Arquitectura, mapa y control: Flujos entre la Cisjordania e Israel.

por RAFAEL GUENDELMAN HALES, Lic. en Artes Visuales, PU. Católica. Diplomado en Teoría del Cine, PUC.

La forma nómade, como la define Francesco Careri, de delimitación del espacio, “distribuye los hombres (o los animales) en un espacio abierto, indefinido, no comunicante” en contraposición de la lógica sedentaria, “que consiste en distribuir a los hombres en un espacio cerrado” [1].

A medida que el hombre va asentándose en el espacio, requiere de sistemas de organización, dos básicos al menos: por un lado, el sistema cartográfico, referente a los mapas y la construcción de límites sobre el territorio, representación abstracta de conjuntos de sistemas comunicantes, y por el otro, los sistemas urbanísticos y/o arquitectónicos, que se enmarcan como la evidencia física, en terreno, de la imagen del mapa.

Ambos sistemas representan el dominio sobre la tierra y sus espacios. El Menhir se alza como una de las primeras construcciones verticales sobre el terreno. Hace que el hombre tome conciencia del poder de afección que tiene sobre el paisaje, el cual se va transformando, paulatinamente, de un espacio abierto a uno cerrado.

Así como el hombre es capaz de controlar la naturaleza en pos de sus propias necesidades, es también consciente del poder que tiene la arquitectura sobre el hombre. Esta última representa no solo un sistema de comunicación, tránsito y optimización de las actividades, sino también la capacidad de control del hombre sobre el hombre, espacios que son significados y que rectifican la relación jerárquica de una sociedad. “En las calles de la edad media era el estatuto social o la relación de fuerzas lo que definía quién podía utilizar la parte alta del pavimento y, de esa manera, mantener los pies secos cuando dos personas se cruzaban.”[2]

El mapa por su parte representa el control sobre el hombre desde una forma ideológica. Es además un marco inconsciente que permite generar la sensación de seguridad, de pertenencia; es la representación de la propiedad en una escala mayor y común. Generalmente está compuesto por subsistemas y especificaciones, que permiten ordenar el espacio en áreas específicas. El mapa intenta, generalmente, sintetizar la complejidad, ordenar lo inabarcable y estructurarlo.

Mapa y arquitectura suelen funcionar en conjunto; normalmente los mapas se nutren de las construcciones arquitectónicas, y éstas se enmarcan en las líneas abstractas de las fronteras. Sin embargo, existen casos extraños donde el mapa determina las construcciones. Uno de ellos es el muro de separación (o cerco de seguridad como Israel pretende llamarla) construido en “base”[3] de la frontera de los territorios palestinos e israelíes, y representa la imagen extrema del control territorial. Es la prueba del sistema urbano y cartográfico, como entidades de encierro y control.

Los sistemas en sí se caracterizan por sus cualidades comunicantes con su entorno y con otros sistemas. Es más, “la supervivencia de ellos depende de aquella relación”[4]. Un sistema cerrado, nunca va a ser totalmente hermético ya que se encuentra en otro medio que lo sustenta; sin embargo, la relación que se establece hacia “afuera” puede ser mínima e infértil para ambos. El sistema, al afectar su entorno, inevitablemente va ir hacia su propia destrucción.

En el caso de la política israelí sobre los territorios palestinos en la Cisjordania, la instauración de sistemas, complejos y cerrados, ha sido una estrategia de poder y control que hasta el momento ha funcionado relativamente bien para la ocupación y la seguridad Israelí. La figura de sistema cerrado se grafica no solo con el muro, sino que con los controles de identidad constantes (check points), el manejo de sus fronteras y el control del ingreso o egreso de cualquier elemento. El sistema de control que impone Israel sobre los palestinos es similar al de una cárcel, en la medida que funciona como un espacio cerrado, con áreas específicas controladas y donde los habitantes tienen restringida su salida, dependiendo de su historial. La cárcel en sí representa el ícono del sistema cerrado, creado para corregir mediante el encierro. “Vigilancia, ejercicios, maniobras, calificaciones, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros, una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas”[5].

La naturaleza del sistema cerrado, del encierro, es relacionable a la noción de panóptico de Jeremy Bentham, incluida después por Foucault en su libro “Vigilar y castigar” (1975). Acá la figura de encierro se puede desenvolver de forma relativamente libre, pero siempre va a tener la presión de que está siendo vigilado constantemente. La figura más ilustrativa, es de aquella cárcel circular que cuenta con una torre en el medio, en la cual siempre podría haber alguien vigilando, pero nunca verificable desde el exterior. La idea de estar bajo observación actúa como una forma de control psicológico que se sitúa en lo visible (en el espacio abierto). “La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra, que en último término protegía. La visibilidad es una trampa.”[6]

La infraestructura alienta esta idea. El muro de 8 metros de altura tiene cada 300 metros una torre de vigilancia de 360 grados. Las torres no solo se encuentran en el muro sino que también repartidas en las zonas civiles. La infraestructura reafirma la idea de un sistema de vigilancia y deshumaniza la opresión, como dice Foucault: “el dispositivo es importante ya que automatiza y des individualiza el poder. Éste tiene su principio menos en una persona que en cierta distribución concertada de los cuerpos, de las superficies, de las luces, de las miradas; en un equipo cuyos mecanismos internos producen la relación en la cual están insertos los individuos”[7].

Entender el mapa de Israel y los territorios palestinos es complejo desde un principio. Existe un estado llamado Israel y dos entidades separadas pero comunes, nombradas Gaza y Cisjordania, las cuales en teoría pertenecen a los palestinos, pero son controladas por el ejército israelí. El sistema cartográfico se estructura desde la complejidad. Cisjordania es una de las partes de “Palestina”. Sin embargo, en la práctica, lo que existe en Cisjordania son tres áreas: A, con pleno control de la autoridad Palestina; B, con control compartido; y C, pleno control israelí. Es decir, cuando empezamos por recorrer Palestina, nos damos cuenta que existen dos territorios Palestinos, uno de ellos inaccesible, y ambos físicamente incomunicados. Si decidimos recorrer Cisjordania, nos encontramos con una serie de dificultades para conocerlo: check points distribuidos entre las áreas, carreteras utilizables exclusivamente para ciudadanos israelíes y asentamientos israelíes de acceso prohibido. Esto sin incluir que las áreas A están siempre aisladas, por lo cual es necesario pasar al menos, por áreas B, para poder ir a otro poblado del área A.

El mapa está fragmentado. Los polos se dispersan y la gente vive aislada la una de la otra. El sistema palestino no funciona como tal. La comunicación es lenta y poco efectiva, las vías de conexión son enredadas y están cortadas por puntos de revisión, los accesos a las tierras cultivables son escasos, así como los accesos a las fuentes de agua. Sin contar el hostigamiento que existe desde las colonias (ilegales según el derecho internacional) hacia los poblados palestinos.

El sistema diseñado por Israel para mantener el control sobre Cisjordania ha logrado disminuir la efectividad del sistema Palestino, a tal punto, que se ha transformado más bien en una serie de sub sistemas que mantienen relaciones débiles entre ellos. El diseño urbano y natural no existe, sino más bien, se estructura como una forma inconscientemente anárquica de toma de territorios. La dispersión ha creado espacios naturales con goteras de población y edificios. Asentamientos judíos y comunidades beduinas nómades que intentan capturar algún pedazo de territorio, que conviven en el espacio, en un terreno que al parecer, es de nadie, o en última instancia del gobierno israelí.

Una ciudad: piedra, cemento, asfalto. Desconocidos, monumentos, instituciones.

Megalópolis. Ciudades tentaculares. Arterias. muchedumbres. ¿hormigueros?” [8]

El desorden, el caos y la no integración van no solo destruyendo los intercambios que podrían existir entre ambos sistemas (Cisjordania e Israel), sino que también van destruyendo el ecosistema que los reúne. La basura arrojada por los asentamientos judíos sobre los terrenos palestinos, los cortes de los olivos por razones de seguridad, las toneladas de cemento y la desorganización de los palestinos para encarar un plan de cuidado de sus espacios, van destruyendo las esperanzas de crear un lugar digno y habitable, que finalmente, sea quien sea quien lo termine habitando, es un pedazo de tierra.

La aislación (y ocupación) en Cisjordania es uno de los problemas principales para la sociedad Palestina, ya que ve limitadas sus capacidades de comunicación y desarrollo. La barrera no es solo una barrera física, sino que también semántica, que afecta el intercambio y genera distancia e idealización de ambas partes. ¿Qué habrá detrás del muro? Es una pregunta que existe desde ambos lados, y que por cuestiones legales ni una de las partes puede averiguar por sus propios medios. En ese sentido, el sistema cerrado de información israelí ha sido muy eficiente en mantener a una población ignorante de lo que realmente sucede al otro lado del muro, y convenientemente para sus intereses, seguir cultivando el mito, basado en el argumento del terror y la seguridad, de qué realmente se esconde al otro lado del muro. El sistema cerrado se da, finalmente, para ambos lados.

Creo que, sin perjuicio de lo anterior, si existe un sistema que puede abrirse, y por lo tanto, recibir los beneficios del intercambio y la comunicación (fin de todo sistema), ese es el medial. El flujo de la información a través de redes virtuales puede penetrar más espacios, gracias a su naturaleza: abstracta y liviana. Al entender la rapidez y variedad de distribución de información y comunicación de ellos, los muros que se construyen en la tierra se ven lentos y pesados; toscos y estáticos. El intercambio de información y conocimiento puede llegar a contrarrestar en alguna medida estas barreras físicas.

Los sistemas, por más adversa que sea la circunstancia en la cual estén inscritos, apelan por su supervivencia efectiva en la interacción y comunicación. Pero para que esa condición se haga efectiva (lo antes posible), es necesaria la intención y el diálogo, y en mayor medida, intención de aquellos que alimentan el sistema cerrado.

 

Referencias de Mapas: UNITED NATIONS, Office for the Coordination of Humanitarian Affairs, Occupied Palestinian territory,  www.ochaopt.org

 


[1] CARERI, Francesco. El andar como practica estética. Barcelona: Ed.Gili, 2002 29p.

[2] ASCHER, Francois. Las dos formas de compartir la calle EN:Ganar la calle. Buenos Aires: Infinito.18p.

[3]  Es solo una guía ya que el muro en un 85% está construido en territorio palestino.

[4] LUHMANN, Nicolas. Teoría de sistemas. En:http://www.monografias.com/trabajos11/monssoc/monssoc.shtml

[5] FOUCALT, Michel. Vigilar y Castigar. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores. 4p.

[6] Idem. 121p.

[7] Idem.124p.

[8] PEREC, George. Especies de Espacios. Barcelona: Montecinos. 99p.

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3 Respuestas a “Arquitectura, mapa y control: Flujos entre la Cisjordania e Israel.

  1. Creo que este artículo omite ciertos hechos que resultan fundamentales para entender el porqué de las políticas israelíes en Cisjordania,

    – En primer lugar, se omite completamente la mención respecto al terrorismo palestino, y como el “muro” y los checkpoints han ayudado a reducir de manera exponencial el número de atentados terroristas. No sé el autor, pero lo que es yo, prefiero ver una larga fila en un checkpoint israelí que un bus explotado con pedazos de civiles israelíes en Tel-Aviv. La omisión de este importante elemento ha considerar, hace entrever que Israel restringe la libertad de desplazamiento de los árabes palestinos por puro gusto, o peor aún, por móviles racistas. Lo anterior, claramente no corresponde.

    – ¿Es correcto llamar muro a algo que en más de su 95% efectivamente NO es un muro? No lo creo.

    – Respecto a la prohibición de acceso que pesa sobre los palestinos respecto a los asentamientos, cabe señalar que son cerca de 30,000 los palestinos que obtienen empleos en los asentamientos judíos de Cisjordania, recibiendo un sueldo que duplica al que recibirían de empleadores palestinos.

    – Las distintas áreas A, B y C en Cisjordania son fruto de los Acuerdos de Oslo, los cuales fueron firmados por el liderazgo palestino. La inmensa mayoría de los palestinos viven en la zona A, es decir bajo completo control por parte de la Autoridad Palestina.

    – En cuanto a la violencia de los colonos, cabe señalar que los judíos israelíes muertos producto de la violencia de palestinos en Cisjordania llega a duplicar los fallecidos producidos por la violencia perpetrada por civiles israelíes en el mismo territorio durante el 2011. Si vamos a hablar de violencia, está bien, pero no omitamos el hecho de que ésta viene de ambos lados. Descartar lo anterior significaría un insulto a la memoria de la familia Fogel, asesinada a apuñaladas en el asentamiento de Itamar, o negar la muerte de Asher Palmer y su bebé, producto del lanzamiento de piedras por palestinos.

    – En cuanto a la ilegalidad de las colonias cabe señalar que si bien la Comunidad Internacional las ha considerado ilegales, desde un punto de vista jurídico esto sería, a lo menos, cuestionable. La Convención de Ginebra condena (en su art. 49) el movimiento forzado de población hacia zonas ocupadas, los colonos judíos están allí porque quieren, no porque el Estado de Israel los obliga o traslada. Esta interpretación es compartida por los redactores de la Convención de Ginebra y una interpretación de la Cruz Roja.

    Creo que estas omisiones e imprecisiones hacen más digno este artículo de “Electronic Intifada” que del El Diario Judío. La crítica contra Israel es totalmente admisible, pero debería ser balanceada e imparcial, más todavía si viene de parte nuestra. NO fomentemos la visión maniquea del conflicto.

  2. Isreal 1948:

    Declino en contestar punto por punto, principalmente, porque a lo que apunto en mi articulo es a generar un camino de solución más allá de las polaridades a las que uno consciente o inconsciente se siente atraído.

    Sin duda mi escrito es tan solo un proceso de pensamiento acotado, en el tiempo y el espacio, que no pretende hacer una cronología ni un análisis de largo aliento sobre el conflicto. Lo siento si omití algunos datos, puede que me haya equivocado. Sin embargo, sigo defendiendo mi articulo en su esencia y argumentos.

    Creo que el hecho de tener educación y poder vivir en Chile, distanciados del conflicto de medio oriente, nos da la invaluable posibilidad de mirar con altura de miras un conflicto que normalmente se polariza desde la pasión y el fanatismo. Mi intención, y es lo que quiero recalcar, fue la de mirar más allá de un conflicto puntual con datos exactos de casas destruidas, asesinatos o ocupación de territorio. Sino más bien, intentar entender que existen sistemas que no se conectan y que si llegasen a conectarse podría haber una vía de comunicación que abra un espacio de consciencia y dialogo, finalmente, solución.

    Seguramente los palestinos y los israelitas tienen sus argumentos, seguramente yo tengo los míos y tu los tuyos, pero el paso a dar es no seguir con el choque de ideas infructífero, sino poder entender que existen vías que se pueden conectar y que para ello, ambas partes deben ceder. Sin embargo, como me dijo un amigo judío y así como terminé mi ensayo, sigo recalcando que en casos de conflicto entre dos entidades, quien debe dar el pie para generar una vía de solución es quien tiene mayor poder y en este caso, ése es el estado de Israel.

    R.

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