Cajita de juventud: 13 años para volar.

por DANIELA BITRAN, Est. Psicología, PU. Católica.

Escribo desde mi pieza en Salamanca, España, a altas hora de la madrugada. Me vine de intercambio por un semestre y las clases las terminé hace ya un mes. He tenido la bendición de conocer a gente increíble y de sentirme sumamente cómoda. Y no busco engañar a nadie, ni siquiera a ti mamá, porque la verdad es que “me he dado la pala”: Mucha fiesta, mucho trago, mucho trasnoche. Hubo una semana que prácticamente viví en la penumbra, despertándome a las 6 de la tarde para estar saliendo de fiesta a las 2 de la mañana y volviendo a casa a la una del día, para dormir hasta las 6 de la tarde y así.

He recibido algunas críticas de mi gente cercana y no pongo en duda que es porque me quieren y se preocupan por mí. ¡Y claro! No es sano y tiene sus consecuencias distorsionar un ciclo vital, los excesos, las noches mal dormidas, llegando incluso a alteraciones hormonales. Por lo que entiendo que la gente de mi circulo en Santiago pueda preocuparse, juzgarme y/o criticarme y no estoy acá contando esto para creerme algo o dármelas de nada, ruego no ser malentendida como alguien que está utilizando este medio para satisfacer una de las necesidades más actuales y populares de la juventud moderna: hacer saber al resto, como sujeto masivo, de los goces que se están viviendo (fotos a Instagram de comidas ricas, ubicaciones compartidas en Facebook de fiestas o lugares extranjeros, etc.), sino para postular que a los jóvenes de nuestro círculo les falta poder de abstracción, de perspectiva, lo que para mí es errar en el egocentrismo.

Me parece infantil no poder dejar de mirarse el ombligo para levantar la vista y darse cuenta de que es muy poco el tiempo que tenemos para hacer de nosotros lo que queramos. Pasa que yo una vez hice un cálculo, a los 17 años. Primero noté que como ser humano iba a vivir un aproximado de 80 años. Determiné después que sí me gustaría casarme y tener hijos y que, por lo tanto, a partir de, para poner una edad, los 30 años, ya no sería solo yo y tendría responsabilidades trascendentales. Aplicando entonces la poca matemática que tengo, llegué a la conclusión de que disponía de 13 años para hacer con ellos aquello que yo quisiera. Un poco más de una década, sólo una, dentro de toda la vida.

Esos años son un regalo, pero lamentablemente mientras disponemos de él, muchas veces somos todavía muy pequeños como para verlos de esa manera. “Oye Daniela, no te duermas por cualquier parte que vas a quedar con dolor de espalda”, ¿Qué es un dolor de espalda en todo un futuro de solidez? ¿Qué son 13 años en una vida entera de “institución”?

Yo agradezco a D’s haber abierto los ojos a tiempo para sacar mis 13 añitos de la caja, esa misma que muchos dejan cerrada eternamente, y exprimirlos como me de la gana. Porque ya lo dijo Borges en un poema: si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. Pero ya era tarde y se estaba muriendo. Claro tengo que no soy ninguna clase de autoridad para aconsejar al resto de cómo vivir, ni para creer que algo tiene de interesante exponer mi perspectiva de cómo hacerlo; estoy aquí con tono de nada hablando desde lo único que tengo: mi experiencia. Hablo desde una reflexión, si bien personal e individual, una reflexión que va dirigida al resto, a mi juventud compañera, con cariño. Somos jóvenes, tenemos toda una vida más adelante para quedarnos tranquilos, estables, calmos, en nuestra zona de confort; no temamos. O en realidad sí, pensándolo mejor temamos, temamos profundamente despertar un día y enterarnos de que es demasiado tarde para hacer algo y que no importe. Porque dicen que no todos los que buscan están perdidos; yo creo que debemos perdernos para encontrarnos.

Para cerrar, escribo una frase que una vez leí y nunca olvidé: “Siempre me pregunto por qué los pájaros eligen quedarse en el mismo lugar cuando pueden volar a cualquier parte del mundo. Luego me pregunto a mí la misma pregunta.” Todavía somos pájaros, volemos.

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2 Respuestas a “Cajita de juventud: 13 años para volar.

  1. Estimadísima Daniela,
    Muy interesante su artículo, lleno de energía y vitalidad, tal como usted misma.

    Por supuesto que tenemos que aprovechar el tiempo. La pregunta es cuál es la mejor forma de aprovecharlo. Y eso varía de persona a persona.
    Para tí aprovecharlo puede ser dormirte tarde, salir con tus amigos todos los días, vivir la buena vida, mientras que para otros aprovechar puede ser rezar todos los días, o mantener un horario sano, o hacer deportes todos los días, o hacer obras caritativas, o estudiar con intensidad y pasión (estudiar en la universidad es también algo propio de la juventud).

    También creo importante destacar que llevar una juventud centrada en el yo puede llevar también a actitudes egoístas y de las que a la larga te puedes arrepentir.

    En fin, TODOS los jóvenes nos enfrentamos a las mismas preguntas: ¿como aprovechar este tiempo? Y lo que yo he aprendido con el tiempo es que lo más importante para llevar una juventud alegre y positiva, y una alegria DURADERA, es buscar el equilibrio, el balance, el punto medio. Y el punto medio es relativo a cada uno. Para tí el punto medio probablemente involucra más fiestas que para mí…. sin embargo me refiero a estar en una constante búsqueda del punto medio. Punto medio entre la familia y los amigos, punto medio entre ayudar a los otros y ayudarte a tí mismo, punto medio entre pensar en el futuro y pensar en el presente.
    Si no estamos buscando el punto medio, en algun momento nos vamos a desbalancear y caer, y esa caída duele.

    Por ultimo aclarar que nunca vamos a encontrar el punto medio, NADIE lo ha econtrado en su vida, y MENOS AUN en la loca juventud. Es imposible, o más bien es un ideal, y como todo ideal, es una dirección más que un lugar, el punto medio es un punto cardinal

  2. Estimadísimo Benjamin, gran amigo,

    siento que este dialogo de palabras bien puestas representa varias conversaciones que ya hemos tenido, más de alguna vez, en todos estos años que llevamos como familia.

    Agradezco tu comentario, me hace muchísimo sentido y estoy de acuerdo. Sin embargo, aclaro que en mi articulo no postulo que crea que los jóvenes deban carretear sin parar, ni darle poca importancia a lo académico o vivir una vida poco saludable. Lo que yo postulo es que esta época de la vida es la única instancia que tenemos para que las cosas importen menos, para dejarnos llevar más. Todo tiene su consecuencia y por su puesto que actuar pensando menos puede llevarnos a unas ‘peores’ pero es este el momento en el que podemos darnos el lujo de sufrir dichas secuelas, de arrepentirte por la estupidez que hiciste ayer, de sentir dolor de espalda, guata, cabeza, de sacarte una mala nota e incluso tener que repetir un ramo.
    Doy estos ejemplos porque son los más típicos que pueden venir de la manera que, según como interpreto tú lo ves, yo digo que hay que vivir la juventud. Y ese lujo consiste en que al final, esas consecuencias que pueden parecer tan terribles, no serán más que momentos, que risas con tus amigos, que anécdotas para tus nietos… son enseñanzas, para no ir demasiado lejos. Me recuerda a una frase de “El Amor en los Tiempos del Cólera”, donde la madre le dice a su hijo enamorado: “sufre, hijo mío, sufre todo lo que puedas, que estas cosas no duran toda la vida.”

    Por otro lado, claro que depende de cada uno! estamos hablando de cosas subjetivas, de gustos, temas sobre los que no hay nada escrito. Pero lo que yo digo es que me da la impresión de que muchas veces la razón por la que los jóvenes dejamos de hacer cosas no es porque hayamos ya determinado la manera que se tiene de aprovechar el tiempo y resulta que no es esa, sino que porque nos cuesta mucho ver en perspectiva, y a eso me refiero en mi articulo con que me parece infantil: cuando un niño se cae en publico cree que es el fin del mundo, experimenta un nivel de angustia, nerviosismo y vergüenza muy grande! pero cuando un adulto se cae en publico, en realidad no es para tanto. Me explico? Es así como creo que se les da mucha más relevancia a las consecuencias que pueden traer esos actos, de la que en realidad tienen, considerando la película completa. En otras palabras, muchas veces el motivo que deja a los jóvenes sin actuar, es el miedo e infantilismo.

    Entrando a otro tema del que hablas en tu comentario, déjame decirte que si de algo estoy segura es de que la clave está en el equilibrio; los extremos son siempre el enemigo y el balance es el secreto. De esto estoy y he estado convencida siempre y es ese justamente el fondo detrás de mi postura. Como bien tú dices, encontrar el equilibrio es sumamente difícil, un ideal. Pero el equilibrio puede verse de distintos modos. Si se busca en la simultaneidad, resulta muy difícil tanto de alcanzar como de determinar. Pero creo que hay otro tipo de equilibrio que es observable sólo a través de la abstracción: el equilibrio de la totalidad. Me explico: un tipo de equilibrio podría ser vivir una vida ni muy sana ni muy destructiva, ni muy académica ni muy relajada, ni muy conservadora ni muy liberal y este es el tipo de equilibro que parece imposible. Pero y si vivo de manera sana un periodo de tiempo y otro de manera destructiva? y si con ciertas cosas soy liberal y con otras soy conservadora? y si tengo periodos donde mi prioridad es académica y otros donde busco el relajo? Podría entonces, al final del día (o al final de la vida, para ser más literales) considerarse que viví de manera equilibrada? Creo que si, y es por eso que, dada la forma que la mayoría de nosotros pensamos vivir nuestra adultez mayor, con el objetivo de vivir una vida equilibrada, deberíamos deslizarnos hacia el otro extremo durante esta época de nuestras vidas.

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