cada quién lo que corresponde, de forma obligatoria, en un acto que tiene que ver más con justicia social que con simple solidaridad.

Entendida como una de las bases para el funcionamiento en grupo, a grandes rasgos la justicia puede entenderse como dar a cada quién lo que le corresponde, en otras palabras, hacer una repartición ponderada a las necesidades. Siendo un concepto tan complejo – pues es difícil determinar quién decide lo que le corresponde a otra persona, o bien, qué le toca -, su aplicación debería ser aún más compleja. Tiende a confundirse con lo legal. El hecho de que esté plasmado en una ley no hace a la ley justa. “Hacer justicia”, por lo tanto, no debería bastar con hacer cumplir un reglamento, por muy “justo” que este sea.

¿Cómo aplicar justicia entonces? La hipérbole de una situación podría llegar a que un hombre robara comida para no morir de inanición. Es descubierto y enjuiciado. ¿Sería justo su encarcelamiento? Si quien no estuviera muriendo de hambre lo hiciera, sí sería encarcelado, y en rigor, los hombres son iguales ante la ley. Sin embargo, el error está en obviar los sucesos que desencadenan un acto similar.

Nuestra sociedad tiende a aplicar la justicia en hechos: un juicio “justo”, una medida “justa”. Esta se invoca a ratos, cuando conviene llamarla para que arregle el problema, que en realidad, está dado por la falta de la misma. ¿Pueden esperarse actos justos de individuos que viven en sociedades injustas? Probablemente no. El error no está en quien roba el pan (a pesar de todo lo que quiera castigarse), sino en el hecho de ver a la justicia como una herramienta de la sociedad para solucionar problemas.

La justicia no es un medio para lograr metas, es una meta. Debe entenderse como un modo de proceder; como un todo. El eufemismo del “país desigual” en que vivimos es no querer asumir que nuestra sociedad es eminentemente injusta, en cuanto no entrega a cada quién lo que corresponde. En realidad, no creo estar en condiciones de decidir qué le toca a cada uno, o qué hay que quitarle a alguien para dárselo a otro. Pero creo que sabemos que hay quienes no reciben suficiente de nada (ni siquiera lo que les corresponde).

El orgulloso título que llevamos tras nuestro ingreso a la OCDE, del país más desigual de todos, tiene un problema conceptual: no es desigualdad, es injusticia. Puede ser que para llegar a una sociedad más justa, haya que empezar a aplicarla en pequeños elementos. Sin embargo, mal utilizar a la justicia como herramienta social, es, precisamente, injusto.

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