Quentin Tarantino y lo Tarantinesco

por GIANFRANCO RAGLIANTI, Lic. Derecho, U. de Chile.

Tenía 12 años, no me gustaba el cine. El siguiente verano arrendé “Pulp Fiction” y en los 5 o 7 días que duraba el arriendo, la vi por lo menos 4 veces. Averigüe todo lo que pude sobre esa película y su director. Me empezó a gustar el cine. Han pasado varios años desde ese entonces y ninguna película me ha vuelto a impactar tanto, pero el cine se convirtió en algo fundamental en mi vida. Después vi todo lo que pude.

Reservoir Dogs forma parte de mi Top Five. Pasaron los años y aluciné con Kill Bill 1, pero cuando salió el volumen 2, noté que algo estaba pasando, pese a que el uso de “Malagueña Salerosa” al final es, junto a Kuduro en “Fast Five”, el-mejor-uso-de-una-canción-mala-para-convertirla-en-una-canción-épica que haya visto. Las sospechas de que Tarantino había cambiado se confirmaron con Death Proof y llegaron a extremos insospechados con Inglourious Basterds y con Django. Lo que a mí me gustó de Pulp Fiction y de Perros de la Calle era la forma en la que Tarantino tomaba estereotipos y clichés del mundo cinematográfico y los ponía en situaciones cotidianas. Así, los principales conflictos de Vincent Vega no son ni intentar matar al boxeador que engañó a su jefe mafioso, ni tampoco recuperar el maletín (eso pasa en 5 minutos y sin obstáculos). Sus conflictos son: no meterse con la esposa de su jefe (o sea, un conflicto típico de una comedia romántica en una película de mafiosos sin caer en la farsa de “Mi vecino el asesino”) y limpiar un auto de sangre.

Las escenas que más me llamaron la atención de esa película no son disparos, no son persecuciones, no son peleas, son escenas cotidianas: Vincent en el baño hablando consigo mismo y convenciéndose de irse a su casa a masturbarse en vez de meterse con Mia, el twist entre ambos, los silencios incómodos en el Jack Rabbit Slim, y Jimmie Dimmick (el personaje que interpreta el propio Tarantino) riéndose de cómo se ven Vincent y Jules en short y polera.

Con Perros de la calle ocurre algo similar. Pese a ser –en principio- un típico Heist film, los momentos más memorables son las conversaciones triviales entre amigos. Ya sea la discusión inicial sobre la semiótica de las canciones de Madonna, o la asignación de los nombres según colores, al final, Tarantino está explorando las relaciones interpersonales de un grupo de hombres normales. Perros de la calle es una película sobre la amistad masculina, y el principal conflicto de la película (que no es el robo a la joyería, sino descubrir quién es el infiltrado, si es que lo hay) nos reconduce a ello.

Pero luego vino un golpe de timón. De partida, Jackie Brown es –hasta el momento- el único guión que Tarantino ha adaptado en toda su carrera. Quentin dejaba las narraciones fragmentadas que tan famoso lo habían hecho y contaba una historia más convencional, aunque sin dejar de lado sus homenajes al Blaxploitation. Kill Bill, por su parte, está ambientada en un mundo completamente cinematográfico, donde se dan cita muchos de los referentes del director, desde las cintas asiáticas, sean de animación o de artes marciales, hasta el western.

Death Proof continúa con el tema de la venganza (que comenzó en Kill Bill y no se ha agotado todavía), y debe ser junto a Jackie Brown, la cinta del director que más polariza a los fanáticos. Algunos ven en ella un exquisito ejercicio de estilo e incluso elucubran teorías como que en realidad es una cinta de viajes en el tiempo, mientras que otros (incluido el propio Quentin) la consideran el punto más bajo en su filmografía. Con todo, es lo que sin duda es, es un divertimento del autor, al mezclar los géneros del slasher (asesino serial que persigue a sus víctimas) con la estética de las películas de exploitation.

Finalmente, nos encontramos con el Tarantino de los 2010s. Si con sus dos primeras películas, lo que Quentin hacía era trasladar personajes estereotípicos del imaginario cinematográfico situándolos en el mundo real, con sus dos últimas cintas, lo que Quentin ha hecho es llevar el mundo real y la historia (la Segunda Guerra Mundial y la esclavitud) al mundo cinematográfico, haciendo uso de los géneros que –para él-mejor calzarían en este ejercicio (el bélico y el western, respectivamente).

Sin embargo, tanta estilización ha caricaturizado demasiado a los personajes y las situaciones. El que exista el adjetivo “Tarantinesco” demuestra que lo que en un principio debía aludir a una cuestión sustancial (una relectura y deconstrucción de los géneros cinematográficos y literarios que apasionan al autor), derivó en una cuestión meramente formal (diálogos triviales, violencia estilizada, mafiosos en situaciones cotidianas, etc.). Incluso surgieron muchos imitadores que fueron bautizados como “el nuevo Quentin Tarantino”, como Guy Ritchie. Sin embargo, aunque sus dos primeras películas (“Lock, Stock and two smoking barrels” y “Snatch”) son indiscutiblemente geniales, Guy Ritchie no puede ser el nuevo Tarantino, porque “el nuevo Tarantino” debiese hacer referencia a algún autor que deconstruya los géneros que a él le apasionan, y no alguien que sólo formalmente se parece a Quentin.

Fue quizás el tratar de huir de estos fantasmas, el alejarse del género “mafiosos con problemas cotidianos”, lo que llevó a Tarantino a experimentar de forma mucho más drástica con los géneros, y además, sobrecompensando la falta de personajes femeninos y la supuesta misoginia que se le criticó en algún momento.

En Reservoir Dogs, prácticamente no hay personajes femeninos. En Pulp Fiction, Mia no pasa de ser un catalizador para el conflicto de Vincent. Pero Jackie Brown y Kill Bill tienen tremendos protagónicos femeninos, lo mismo Death Proof, que es una reivinidicación a las mujeres y la forma en que eran vulneradas en los años 70, en las películas homenajeadas y referenciadas. Finalmente, Inglourious Basterds tiene un elenco coral, pero es una mujer la que consigue materializar una idea ucrónica y utópica, que ciertamente excita a Quentin: el nazismo es derrotado en un cine. Django Unchained vuelve a tener a una mujer sólo al servicio del conflicto del protagonista (Broomhilda podría ser cualquier bien que Django quisiera tener).

La búsqueda de un lenguaje y una estética propias, hicieron de Tarantino un ícono en los noventas. El primer director con status de rock star (quizás el segundo, si Hitchcock hubiera sido flaco). Pero sus últimas películas carecen de verosimilitud y de una conexión con el mundo real y de personajes que actúen como humanos y no como caricaturas, dificultando para poder tomárselas en serio. ¿Perdió el rumbo el cineasta? Simplemente, es parte de su búsqueda mientras está calibrando su visión.

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Una respuesta a “Quentin Tarantino y lo Tarantinesco

  1. Muy entretenido, y mejor cuando Gianfranco hace la distinción entre las noventonas Perros de la Calle y Pulp Fiction y el resto de su producción. Sí, porque fue Quentin Tarantino el que mejor supo interpretar algunas de las dinámicas de los 90s. De ahí que su éxito increíble e inesperado vino como un rayo caído del cielo a cada espectador en y fuera de Estados Unidos que creía ser parte de un mundo globalizado.

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