El Jazz: Encrucijada de Culturas

por BENJAMIN FURMAN, Est. Música, Berklee, Boston.

El arte nos permite comprender mejor la realidad. La música, en específico, nos permite conocer mejor la dimensión auditiva (sonidos) de la realidad. Y si el animal vive en la materia y se rodea de sonidos, el hombre trasciende la materia y los instintos, y se rodea, por ende, de música.

La música, como todo arte, es la complejización de cierto elemento de la realidad (en este caso, el sonido). Hoy daremos el paso de la filosofía del arte a la sociología de la música.

Vivimos en un mundo globalizado y la globlalización ha cambiado todo: tenemos fácil y libre acceso a distintos tipos de música. Pero más aún, cuando llegan sonidos extranjeros a tu propio hogar, cosas muy extrañas comienzan a suceder. El jazz, desde sus orígenes, es expresión musical de la mezcla de culturas: se origina en Estados Unidos del Blues, música afro-americana que manifestaba con gran hermosura las tristezas y desesperanzas de una vida esclavizada, oprimida y muchas veces solitaria, mezclado con la euforia y adrenalina de la vida blanca de ciudad.

El jazz ha permanecido y prevalecido por siglos, viendo desaparecer en su camino miles de otros géneros musicales. No es de ninguna manera la música más antigua, pero sí ha logrado mantenerse en pie y en una constante y aceleradísima evolución por una razón que lo hace único: el jazz tiene como elemento central la improvisación, una forma de hacer música en la cual se crea y se compone en el instante.

De las millones de canciones de jazz que han existido, ninguna jamás ha sido igual a otra, porque la creación es completamente espontánea. Cualquier canción de jazz, de cualquier época, desde Duke Ellington hasta Herbie Hancock, tendrá en ella improvisación. Esta característica propia y principal del jazz le brinda una potencialidad evolutiva infinita.

Así como entre los animales decimos que el hombre se distingue por tener libre albedrío, así se distingue el jazz de entre los distintos géneros por tener improvisación, y así también evoluciona y avanza de una manera diferente, más rápida e impredecible.

La libertad que tiene el jazz le ha permitido (no sin ciertas dificultades) adaptarse a la realidad de un mundo culturalmente globalizado. Personalmente, me encuentro en este momento viviendo en Boston, Massachusetts, dedicado a aprender el arte del jazz. Y llegando a mi escuela, Berklee College of Music, sorprendentemente me he encontrado con compañeros de todos los rincones del mundo, y la fuerza principal que nos une a todos es el jazz.

Cuando escucho a mis compañeros tocando jazz, no estoy escuchando a un Louis Armstrong, ni un Duke Ellington, ni un Blues original. Estoy escuchando a una cultura lejana, distinta, escucho a India, a Kuwait, a Latino América, a través del lenguaje del jazz, a través de los engranajes del jazz. Hay Latin Jazz, hay Klezmer Jazz, hay Funk Jazz, hay Jazz Fusión, y un gran etcétera.

El jazz se ha fusionado, se está fusionando, con cada estilo de música que hay en el mundo (y si hay alguno con el que no se ha fusionado, pronto lo hará), generando nuevas realidades artísticas maravillosas. Realidades que vale la pena conocer.

El jazz se ha convertido en una encrucijada para las culturas del mundo. Es por esa razón que jóvenes de todas partes nos encontramos en un mismo lugar, porque no pudimos resistirnos a la libertad que nos brinda el jazz, y porque no sentimos que el jazz nos impone qué hacer, no sentimos que el jazz es lejano, que el jazz no pertenece a nuestra cultura. No nos sentimos incómodos, todo lo contrario: nos sentimos como en casa.

El jazz, en realidad, no es y nunca fue un estilo de música. El jazz es una forma de hacer arte. El jazz es en sí mismo una cultura, una cultura que une culturas.

Concluyo con dos aclaraciones. Primero: si bien es una forma de expresión universal, el jazz es, al mismo tiempo, un legado cultural de Estados Unidos. Y segundo: si bien el jazz se ha globalizado, no quiero que se piense por esto que la cultura musical (o cualquier expresión cultural) autóctona y propia de cada lugar está en su camino a desaparecer. El ser humano por naturaleza necesita y desea pertenecer a grupos, diferenciarse del resto, y le concede más valor a las cosas que le son más cercanas y propias. Es por esa razón que el jazz adopta formas étnicas, formas de distintas culturas: porque es una forma que tenemos de arraigarnos aún más a nuestra propia cultura, una forma de renovar lo antiguo, de seguir la tradición, no de romperla. El arte moderno no puede ni debe borrar las diferencias. El arte destaca aún más las diferencias, y las celebra. Estamos viviendo una época culturalmente confusa: no sabemos si debemos ser iguales, o distintos. El jazz se encuentra en medio de este problema y lo logra lidiar de una manera, a mi juicio, muy madura.

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