El camino de la Intolerancia Religiosa como la adicción ante el vacío de creer en algo más allá de lo superficial.

por BENJAMIN KRAUSS, Est. Teatro, U. Mayor.

Todos tenemos un punto débil, nadie en este mundo se puede catalogar de perfecto. Nuestra vida está llena de defectos con los cuales debemos aprender a convivir. No puede ser que alguien sufra por ellos, ya que son éstos los que hacen único a cada ser humano. Pero es ése talón de Aquiles que poseemos el cual nos lleva a ciertos extremos para tratar de extirparlo. Muchos de nosotros recurrimos a ciertos métodos para dejar de lado nuestras falencias. Alcohol, drogas, sexo, entre otros. Y siempre que tomamos alguno de estos peligrosos caminos en los cuales corremos muchos riesgos, nos pasamos de la línea que diferencia lo bueno y lo malo.

Pero hay otras personas que deciden tomar un trayecto que pareciera ser menos dañino, pero que al final termina destruyéndote de igual manera, lentamente: la religión. La fe es algo que va y viene, muy pocas personas pueden mantenerla constantemente dentro de sus creencias. Los eventos que ocurren en el mundo día a día hacen que la mayoría de los seres humanos cuestionen su manera de pensar y en las cosas que creen. Si hay tanta maldad, ¿puede ser que exista algo superior a nosotros que represente la bondad? Nuestras vidas llegan a tal nivel de desesperación por no entender lo que ocurre que nos perdemos en un mar de ideas buscando falsas esperanzas en eventos sobre naturales. Extraviamos esa tan anhelada identidad que nos define, y comenzamos con la búsqueda de respuestas dadas escritas en libros que se pierden en su contexto cultural fuera de estos tiempos. Finalmente, siempre salimos perjudicados, perdiendo no solo la fe en algo superior, sino que también en nosotros mismos.

Y es en ese preciso instante en donde entra la religión. Todos tenemos derecho a creer en algo, en alguien o en algún objeto. Nadie puede atacarnos por nuestra manera de pensar. Pero cuando perdemos la fe en nuestra vida y en nosotros mismos, somos susceptibles a todo lo que nos rodea y lo que nos dicen. Justo en el momento en que nuestra mente está viajando por un lugar blanco, alguien se acerca y te ofrece algo muy llamativo. Te dice que tiene todas las respuestas a tus preguntas, solo tienes que creer. En ese preciso momento, comienzas a estudiar las bases de la religión, que puede llegar a tener todas las soluciones a tus inquietudes, y sin darte cuenta, empiezas a empaparte de su cultura. Empiezas a transformarte en uno de ellos y luego no puedes salir. Te vuelves adicto a una creencia sin haberte dado cuenta.

El gran problema recae cuando esta adicción llega a un extremo. Todo credo tiene su sector más radical, y a la vez uno más liviano. Muchos cometen atentados contra la humanidad creyendo que esa es la gran respuesta de la vida. Otros dejan de realizar actos de su vida cotidiana pensando que ésto los van a hacer mejores personas. Sin embargo, al realizar todos esos extraños comportamientos, o dejar de hacerlos, no se dan cuenta que se están realizando un gran daño. Al igual que cualquier tipo de droga, un extremista puede llegar a distanciarse de su familia y crear problemas sociales absolutamente innecesarios: sólo por creer que consiguió la respuesta al sentido de su existencia. Y cuando comienzan los problemas, no existe forma de detenerlos. Empieza una reacción en cadena que es capaz de destruir todo lo que se le acerque.

Cuando entiendes una religión, tus pensamientos comienzan a ser transformados. Son revueltos tal como un tarro de pintura para realizar la mejor mezcla posible. Y al ocurrir esto, la mente se empieza a nublar de ideas estrafalarias. Comienzan los complejos de autoridad, el ego aumenta y aparece el desprecio por el diferente a ti, por el que no opina de la misma forma. Y de esa manera también llega la discriminación. Todos son atacados por todos. En este bello mundo en el cual vivimos, no hay una simple persona que se salve de un comentario inadecuado. Las religiones finalmente nos acostumbran a vivir sembrando odio, cuando deberíamos sembrar prosperidad. Los días se tornan grises, cuando en realidad lo único que hay detrás de las nubes es el sol.

¿Existe realmente alguna fe que sea mejor que otra? ¿Existe realmente la respuesta que todos nosotros, y todos nuestros antepasados han buscado durante siglos? Tal como cada religión genera un grado de adicción que hace no tolerar a las demás, deberíamos preocuparnos más de ayudarnos entre nosotros que en pelear sobre quién es mejor. Tal como una droga, el alcohol o el sexo desmedido nos pueden transformar en personas horribles, la religión también lo puede hacer. Si decides tomar el camino de la fe, creo que todos tenemos el derecho de pedirte que lo hagas con respeto al otro, y que no llegues a un extremo en donde solo importe tu vida.

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