Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia

por EUGENIO GINI CAMBACERES, Representante Judíos Argentinos Gay (JAG).

 

Cada 17 de mayo, se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia, coincidiendo con la fecha en la que, en 1990, se eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud.

Normalmente cuando se busca información sobre qué es la homofobia, solemos primero encontrar definiciones de tipo académicas, como “aversión obsesiva contra las personas homosexuales” y cosas por el estilo, mucha raíz griega de la palabra, y la eterna discusión del buen o mal uso del término en distintos contextos; sobre todo cuando se discuten leyes como el matrimonio igualitario o la penalización de actos de discriminación o expresiones de incitación al odio por razones de orientación sexual, y entra el juego de los límites de la libertad de expresión o de la igualdad ante la ley.

Sin embargo, así como el antisemitismo no se limita a una mera posición intelectual o a un mero discurso, sino que forma parte de una praxis activa de odio, oposición y violencia hacia los judíos por su simple condición de tales; también la homofobia no se limita a una construcción teórica o meramente retórica, sino que implica una práctica abierta de persecución, hostigamiento, discriminación, violencia y rechazo hacia las personas homosexuales (y, por extensión, a otros grupos no-heterosexuales, como los bisexuales y las personas trans).

No creo que sea necesario recordar el caso de Daniel Zamudio, ni tampoco las muertes de Nir Katz (26 años) y Liz Trubishi (17 años) el 1° de agosto de 2009 en el centro gay-lésbico de Tel-Aviv por un atacante enmascarado que logró darse a la fuga luego de lanzar disparos contra el grupo de apoyo a jóvenes homosexuales que allí se reunían; ni mucho menos hacer un listado de las muchas otras personas mutiladas, asesinadas, violadas, vejadas, golpeadas, afrentadas, humilladas, heridas en su más básica dignidad como seres humanos, privadas tanto de sus derechos más básicos como del mínimo trato humano exigible en una sociedad medianamente civilizada, expulsadas de sus propios hogares y hasta del acceso a la educación, el trabajo y la salud, y ello muchas veces no solo de extraños que a veces ni siquiera hayan sabido sus nombres, sino de sus mismos familiares y comunidades en las que deberían haber encontrado lazos de afecto y de contención.

Todo ello, sin dejar de mencionar la existencia de Estados que, en vez de custodiar y promover el desarrollo de las personas (lo que implica el respeto a lo que esas personas son), insisten en imponer una agenda fundamentalista e intolerante hacia la diversidad, como si la vida viniese en un solo modelo y color. De hecho, en la actualidad existen 70 Estados en los que es delito la homosexualidad, sin importar que se trate de adultos libres que ejerzan sus preferencias afectivas en la intimidad, países de los cuáles muchos castigan ese hecho hasta con la muerte.

El caso es que cuando la homofobia no es ya algún conjunto de hechos aislados frutos de mentes enajenadas o solitarias, sino que es la aplicación de un adoctrinamiento, de un ambiente cultural generalizado y de la puesta en práctica de ideologías dirigidas a estigmatizar un grupo de la población, o incluso aparezca como parte de una política de Estado destinada a eliminar cualquier diversidad que atente contra un discurso de poder, la misma aparece claramente como algo que no sólo afecta al colectivo homosexual o no-heterosexual, sino que demuestra la existencia de una gran fractura en el Progreso de la Humanidad como tal en función del ideario de Libertad, Igualdad y Fraternidad que han marcado el camino de los Pueblos desde que decidieron, en la Modernidad, liberarse del yugo del oscurantismo, el dogmatismo y el fanatismo en pos de la formación de personas más realizadas, esclarecidas y libres de todo lo que les impidiera alcanzar sus legítimas aspiraciones, tanto en lo individual como en lo colectivo.

En este punto, la lucha activa contra la homofobia no es simplemente algo que interese sólo al colectivo gay-lésbico y a sus simpatizantes, sino que se devela como parte de algo más grande, algo que trasciende lo meramente particular. Por el contrario, desde esta óptica se vuelve una parte integral del llamado a todo hombre y mujer a esforzarse, a través de su conducta personal, por reparar el mundo de todo aquello que le impide seguir avanzando hacia el horizonte de una Humanidad en Paz, Justicia, Fraternidad y real Libertad, y por ende interpela a la consciencia de cada uno en cómo voy a responder al desafío de luchar contra el Odio y la Violencia en una más de sus ya demasiadas caras.

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