La conspiración de los esquimales

por BENJAMIN FISCHER, Est. Ingeniería Civil, PU. Católica de Chile.

 

El otro día se me acercó un amigo en la universidad temprano en la mañana y rompió el hielo con la siguiente pregunta: “¿Sabías acaso que los esquimales no existen?”. Quedé perplejo, y no entendiendo si se trataba de algo real o del comienzo de un chiste raro, respondí: “¿Qué?”.

“Los esquimales, esa gente que ves con chaquetas de piel y ojos achinados que vive en la nieve, no existen. No hay forma de que existan.” Entendí que al parecer me estaba hablando en serio, y procedí a seguirle el juego. Todo esto en medio de la cafetería de la facultad de ingeniería un lunes en la mañana, donde los más ñoños suelen tener este tipo de conversaciones.

“Piénsalo. ¿De qué viven los esquimales? El círculo ártico es prácticamente una masa de hielo inhóspita. ¿Cómo se alimentan?”. Rápidamente, y en base a un estereotipo, dije: “Obvio que cazan focas.” Las tres o cuatro personas más que ya se habían sumado a la conversación se rieron cuando mi amigo señaló que las focas eran una presa muy difícil de cazar, ya que en agua son muy rápidas y sobre el hielo los humanos son muy lentos. “En todo caso, ¿cómo se te ocurre que matas una foca? No hay vegetación para hacer lanzas”. A esta altura la cosa empezaba a agarrar chispa. Por un lado, estaban los crédulos o más bien indiferentes, por otro lado, los más cuadrados sacando sus smartphones buscando información sobre las focas para probar la ridiculez de lo que hablaba mi amigo, y finalmente yo, que aún no entendía bien por qué surgió este tema tan de la nada. Y así, mi amigo seguía y seguía con datos como el hecho que no había mecanismos para filtrar el agua de mar, y que no tenían cómo defenderse de los osos polares. A esta altura ya había una ardua discusión, la cual culminó con la supuesta razón por la cual nos han hecho creer que los esquimales sí existen: “Estados Unidos tiene bases militares y científicas en el ártico y no quiere que nadie se vaya a meter cerca de ahí”.

No hubo ninguna reacción. La cara de asombro de todos, ya sea por la cruda verdad revelada o por lo absurdo del comentario, era fija y estática, hasta que por fin mi amigo soltó una carcajada y dijo “¡Es broma! Todos cayeron. Como probablemente ya saben aquellos escépticos que buscaron información en google mientras leían mi columna, la verdad es que los esquimales viven en las zonas continentales del Ártico, ya sea Alaska, Groenlandia o Canadá. De la misma manera, no existe causalidad lógica entre el querer esconder un secreto de estado con la invención de una tribu en ese lugar. Así de fácil es inventar teorías conspirativas”, concluyó.

Es muy fácil creer lo que se quiere creer cuando se escucha de manera convincente, y con argumentos lo suficientemente elaborados para no sonar mentira. Las teorías más vagas son desmentibles rápidamente, pero las más elaboradas cuestan un poco más. Especialmente en el mundo en que vivimos hoy, donde las fuentes de información las construimos todos a través del mundo digital, éstas mismas son muy fáciles de modificar, moldear e interpretar a conveniencia personal. A nivel político, las teorías conspirativas nacen para combatir las mismas conspiraciones de agentes de poder. Son la respuesta de la masa pensante ante un malvado “complot” para ocultar, controlar y dominar.

Lo entretenido que tiene este juego, es que con la facilidad con la que llegan a nacer estas hipótesis, es que se han convertido en una herramienta para la manipulación del comportamiento de masas casi tan importante como las conspiraciones mismas. Los judíos conocemos perfecto a lo que esto se refiere con ejemplos en la historia. “Los protocolos de los Sabios de Sion”, por ejemplo, es un libelo que plantea la teoría de que los judíos planean dominar el mundo, y se usó como instrumento para justificar los progroms antijudíos a principios del siglo XX en la Rusia zarista. Lo que escondía la invención de un conciliábulo con fines malvados, era nada más que una conspiración antisemita en sí misma. Las teorías conspirativas actuales son las que logran encarnar el verdadero espíritu de conspiración. Verdaderas o falsas, bien fundadas o mal fundadas, logran de una manera u otra moldear tu percepción del mundo a raíz de un grupo de personas que decidió armar un cuento y contártelo una mañana en la universidad mientras te tomabas un café. Por mi parte, no le tengo miedo ni a los esquimales ni al programa nuclear que sostiene Estados Unidos en el Polo Norte. Más bien me parece tenebroso pensar que por un momento me hicieron dudar lo que creí que ya sabía.

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5 Respuestas a “La conspiración de los esquimales

  1. Buenísimo, totalmente cierto!
    Hoy en día con internet es cada vez más fácil generar información supuestamente fidedigna incluso con datos duros y con informes que nadie conoce…

  2. No soy judío, pero me da lo mismo: veo que en vuestro sitio hay inteligencia, y por sobre todo respeto por todos y por la inteligencia humana. Valores que rescatan lo mejor de los judíos, los moros y los cristianos, incluyendo a los ateos. No siempre estaré de acuerdo con todo, pero feliz los incorporaré a Mis Favoritos. Un abrazo.

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