Suciedades políticas y perversidades de poder de los “salvavidas” de Chile

por SAMUEL HUBERMAN, Est. Derecho, U. Adolfo Ibáñez.

 

Es mentira que el estudiantado movilizado actúa sólo, indiscutiblemente son socorridos (actualmente), por mentes anarquistas que politizan el núcleo del problema educacional, e incluso arrebatando el centro del mismo, fragmentándolo y deformando las peticiones. Los estudiantes quieren dialogar no por sus intereses, sino por la voluntad de sus dirigentes, una dirigencia exigente del “todo es hoy y como nosotros decimos”, “no importa que no nos autoricen, lo hacemos igual”, “el intendente se hará responsable por los daños que causemos”.

Nos tomamos el mejor colegio de Chile (Instituto Nacional), queremos fuera al Director y al Rector. Esto no es un acto estudiantil, es un manejo político farsante, poco discreto y perverso. Farsante porque maquillan los medios utilizados en una voz en contra de la política tradicional y su fin último, de estos farsantes o en idish imfascheimptte, no es otro que ser candidatos a esa suciedad que ellos llaman Congreso, y que lo único que buscan es poder sentarse en sus cómodos sillones y echarse al bolso al menos 7 millones al mes, como vienen tratando desde los 90’.

¿En que quedó la lucha por la educación? Se esfumó en ideologías asfixiantes cuya temática central es “destruir y no importa lo que pase- después veremos”, es una forma discreta y destructiva de ir desbaratando y desgastando nuestra Democracia.

Creo que nadie está en desacuerdo con una educación de calidad y ojalá gratuita en los establecimientos que se establezcan para su óptimo funcionamiento de esa forma y siempre que se haga con mayores beneficios que costos posteriores. Pero no estamos ocupados de nuestro problema, estamos preocupados por Hidroaysén, aunque sea la única energía propia, natural y barata, estamos preocupados de una asamblea constituyente porque al parecer la actual no sirve ni de pisa papeles, de renacionalizar el cobre, el agua, la luz, el aire, las nubes, y como todo esto no se puede solucionar en un día y se expande mucho, muchísimo más allá de los fines legítimos del estudiantado, se crea la atmósfera propicia y nutrida para los anarquistas, los encapuchados, los que rompen la tranquilidad, y de los que están escondidos en una sede partidaria manejando un juego de cómo desordenar y revolucionar, como una definición tautológica de lo que hay que hacer, para “mejorar” aunque estuviese todo bien.

Es imposible que así se pueda dar un buen desenlace o por lo menos un buen camino al mismo. ¿Qué se logra? que los dirigentes estudiantiles se transformen en lo que juraron nunca querer ser: diputados y/o senadores que representarán a algún partido político, los mismos que siempre repudiaron.

Tal como dijo el Gran Maestro de la masonería chilena y posteriormente Presidente de la República, los políticos y líderes no son buzones de las peticiones de la calle, la decisión y el sentimiento de éstos es muy cambiante y no permiten cambios duraderos y profundos, a menos que se quiera un dictador populista y maestro de la opinión, más que de la acción.

No se engañe, que el valor partidario fundador de los mismos partidos políticos en Chile están tan pero tan hundidos como su propia popularidad. En estos momentos, es cuando la popularidad se va de inquilino a las casas de los sujetos equivocados.

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