Eduardo Bitrán, “Hay un espacio para que personas que son y se reconocen como judías puedan participar en el espacio público”.

por DANIEL VAISBUCH, Abogado, U. de Chile. Ex Presidente del Consejo Juvenil Sionista.

Nos juntamos con el ex Ministro de Obras Públicas, a compartir un café. Judío y oriundo de la ciudad de Ovalle, su experiencia en el mundo político ha sido larga y marcada en el servicio público y convicciones sociales profundas. Miembro de la mal denominada “troika judía” del gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle, ve como positiva la gran presencia de líderes judíos en roles protagónicos del acontecer nacional, considerándola una sobrerrepresentación de la comunidad judía en Chile. Aún así, separa completamente la identidad judía de un personaje político, de sus ideologías y creencias, creyendo que la primera no puede ser el determinante de preferencia y elección.

No mucha gente sabe que vienes de la ciudad de Ovalle, donde no había una comunidad judía  y que recién te viniste a Santiago a los 15 años. ¿Cómo fue tu llegada a Santiago? ¿Te costó mucho insertarte en el Instituto Hebreo y en la comunidad en general?

Yo me vine a la casa de mis tíos Salvador y Mery, y la verdad es que tuve una acogida casi como si   fuese un hijo. Además, un año después, demostrando una gran generosidad de su parte, recibieron a mi hermana Jacqueline, lo que facilitó aún más las cosas. Así que en ese plano yo diría que fue un proceso de transición bastante facilitado.

El colegio me costó. El Colegio Hebreo tenía una serie de aspectos culturales que para un estudiante que venía de un liceo público, de un pueblito de 50.000 habitantes en provincia, fueron muy chocantes. Por ejemplo, la relación existente entre alumnos y profesores, que en general era muy cuidada y respetuosa, lo que no se deba en el IH. La verdad que utilizando términos más modernos, algo de Bullying recibí de algunos compañeros, así que este proceso en el ámbito comunitario y escolar no fue trivial.

Después de volver de tus estudios de postgrado en EEUU, te has dedicado prácticamente toda tu vida profesional al mundo público. ¿Por qué? ¿Qué es lo que te llama la atención?

Tiene que ver con una formación, con valores y con motivaciones. Uno siente que trasciende, y que su trabajo puede impactar en el país. Desde mediados de mi carrera de ingeniero ya tenía un marcado interés por el tema público, también había tenido una formación en mi casa donde la preocupación por el prójimo era un tema muy importante, unido a la influencia de ciertos profesores que se dedicaban al área de las políticas públicas.

También ayudó el hecho que a nosotros nos tocó vivir un momento particular de la historia de Chile, recuerdo que a los dos días de haber vuelto del doctorado en Boston yo ya estaba en las calles marchando contra Federicci, el interventor de la Universidad de Chile impuesto por la dictadura. A nosotros nos tocó vivir todo el período de la dictadura, y a mí el tema de las violaciones a los derechos humanos me llegó muy profundamente. Me tocó conocer experiencias cercanas, amigos de mis padres de Ovalle que fueron desparecidos, por lo que para mí era muy importante trabajar por el desarrollo de un Chile más democrático, en que se respeten los derechos de todos.

Hemos visto que en el gobierno de Bachelet hubo 4 ministros judíos, en el de Piñera el Ministro del Interior, además del actual presidente de la FECH y el anterior de la FEUC  ¿qué te parece el fenómeno de la cantidad de integrantes que han estado en primera línea política en los últimos 10 años?

Es un fenómeno interesante. En primer lugar habla bien de la sociedad chilena, en el sentido que a diferencia de otras sociedades, hay un espacio para que personas que son y se reconocen como judías puedan participar en el espacio público, sin que eso sea una barrera. Hay sociedades en que eso no sería posible.

También, “habla bien” de la comunidad, en relación a que algunos estereotipos de lo que son los judíos en Chile, no son efectivos. La comunidad judía en Chile es extremadamente diversa, con un nivel educacional y cultural elevado, y hay un porcentaje importante de gente que le interesa participar en la cultura, las artes, la política, las ciencias… No cabe duda, que la comunidad está, en ese sentido,  sobrerrepresentada en la sociedad chilena. Creo que es un fenómeno extraordinariamente positivo.

Me gustaría recordar un episodio que ocurrió hace algún tiempo. Cuando tú eras parte del gobierno de Frei Ruiz-Tagle  hubo un ataque de corte antisemita, de parte de gente de tu propia coalición. En el titular de un diario se habló de la Troika Judía que había infiltrado el gobierno, haciendo referencia a ti, a Jorge Rosemblutt y a Pablo Halpern. ¿Qué fue exactamente lo que pasó?

La situación surge a raíz de una pelea política entre algunos personajes al interior de La Moneda, yo estaba completamente ajeno a esa disputa, y uno de los integrantes del gabinete que estaba en conflicto con los otros dos, lanza en conjunto con un subsecretario, una hipótesis de complot de los judíos que estaban en el gabinete, bastante similar a lo planteado en “Los Protocolos de los Sabios de Tzion”, y yo me enteré de esto por otro miembro del gabinete antes de que saliera a la luz pública, tocándome el rol de confirmarlo ante la opinión pública.

Fue una situación extremadamente compleja, en la que me sentí muy afectado. Yo había dedicado mi vida al servicio público, entonces este ataque me parecía de un carácter netamente antisemita de lo más retrógrado.

¿Te sentiste apoyado por tus pares? ¿Hubo alguna reacción oficial del gobierno?

Recibí apoyo de otros Ministros de manera privada y de la comunidad también. Sin duda, significó un quiebre emocional con el gobierno de la época, del cual no hubo pronunciamiento alguno. Este ha sido el único conflicto que he tenido en mi vida pública.

En relación a lo anterior, hay ciertas posturas dentro de la comunidad en que se cree que a las figuras públicas pertenecientes a la comunidad judía hay que apoyarlas, e incluso votar por ellas, sólo por el hecho de serlo, sin importar su domicilio político, sus ideas o quien lo apoya. ¿Qué te parece esa visión?

Yo no concuerdo con en eso. Uno tiene que ser consecuente con sus visiones políticas, ideológicas, y en ese sentido uno tiene que ser capaz de separar ambos ámbitos. Para la elección de un Alcalde o un parlamentario, uno debe pensar en lo mejor para la comuna o el país, lo que no necesariamente va a estar relacionado con el hecho de ser judío o no. La verdad es que no comparto esa visión, creo que obedece a la sensación de algunos de que existe una permanente amenaza hacia los judíos, que no me representa. En ese sentido yo separo la vida comunitaria de la participación política, creo que son temas completamente independientes.

¿Te gustaría volver a la primera línea política?

A una persona que ha dedicado su vida a las políticas públicas, que ha hecho clases en la Universidad, sabe que estas son oportunidades que no son fáciles que se den, pues dependen de muchos factores. Si se llega a dar una oportunidad, en un ámbito que pueda hacer una contribución, lo que es un tema clave, si estaría dispuesto a volver al ámbito público. No a cualquier área, pero si a alguna que que crea que puedo hacer una contribución.

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