La búsqueda de una ideología llena de sentido con nuestro judaísmo y lejos del consumismo superficial que nos rodea.

por DAVID ARIAS WEIL, Egresado de Música & Sonido, UNIACC. Mazkir Noam AmLat.  Pahil tnua Tikvá, Moré de Judaísmo en el Círculo Israelita de Santiago y Estudiante del Seminario Rabínico Latinoamericano, sede Chile

¿Qué fue lo que principalmente motivó a miles de judíos entre 1904 y 1914 a trasladarse a la Tierra de Israel, en lo que se conoció como la segunda aliá? ¿Qué motivó a un personaje como el Rab Marshall Meyer a comenzar sus labores en Argentina hasta forma un Seminario Rabínico? ¿Qué fue lo que impulsó la creación de varios movimientos juveniles en las primeras décadas del siglo XX? ¿Por qué razón más de 250.000 personas en Washington en 1963 estaban oyendo a Martin Luther King?

La respuesta a estas preguntas radica en que cada una de estas situaciones, movimientos o personas fueron motivadas por un sueño, por una causa, por una Ideología. Fue la ideología lo que llevó a muchos judíos de Europa central y oriental a asentarse en Israel. Por eso no es extraño que de este grupo hayan surgido muchos de los grandes líderes del estado de Israel como David Ben Gurión, en dos oportunidades primer ministro de Israel.

Hasta hace algunos años, era la búsqueda de un ideal en común o de un sueño integral lo que hacía que las personas se movieran de sus asientos. Pero en algún minuto perdimos esa capacidad de soñar en conjunto y nos transformamos en una sociedad tremendamente individualista y a la vez masiva que ya no cree en nada… sólo creemos en el dinero como si fuera una divinidad máxima. El dinero hoy es el ente sagrado que abastece de felicidad nuestros hogares. Eso en cuanto a la sociedad, pero qué sucede con quienes la lideran. Los líderes políticos, religiosos, sociales y de todo tipo, en su mayoría no son motivados a hacer lo que hacen por el dinero, puesto que muchos de ellos ya lo poseen, y algunos en cantidades absurdas. Es la ambición de poder, el tener el control de todo, lo que ha hecho que en el mundo haya líderes nefastos que no buscan el bien de su pueblo, comunidad o estado, sino el beneficio personal, el “aparecer en la foto”, la politiquería barata.

En Chile, desde hace muchísimos años que no tenemos líderes políticos que crean en una ideología, son muy pocos los que han logrado motivar a más personas a creer en un ideal. Si hablamos de 200 años de tradición política, podríamos contar con los dedos de una sola mano los presidentes que han creído en la ideología del pueblo, en darle lo mejor a los ciudadanos y no al partido, a sus ministros o a sus bolsillos. Hoy en pleno siglo XXI, ni la izquierda ni la derecha tienen la valentía suficiente para decir en público las cosas en las que creen.

Lo mismo sucede en Israel, es increíble que partidos laicos se junten con partidos ultra ortodoxos para formar una coalición más inestable que una casa en la arena. Los tradicionales líderes israelíes, que habían ideologizado la creación del estado, para bien o para mal, los hemos perdido. Ben Gurión creía en lo suyo y fue fiel a sus creencias, Rabin creyó tanto en su ideología que terminó siendo asesinado, Begin fue tan loco por sus ideales que se fue hasta Irak en los 80 para demostrarlo. Sharon creía tan necesaria la paz que devolvió territorios sin pedir nada a cambio. En las primeras décadas de la creación del estado, era la supervivencia de Israel la ideología de todos sus habitantes. Hoy, nada de eso.

Veamos qué sucede con los movimientos juveniles. Muchas tnuot fueron formadas con la idea de generar en los jóvenes la necesidad de construir un estado judío, y en los diferentes países de Europa se los preparaba para ello. La Aliá, la migración a Israel, era uno de los principios y objetivos básicos de todos los movimientos juveniles, hoy ya no saben para qué existen, si para supuestamente entregar un mensaje valórico, judaico y sionista o para que los niños no se aburran una vez por semana. Los madrijim ya no creen en las ideologías de sus movimientos, las directivas de las tnuot perdieron la visión. No hacemos actividades los sábados porque es entretenido, lo hacemos porque es importante.

Por supuesto que no puedo dejar de mencionar a las comunidades judías. Muchas de ellas perdieron su sentido, dejaron de tener una ideología, no sólo en Chile, sino que en América Latina y también en el resto del mundo. ¿En qué ideología creemos? Muchas comunidades conservadores en América Latina ya no saben qué es lo que conservan. El Rabino Marshall T. Meyer, llegó a Argentina a final de la década de 1950, con una ideología clara, con un mensaje profundo que revolucionó la forma de ver el judaísmo en todo el continente. Estableció centros comunitarios, kehilot y fundó un seminario rabínico. Muchos de sus alumnos hoy se encuentran repartidos por el mundo y siguen intentando transmitir ese mensaje, pero por alguna razón que desconozco, la cadena se cortó y el mensaje fue terrible y dolorosamente tergiversado. Los discípulos del Rabino Meyer lograron acercar a la gente a las comunidades, de eso no tenemos dudas, hoy las Kehilot Masortiot en América Latina se llenan de personas, todos los viernes las kehilot están repletas de gente, no vamos a decir sábados en la mañana porque pareciera que esa parte del judaísmo no existiera para quienes asisten los viernes a la sinagoga, ni hablar de un minián diario.

De cualquier forma, no hay que desmerecer a quienes, en masa, asisten a un servicio religioso, pero no sabemos por qué ni para qué están allí. Obviamente estoy hablando de la mayoría. Ellos no saben por qué van, ni las comunidades tampoco. Soy crítico de este judaísmo masortí, porque creo en él, porque es parte de mi identidad y porque quiero que sea un judaísmo serio, comprometido y a la vez dinámico y pluralista. En el fondo, uno critica las cosas que más quiere y las que más le apasionan.

Por esta razón les digo que no está todo perdido, por suerte todavía habemos algunos que si hemos tomado una ideología, no sólo para creer en ella. ¡Hemos elegido una ideología para vivirla! para accionar y actuar consecuentemente con ella. Los ideales y los sueños no pueden quedarse en nuestras mentes, una ideología debe ir acompañada de maasim, de acciones o hechos concretos. No es fácil, pero en el largo plazo, el hecho de vivir una ideología nos va a permitir ser personas más consecuentes, personas que tienen más congruencia entre su pensar, su soñar, su sentir y su actuar. Qué nos pide el judaísmo sino que seamos personas integrales, dice el pasuk del Deuteronomio: “Y ahora Israel, qué es lo que pide D’s de ti sino respetar a Hashem tu D’s, ir por sus caminos, amarlo, servirlo a Él, con todo tu corazón y con toda tu alma” (Dvarim 10: 12). Se nos pide ser personas íntegras y completas, que piensen y actúen conforme a una ideología, a un ideal o un sueño. No por nada la palabra Paz, en hebreo Shalom שלום tiene la misma raíz que Shalem שלם que quiere decir completo, o Shlemut שלמות que significa integridad. Esto nos enseña que sólo podremos estar en paz, encontrar la paz y hacer la paz cuando seamos personas completas e íntegras, que sienten, piensan, hacen y viven un ideal, un por qué, una ideología.

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