El impulso de creernos dioses diseñando el mundo y eliminando la idiosincrasia cultural local.

por ALAN GRABINSKY, Lic. en Filosofía, UNAM, México. Est. MA en Medios, Cultura y Comunicación, New York University.

 

El dedo de Dios descendía sobre un país exótico, destruyendo los monumentos, las avenidas, los rascacielos y los vecindarios de cada una de las ciudades del lugar.  Civilizaciones enteras quedaban en ruinas en unos cuantos segundos. En el terreno, una inmensa huella dactilar. Luego, la tierra giraba a miles de kilómetros por hora, haciendo que la flora y fauna flotara hacia el espacio exterior, hasta que nuevamente, caía el dedo de Dios y aplanaba otro lugar…

Cuando era niño me encerraba en el baño a darle vueltas a un globo terráqueo para ver a dónde caía mi dedo. No tengo idea cómo ni cuando fue que el Mundo se infiltró en mi baño, pero el caso es que ahí estaba, siempre sobre el lavado de piedra gris, junto al jabón de manos. Cuando me lavaba los dientes, los jeroglíficos “AISA” o “OCIXEM” aparecían en el espejo, yo los invertía y los podía interpretar.

La primera vez que tuve conciencia de lo que el globo representaba, me invadió una profunda sensación de poder. Abordar el mundo de un solo golpe… como Dios cuando se sentó a contemplar su creación.

El afán de representar lugares mediante objetos estéticos es uno de los impulsos más antiguos de la humanidad. Los griegos hacían mapas del Mediterráneo basados en La Odisea que eran utilizados para navegar entre mares de sirenas e islas habitadas por ninfas. Recuerdo un mapa de Europa medieval en el que aparece Jerusalén como el ombligo del universo, un punto de encuentro de Asia, Europa y África. También uno de la Ciudad de México, donde se ve un águila a la mitad de un lago devorando una serpiente sobre un nopal.

Cada uno de estos mapas representaba la mitología local. ¿Cuál es la mitología cartográfica de hoy en día? La de la totalidad y la unidad.

Hoy tenemos un sólo mapa que nos sigue a todos lados, utilizando coordenadas geográficas y una compleja infraestructura satelital para localizarnos donde quiera que estemos. Cada vez que llegamos a una nueva ciudad, nos sentimos tranquilos porque tenemos esa totalidad en nuestro bolsillo.

El mapa de Google Maps se ha vuelto tan cotidiano que ni siquiera lo concebimos como una creación humana, lo confundimos con el mundo, pero su estética y su naturaleza corresponde a una idiosincrasia cultural. Esto se revela tan pronto cuestionamos lo más superficial. ¿Por qué se utilizaron esos tonos de azul para representar el mar? ¿Qué quiere decir que todos los países estén pintados con los mismos colores?

El mapa de Google busca uniformizar las diferencias, usarlo nos vuelve insensibles a las idiosincrasias y mitologías de cada lugar. El mapa representa un sujeto (el punto azul) dentro de un plano cartesiano (el Mundo). Es una mitología europea, ilustrada.

Podemos jugar a ser dioses cuando visitamos tierras extranjeras, actuando como si conociéramos el terreno mejor que un local.  Hay que estar conscientes, sin embargo, que nuestro impulso es el de ese dedo que busca aplanar.

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